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“Felicidad y otros cuentos”, Katherine Mansfield

Katherine Mansfield (1888–1923) nació en Nueva Zelanda, y escribió poemas, novelas cortas y cuentos. Perteneció cronológicamente al grupo de James Joyce, D. H. Lawrence, Virginia Woolf y E. M. Forster, pero representa un caso aparte en la literatura anglosajona de la época, porque su estilo se asemeja más al del ruso Antón Chéjov.

Las sucesivas colecciones de cuentos, Felicidad (1921), Garden-Party (1922), La casa de muñecas (1922) y El nido de palomas y otros cuentos (1923), la pusieron en el centro de la atención de la crítica y del público como una gran narradora.

Esta selección de Ediciones de la Banda Oriental recopila cuentos publicados entre 1908 y 1923. Es destacable el prólogo de Rosario Peyrou que recomiendo leer. Allí nos habla de la rivalidad literaria entre Virginia Woolf y Katherine Mansfield. Cuando esta última muere, Woolf, en una carta a Vita Sackville –otra escritora, con quien Virginia mantuvo una intensa relación– , dijo que ya no tenía sentido escribir: “Katherine ya no podrá leerlo. Katherine ya no es mi rival. Estaba celosa de su escritura –la única de la que haya estado celosa jamás–”.

El prólogo también habla del reconocimiento de escritores de todos los tiempos que pusieron su atención en la capacidad de contar que tenía Mansfield. Juan Carlos Onetti decía que “tuvo mucho de milagro: no fue cursi, no fue erudita, no se complicó con ningún sobrehumano misticismo de misa de once”, y Juan Gelman agrega: “Fue la primera que registró la tristeza irresuelta que yace bajo los entumecimientos de la vida diaria”.

La crítica consideró que la tuberculosis que padeció Mansfield fue una de las razones de su particular visión del mundo, dominada por una gran sensibilidad. De ahí que la soledad, la miseria, el dolor, el prejuicio, la muerte sean algunos de los temas que están presentes en Felicidad y otros cuentos. La mayoría de las historias tienen como protagonistas a mujeres frustradas, atadas a mandatos sociales, pero que nunca dejan de soñar más allá de la realidad que las asfixia. Muchas, además, son jóvenes, pero parecen más grandes. La protagonista de “Felicidad” con su matrimonio “perfecto”; la maestra de música de “La lección de canto”, cuyo estado de ánimo depende del hombre que ama; las dos solteronas de “Las hijas del difunto coronel”, quienes entregaron su vida para cuidar al padre; la vendedora de “El cansancio de Rosabel”, que sueña con una vida más romántica, todas son mujeres prisioneras del qué dirán, de lo que se espera del sexo femenino en la sociedad de esa época.

Si bien el humor y la ironía son parte de los cuentos, el drama se coloca en un primer plano en “La vida de Mamá Parker” o la tristeza se transforma en protagonista en “La señorita Brill”. En todos los relatos, además, los finales nos sorprenden a nosotros, lectores y lectoras, pero también a las protagonistas, y nada es lo que parece. La realidad con todo su peso y todo su dolor recorre las vidas de estas heroínas, cuyo mérito es intentar sobrevivir a eso que las angustia.

Sin duda, lo autobiográfico también está presente: la infancia y la adolescencia de la autora, y los vínculos que marcaron su vida son materia prima de estos relatos, en mayor o menor medida. En “Clavel”, por ejemplo, se narra el despertar de la sensualidad adolescente remitiendo a las experiencias de la autora en el Queen’s College, y en “Cómo secuestraron a Pearl Button”, hay una mirada complaciente hacia los maoríes de Nueva Zelanda que vivían situaciones de discriminación, las que, seguramente, Mansfield conocía muy bien por haber vivido allí.

¿Qué hace que leamos a esta autora después de tanto tiempo? Los personajes, los espacios y el contexto de cada una de estas historias nos remiten a una época pasada, pero los temas son bien actuales. Hay, además, un estilo que nos invita a la lectura: descripciones impresionistas, lenguaje cuidado pero no afectado, narración ágil. Katherine Mansfield es de esas escritoras que nos permiten sumergirnos en el libro, casi olvidándonos de cualquier otra cosa, como si todo estuviera ocurriendo a nuestro lado.

“¿Qué se puede hacer cuando se tiene treinta años, y al doblar la esquina de tu calle te domina de repente una sensación de felicidad…, de felicidad plena…, como si de repente te hubieses tragado un trozo brillante del sol del atardecer y siguiera ardiendo en tu pecho, lanzando una lluvia de chispas a cada partícula de tu cuerpo, desde cada dedo hasta la punta de los pies?”: la literatura de esta autora neozelandesa nos proporciona, ni más ni menos, esa sensación de felicidad que describe uno de sus personajes.

Katherine Mansfield, Felicidad y otros cuentos, Ediciones de la Banda Oriental, 2015, 125 págs.

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Adriana Santa Cruz

Adriana Santa Cruz

Profesora y Licenciada en Letras, redactora y gestora cultural