Ferrari

Csaba Herke
Leedor
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4 min readFeb 1, 2024

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Michael Mann nada tiene que ver con Thomas Mann, tampoco con Anthony Mann. Sin embargo, de manera misteriosa se pueden encontrar algunos puntos en común. Los tres, por ejemplo, tienen relación con el judaísmo sin ser familias que hayan profesado la religión, otra, es su relación con el clasicismo, en cine más precisamente MRI o modo de representación institucional, si querer aburrir, sólo diré que la categoría clásico en cine, es problemático.

Si bien el cine de Michael Mann no se sostiene sobre la experimentación, ni siquiera podría decir que es novedoso. Es principalmente épico y su raigambre con la narración clásica lo hace extenso, nunca cae en la ampulosidad vacía de un Scott, y es posible de ser visto como una buena novela de verano, un Simenon o un Greeen. Sus momentos emotivos son sumamente bien administrados y eficaces, incluso memorables. Con Miami Vice realizó una de las series icónicas de los 80, con Jan Hammer, de la Mahavishnu Orchestra y Jan Hammer Group haciendo la música del clip de inicio, por su notable factura que renovaba completamente el serial típico de la época; supo retratar el ambiente de Miami, en auge, con sus colores pastel y valorizar el decó, sus yates y Ferraris. Todo esto debido, “trascartón”, al nunca del todo blanqueado ingreso de cocaína en la economía local, cosa que llevó a la península de Florida, de un ser un centro vacacional para jubilados e inmigrantes cubanos de mala estofa, al mismísimo centro del sueño americano, y con un boom inmobiliario que todavía hoy sigue dando dividendos, y del cual participan más de un argentino/a; todo sucede antes de la saturación del mercado, antes de a guerra de pandillas, antes de que Nancy y Ronald Reagan declaren la guerra patria al Narcotráfico.

Su relación de cercanía con el blues desde su infancia en la barriada de Humboldt Park en Chicago, quizás es el origen de que la serie en particular y sus filmes en general tengan un gran repertorio sonoro y también el por qué Frank Zappa o Willie Nelson, entre otro hicieron fila para dar vida a sus villanos más memorables. También en Starsky & Hutch, Antonio Fragas fue el boceto del Snoop Dogg quien oviamente va actuar en el film homónimo.

Sí suena extraño que Mann filme sobre Enzo Ferrari. Hay una anécdota que abre las puertas a pensar que el hecho no es tan casual u oportunista: durante las dos primeras temporadas de Miami Vice, uno de los protagonistas Sonny Crockett, manejaba una réplica de una Ferrari Daytona Spyder 365 GTS/4 color negro, cuando Enzo Ferrari se entera les envió dos Daytona blancos inéditos, esto sucede en el año 1986; pero, al mismo tiempo que demanda al fabricante de las réplicas, Enzo McBurnie entre otros; esta nota de color es la que Mann imprime a su película sobre el magnate de las carreras, un hombre atravesado por la pasión pero también por el oportunismo.

Entre el homenaje y la crítica, se desliza este film interpretado por el ya maleable Adam Driver, tanto con su esposa, con sus amantes, con su permanente posible quiebra y su trato con los técnicos y pilotos, que discurre entre lo afable, una no muy clara preocupación y la explotación más despiadada, jugando permanentemente en el límite, manejando almas hasta exprimirlos con la muerte, responsabilidad que el director se dedica a repartir entre unos y otros, sólo al ingeniero Carlo Chiti y más al diseñador Sergio Scaglietti, les guarda cierta honorabilidad.

Si es mirada con ojos agudos, se puede ver la relacion final de Ferrari con la Fiat (los que saben, saben de que estoy hablando), los usos cruzados de unos y otros, la infamia de la especulación con la fama y el dinero; o sea, detrás del maravilloso e irrepetible color rojo, el hombre de palabra, el siempre amable en público Enzo Ferrari, se oculta un mundo de miseria e indignidad, de intereses que van casi más allá de lo humanamente posible, salva al personaje algunas pequeñas cosas cotidianas; su afecto por los niños ¿quién no? solo cruella de Ville; incluso el amor proferido a los hijos, oculta la semblanza del rey hacia su heredero.

Michael Man nunca fue patriotero ni un “progresista”, pero tampoco se subió al caballo por izquierda y se bajó por derecha; intentó (por lo menos hasta ahora) tener una mirada equidistante de sus personajes, cosa que le permitió tener películas del mainstream que no caen en el complicidades viles, y, aunque quilométricas, nunca se derrumban. También con momentos memorables, incluso de los más memorables que recuerdo en el cine de acción actuales.

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