Germania, de Maximiliano Schonfeld

Alejandra Portela
Nov 20 · 2 min read

Calidad de imágenes en un relato sobre los alemanes del Volga que se asentaron en la provincia argentina de Entre Ríos.

Maximiliano Schonfeld nació y trabaja en Entre Ríos donde transcurre Germania, su primer largometraje que seguramente recoge experiencias propias y/o de familiares.

Nuestro país es, usando una expresión remanida pero precisa, un crisol de razas. No toda la inmigración se instaló en Buenos Aires: existen diversos puntos del interior donde se estableció gente, en su mayoría europea, que vinieron a poblar el país en busca de nuevos horizontes.

La provincia de Buenos Aires tuvo asentamientos franceses, en Misiones hay numerosos descendientes de ucranianos y en Entre Ríos predominó la inmigración alemana. La más conocida es la de los gauchos judíos, y la que ahora nos ocupa es también alemana, pero de confesión cristiana.

Se los conoce habitualmente como alemanes del Volga dado que llegaron de Rusia, adonde habían emigrado hace más de dos siglos. Pese a vivir en un país de habla cirílica, conservaron allí su idioma original y al llegar a Entre Ríos lo mantuvieron. El alemán que hablan, suena, en opinión de este cronista, casi como un dialecto con muchos términos que parecen arcaicos o no utilizados en la actualidad.

La historia es pequeña pero no deja de interesar ya que lo que se propuso Schonfeld es brindar un fuerte contraste entre los habitantes del lugar. Por un lado tenemos a estos campesinos de origen europeo con problemas generacionales, dado que los hijos no comparten los valores de sus mayores. Hay una escena clave durante una fiesta en que uno de ellos se refiere despectivamente sobre el baile (la polka), señalando lo aburrido que resulta ver a los viejos bailando haciendo círculos.
En el otro extremo se encuentra un grupo de criollos autóctonos, los identifican como guaneros, que se movilizan en camiones y realizan trabajos de campo que requieren escasa preparación y sobre todo fuerza física.
Brenda Brenda Krütli, que pertenece al primer grupo, es el personaje central y desde el inicio se da a entender que puede estar embarazada y no precisamente de alguien de su propia comunidad. Quien más preocupado está es Lucas (Lucas Schell) , su hermano, y a quien ella cuestiona y pregunta si está celoso.

Lo que el director logra sugerir es la decadencia de un tipo de vida, ilustrado a través del estado de los gallineros y sus ocasionales habitantes en plena degradación por falta de inversión. En contraste muestra otro establecimiento modelo y moderno, donde bulliciosas gallinas ponen huevos a gran escala.

Es excelente la calidad de las imágenes y deslumbrante el final en plena mañana cuando la luz del sol se empieza a filtrar en la casa familiar.

Esta nota fue publicada en Leedor el 16–04–2012

Leedor

El portal de arte y cultura de habla hispana hecho en Buenos Aires

Leedor

El portal de arte y cultura de habla hispana. Desde la ciudad de Buenos Aires, Argentina, Leedor.com ofrece noticias de artes visuales, cine, literatura, teatro, gestión cultural, museos, música y más.

Alejandra Portela

Written by

Licenciada en Artes de la Universidad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Artes de UMSA. Directora de Leedor.com. Forma parte de Fundacion Cineteca Vida.

Leedor

El portal de arte y cultura de habla hispana. Desde la ciudad de Buenos Aires, Argentina, Leedor.com ofrece noticias de artes visuales, cine, literatura, teatro, gestión cultural, museos, música y más.