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Agente Fortune: el gran engaño

La publicidad de BMW que Guy Ritchie aceptó hacer con Clive Owen de protagonista, expone a su famosa ex esposa, sacando a la luz la destructiva relación que tenía con Madonna. Desde la distancia, lo llamativo es que la cantante y actriz ahora adalid del feminismo se había prestado a una paródica humillación de su propia figura. El cortometraje ejemplifica ya entonces estilo y espíritu de su ahora vasta trayectoria.

The Hire era una serie de 16 cortos de acción, con un promedio de diez minutos cada corto a la que pertenecía en trabajo de Richie; ideada por la agencia de publicidad Fallon como contenido vinculado a la BMW (branded content). Los cortos fueron dirigidos por reconocidos directores del mainstream, producidos por el ya consagrado David Fincher (Seven) y protagonizados todos por Clive Owen en el papel un anónimo conductor “The Driver”.

Ahora la BMW parece querer curarse en salud de ese despropósito, presentando un auto “inteligente”, ecológico, de alto rendimiento. El corto protagonizado por Arnold Schwarzenegger divertidamente nostálgico, muestra una suerte de cara amable de “esa” antigua masculinidad ahora señalada como tóxica, la pieza publicitaria está desarrollada para los nuevos tiempos y dialoga con la antigua propuesta.

Ritchie filma un cine de hombres que se golpean salvajemente, se matan y se engañan, estúpidos divertidos, deleznables narcisistas, brutales monstruos con raptos de ternura, y una moral convenientemente enfrentada al poder fáctico aunque funcional y a su servicio. -Un universo de castos hombres cuyo único amor es la madre y el grupo (clan, etnia, mando) que se someten a la obediencia debida; fuera de eso, el mundo es engaño (apariencia?), el poder inclusive; finalmente la justicia llega, aunque haya que darle un empujoncito a traves de la estafa, la mentira o el engaño.

Su cine está atravesado por la idea de que el mundo es de los hombres, ellos lo conquistan a golpes, y solo después de haberlo moldeado a golpes se pueden dar el lujo de tener, si les queda, algo de descanso e inclusive ternura.

Es cierto que es divertido, es cierto que es simpático; incluso sus personajes mas brutales están marcados por cierto gesto que los vuelve amigables (el amor a un hijo po ejemplo), pero siempre y cuando disociemos lo que vemos de lo que luego exigimos; en ese sentido, en realidad Ritchie extrae de nosotros los instintos mas básicos, el afecto más arcaico (madre, hijo) pero sus personajes siempre son violentos, nos congraciamos con traficantes, con asesinos, con ladrones de baja estofa o alta si se quiere, y siempre a través de “la delictiva picardía” hacen lo que supuestamente a todos nos gustaría hacer.

El hombre de Ritchie siempre baja a las profundidades de la violencia explícita, golpear y ser golpeado, y en este caso con Statham a quien el propio Ritchie haempujado a la fama, y cuyo personaje coincide con lo que parecería que se presenta como proyecto de Ritchie, rescatar personajes y autores de la llamada Golde Edge o Edad de oro de la literatura policial.

Si anteriormente le consagró dos filmes a Sherlock Holmes ahora le toca el turno a Riggie Fortune, Fortune es un personaje creado por H.C. Bailey (1920 a 1940), el autor pertenece a una época donde la relación autor-detective estaba completamente identificada; los más populares y aplaudidos por la crítica fueron los llamados Cinco Grandes, todos escritores británicos, sus nombres: Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, Freeman Wills Crofts, R. Austin Freeman y Bailey nuestro creador del detective Fortune.

Curiosamente, la reputación de las dos mujeres ha sobrevivido, no así la de los tres hombres, y ninguno se perdió tanto como Bailey, aunque en la actualidad vive en un serial de origen ruso, no es conocido en las grandes ligas del streaming.

Fortune se inscribe en la tradición de Dupin, Queen y Poirot: excéntrico pero finamente racional, defensor de la justicia, con cierto gusto aristocrático y lo más importante para Richie es que sea “duro”.

El personaje de Jason Statham encuadra con el de Bailey, algo turbio pero simpático, de gustos completamente refinados sin caer en el amaneramiento, sabe vivir la vida, respetuoso de las mujeres, a tal punto que pelea con ellas mano a mano cuando es necesario. No se asemeja a ninguno de los previos íconos del cine de acción cuyo sino es el de ser brutales e ignorantes, principalmente salidos de los bajofondos, policias siniestros o residuos de la guerra de Vietnam, en todo caso es un orgulloso ex SAS o UKSF. No es extraño quizás que en sus valores se acerque más al casto y boina verde John Wayne; dos personajes que hoy comparten la anacronía; pero nuestro protagonista con toda su brutalidad, despliega siempre y finalmente su elegancia “Brit” contraparte de su apariencia de cockney salido de East End londoniense con sensibilidad un tanto kitsch que le permite salvar niños, mascotas y mujeres indefensas, evitando siempre el colapso del mundo.

Cierto refinamiento del viejo continente lo presenta siempre como algo exótico. Sí, es cierto que llena pantalla pero es cierto también que no hace más que reinventar el personaje del héroe que impone justicia por motus propio, y justifica toda suspensión de la ley dado que su fin último es la ley misma, sabemos que esto en el fondo es una falacia.

Statham y Ritchie hacen una coctel explosivo. No mejoran, sino que vierten las peores cualidades de ambos, juntos son el machismo explícito que una y otra vez revive, como si fuese un fantasma perverso que es sublimado en pantalla. Statham hace lo que “cualquier hombre” quisiera hacer pero que hoy no puede, porque la ley se lo prohibe, y acá viene una de los grandes problemas de la cultura actual, el imperativo categórico queda suspendido por una ética oportunista. Si no lo hago no es porque está mal sino porque puedo ser castigado, la ley se impone como un principio de economía, si no podemos hacerlo, por lo menos podemos verlo en el cine.

Los personajes de los filmes de Richie podrían leerse también como los de un extraño que asalta el poder. La única manera de acceder a la fortuna es arrebatándosela de manera pícara a sus antiguos dueños, que no son más que viles mafiosos, y en esa misma línea, podría pensarse que lo que Richie denuncia es que el propio sistema es un conjunto de ladrones, pero el autoengaño es que no cuestiona el fondo del propio sistema, simplemente usa una estrategia que no lo compromete, simplemente lo reproduce. El sistema tienen un excedente que permite cobijar cuanto delincuente en él quepa, dependiendo de su astucia, o simplemente de la casualidad, la providencia otorga, si es hábil puede alcanzar la cima; nunca nos dice que la violencia es intrínseca a la inequidad y no a la naturaleza de los hombres.

Richie hace rato que despegó de la plataforma de apariencia indie (Pappo nunca lo hizo, mérito del músico) a superproducciones donde todos sus personajes guardan relación, incluso en King Arthur: Legend of the Sword, adaptación más de esquilo vía Shakespeare, donde otra vez la mujer es el eje del mal.

Por otra parte y para terminar, Hugh Grant en el papel de archivillano homoerótico cabe ser mencionado. Quizás es la primera vez que Ritchie incluye un personaje de estas características, pero hay que aclarar que el personaje se presenta “divertidamente” inconsciente de ello y como tal parece permitido en el universo masculino del director, no hay que olvidar que en inglaterra la homosexualidad durante años fue castigada con pena de cárcel y la doble moral puritana creó una sociedad de hipocresía sexual, que marcaron la historia social Británica con los más diversos y divertidos (obviamente no para ellos) escándalos civiles y políticos, algunos con trágicos finales. (está por escribirse una historia comparada de los escándalos sexuales de las grandes potencias del SIX y XX)

Grant, enamorado de un actor palurdo pero lindo (Josh Hartnett) remedo de Burt Reynolds (que D’s lo tenga en la gloria) tan lindo y lerdo que es imposible no enamorarse de su inocencia . Por otra parte, Hugh Grant (hacer predicciones con una sola película es imposible) parece querer hacer una reinvención de el mismo, similar al que exitosamente hizo Don Johnson que con la edad, aprendió a reírse de sí mismo haciendo papeles secundarios de ultra villano, pero que aporta “brillo” a la película, veremos como resulta en el futuro.

Mientras tanto, las libras esterlinas, el Brexit, la bucólica y tan afamada marca de la piratería inglesa, siguen salvando al mundo de nerds de la informática con discurso vegano y ecológico, “emos” de género dudoso, pero cuya ingenuidad permite que sean usados por inmorales desertores, pero que finalmente son pura espuma. Entre palabras que se cuelan como mosad sin aparente referencia, nos muestra que en el mundo de las apariencias, la Corona Británica es un colaborador de la democracia mundial, que en el mundo real es el dueño del mundo, esto no es menor, es lo que los “niñes” aprendieron a la perfección y que nosotros los adultos, en nombre de la supuesta calidad de vida, ingenuamente permitimos.

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