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Invasión, “el fin de los tiempos”

Csaba Herke
Jan 20 · 4 min read

Siempre, y en todo film hay un cierto equilibrio entre las narrativas de origen y las canonicamente aceptadas como internacionales y más allá de que por su presentación se intuya como un film internacional, en este caso un grandilocuente film “ciencia — ficción — catástrofe”, en este film ese equilibrio está roto a favor de lo que uno podría llamar el alma rusa.

¿En qué consiste esto último? Es lo que Sokúrov llama el arca rusa, o lo que se puede escuchar en una obra de Mussorgsky, en especial en el movimiento las grandes puertas de Kiev, no es en su épico final, sino en el sonido de la troika que se escucha al comienzo, o lo que Stravinsky decía sobre las interpretaciones de sus obras, que los que no son rusos había algo que no terminaban de entender de su ejecución y por ende hacia a la diferencia en la interpretación de sus obras.

En un film catástrofe americano, siempre está el horizonte de salvación, de perdón, de algún Deux ex machina que resuelve el problema, un alma, un superhéroe, un espíritu; en una historia rusa a pesar de que, esto lo hace internacional, todos más o menos se salvan, la historia se mueve en torno a la caída, a la perdición, a una falta de comprensión del castigo.

Yo diría que el film para bien o para mal tiene varios finales, el ruso es el castigo, dios nos castiga porque somos sus hijos descarriados, pero no por un hecho singular, ni causa particular, en varios momentos distintos, personajes varios afirman que los responsables primeros de la catástrofe somos nosotros, pero el castigo es desmesurado, el castigo (claramente el diluvio) es severo y no hay posibilidad de aplacar al dios alienígena, ahí tenemos una historia, una historia sobre la relación del hombre con un dios severo que no perdona sus descarrilamiento, su olvido de dios y él nos recuerda a través del castigo su paternidad.

El alien es el padre abusivo que en su hijo encuentra el intermediario bondadoso, cuyo sacrificio redime a la humanidad toda.

Otro programa del film es lo que parece ser una demostración de armamento ruso, si los chinos vienen haciendo esto en films tales como Wolf Warrior II (2017, República Popular China); la epopeya Rusa se enmarca siempre en la Gran Guerra Patria, (no olvidar que Rusia tiene en Afganistán su gran derrota) de manera poco sutil, el film resulta en un catálogo de poderío militar, hasta una confirmación de que rusia tiene armamento no declarado, ¿bombas atómicas de baja radioactividad?

La tercera historia, es la hija con el padre, un militar de alto rango, impide que su hija se escape con un extranjero (extraterrestre) poco a poco por contacto con el mismo, la se va convirtiendo (suerte de Dialéctica), hasta que hacia el final,el padre en un acto de sacrificio se entrega al diluvio para que ella se salve. Otro final posible que por misteriosa razón Bondarchuk no usa, sino que deja levitando quizás entendiendo que el espíritu milennial no requiere sacrificios, o como también es posible, de una propaganda de estado en el cual la madre Rusia ya no necesita sacrificios porque estamos grandes y tenemos tecnología.

El final real es otra cosa, la reunión del padre, la hija y el novio en la desolada tierra de Kamchatka, con la aparición de una nave extraterrestre de las profundidades del océano. Por un instante pensé que Bondarchuk le rendía un homenaje al submarino ruso perdido, pero eso fue en el mar de las Baleares, el otro extremo de Rusia, la Rusia occidental, la península de Kamchatka es lo que se podría decir, más que fin del mundo, lo que queda del mundo original, el film nos plantea un nuevo comienzo, una suerte de segunda posibilidad, ¿un territorio donde Dios todavía no puso los animales? Una suerte de padre, hijo la virgen y el espíritu santo todos reunidos en una iconografía moderna?

Fiódor Bondarchuk, hijo de Sergey Bondarchuk, director avezado en cine épico de la era soviética, y el mismo Fiódor director entre otras cosas de “La novena compañía” (Rusia, 2005) sobre la guerra de Afganistán, quizás el film más taquillero del cine ruso contemporáneo, no necesita, más títulos para pensar que su cine no es sólo un film de extraterrestres ubicado en Moscú por el sólo capricho del nacionalismo del director.

Más allá de ser un film de demostración militarista sin nigun tipo de preámbulo, de mostrar Moscú como epicentro de la vida del propio director, ¿por qué no puede ser Moscú el escenario de la devastación total? Parece querer decirnos algo, y así lo pienso que, dicho de otro modo, perdería su fuerza narrativa y se convertiría en un pasquín objeto de censura.

El padre de la protagonista primero terrestre, más luego celeste, viejo militar de carrera, cuyos escrúpulos están siempre puestos en duda, finalmente es un padre amoroso, cuya maldad finalmente, es producto de la maliciosidad ¿fake news?, de los medios digitales, en este sentido es poderosamente rusa, el film narra el triunfo de la palabra impresa por sobre los medios digitales, la de la bomba atómica garante de guerra fría, frente a las guerras tecnológicas y finalmente la del padre que permite que su hija tenga un objeto de amor diferente al suyo, pero en un mundo extraño y lejano, los hijos quizás diga finalmente, siempre crean un mundo en el que los padres ya no tienen cabida, y por más que los padres de manera nostálgica, reinstalen el viejo orden porque el actual tampoco sirve, el futuro que nos abre, es un futuro místico-tecnológico, aunque esto sea impensable e inasequible para nosotros, los habitantes del mundo todavía digital.

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Csaba Herke

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Docente de Estética en la FADU

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El portal de arte y cultura de habla hispana. Desde la ciudad de Buenos Aires, Argentina, Leedor.com ofrece noticias de artes visuales, cine, literatura, teatro, gestión cultural, museos, música y más.

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