Festival de Mar del Plata: La encomienda, de Pablo Giorgelli

Alejandra Portela
Nov 22 · 2 min read

En una pícara operación de prensa, se dice que esta película se filmó en un estanque durante la pandemia. Ahora bien, no imaginemos el del fondo de casa o el de la terraza, por favor. La piletita de la que se habla en realidad es la de los Pinewood Dominican Republic Studios, clase A total en Latinoamérica: fundamentalmente destinados superproducciones internacionales. La zona del tanque de agua exterior de 60,000 pies cuadrados tiene vista sin fin al mar Caribe. La encomienda es una coproducción entre República Dominicana y Argentina y compite en la sección latinoamericana del 36 Festival de Mar del Plata.

Desenmascarado el temita del estanque, hablemos de la película. Una serie de eventos fortuitos acercan a Pablo Giorgelli (director de Las acacias) y al italiano Ettore D´Alessandro (protagonista del film). El naufragio de un barco en pleno mar del Caribe (la pelicula comienza con una escena bajo el mar igual que Carajita, film tambien coproducción con Dominicana) inicia la aventura de un hombre por sobrevir. El guión va dando gestos breves hacia una serie de informaciones retaceadas. No apela al diálogo profuso, el espectador será testigo del tiempo que Pietro transcurre en el mar: los billetes que va encontrando y desesperadamente plancha y guarda en un bolsillo, los muertos flotando entre los restos, la tabla de salvación, el bote con un herido de muerte, tal vez uno de los responsables tal vez un simple mecánico del barco naufragado. Tipica pelicula de naufragio donde el mar es la nada misma y hasta el más insignificante objeto puede ser útil.

Después de la primera parte (algo extensa) Pietro entra en contacto con Benel, un joven de 17 años esposado dentro de un barco. Alli todo lo que sugería el comienzo comienza a confirmarse. La mirada sobre Pietro es una mirada humanista, que se vincula con esos momentos donde lo que intesa es sobrevivir, le borra cualquier juicio de valor sobre el tráfico de personas: el mar finalmente resulta un enorme cementerio, un basural de plásticos y muertos, en el mismo sentido. Podría ser el Mediterráneo, pero es el Caribe y en el norte está Miami (hay una conversacion sobre la ciudad entre Benel y Pietro) y el sueño imposible de los migrantes, que recuerdan a los esclavos que llegaron a esas tierras.

La encomienda, cuyo título martilla toda la visión del film, resulta una pelicula cuyos efectos visuales y sonoros están al servicio de la industria, y el mensaje, por momentos obvio, por momentos ambiguo, no aporta mucho más que la de ser una aventura en el mar, aun cuando y finalmente todo volverá a comenzar.

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Alejandra Portela

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Licenciada en Artes de la Universidad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Artes de UMSA. Directora de Leedor.com. Forma parte de Fundacion Cineteca Vida.

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