Leedor
Published in

Leedor

Adriana Santa Cruz

Jan 9

3 min read

“Los accidentes geográficos”, Flor Canosa

Greta y Henrik se conocen y comienzan una relación, sin embargo, la originalidad de la última novela de Flor Canosa es que la historia está narrada en sus distintas versiones recorriendo diferentes espacios y tiempos. Todas las posibles Gretas y los posibles Henriks se cruzan en la Argentina, Noruega, Italia, Ecuador y Uruguay siempre intentando dejar atrás el dolor, el desamor, el desamparo y el miedo.

Los accidentes geográficos ofrece una estructura que semeja a un viaje: Ida, Escala, Vuelta, un tiempo lineal que está atravesado por otro circular en el que todo se repite, pero con variantes que se dan alternadamente (“Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías”, decía Jorge Luis Borges). Los protagonistas intuyen esta circularidad y hasta la desean para redimirse de alguna manera: “Porque, aunque este Henrik no tenga la capacidad de imaginar que pueda existir un mecanismo que les cambie el presente dependiendo de dónde estén, se ilusiona con la idea de que este momento no sea tan solo un recreo congelado en la zona más caliente del trópico, sino el comienzo de un capítulo nuevo, fresco y diferente, donde este Henrik y esta Greta puedan escapar de los prólogos y volverse saga”.

Como lectores, también deseamos que en el capítulo siguiente los personajes puedan “escaparse”, pero en las primeras páginas ya sabemos que la salida está muy lejos del romanticismo tradicional, sino que, por el contrario, va por el lado de la reflexión sobre el amor, sobre sus posibilidades, sobre la construcción y la responsabilidad, y también sobre los roles del hombre y la mujer.

¿Qué pasa cuando se termina el deseo?, ¿cómo se hace para que el matrimonio o la convivencia no desgasten el amor?, ¿por qué el amor se termina y nos deja ese hueco tan persistente? Cuando leía la novela, pensaba en las afirmaciones de Jacques-Alain Miller: “Los enamorados están de hecho condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor, es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe”. No es casual en el texto la mención al ajedrez: “…se dice que un jugador está en zugzwang si cualquier movimiento permitido supone empeorar su situación”. Hagan lo que hagan, Greta y Henrik no pueden evitar su condena.

Antes hablé del tiempo, que permite que la novela se despliegue en varios planos. En ese sentido, el despliegue también se logra a través de la intertextualidad. La mención del doppelgänger –el doble–, del gato de Schrödinger –simultáneamente vivo y muerto–, o del “Efecto Rashomon, que “pone en juego todas las versiones de un hecho”, no son más que distintas maneras de referirse a la multiplicidad de variantes (todas posibles) que nos ofrece la historia de los protagonistas.

En cuanto a los espacios, los “accidentes”, en tanto ‘sucesos eventuales que alteran el orden regular de las cosas’, son “geográficos” porque cada lugar también determina lo que les sucede a los personajes. Oslo, Roma, Buenos Aires, Manta y Montevideo, ciudades con personalidad propia, son la escenografía que enmarca y condiciona los comportamientos de Greta y de Henrik.

Por último, destaco un aspecto más de Flor Canosa, algo que se relaciona con su profesión de guionista: la capacidad de sintetizar en un gesto o en una frase de los personajes toda la profundidad de una escena. Cuando –en una de las versiones– Greta deja a Henrik para irse con su amante, este la recibe fríamente en su casa, la deja tomando té, se va hacia otro ambiente y desde la cama solo le dice: “Podés venir o podés quedarte allí”, y entonces el nudo que siente Greta es el mismo que sentimos los lectores. La autora no necesitó más que seis palabras para plasmar una de las descripciones más certeramente terribles sobre la sensación de desamparo.

Como afirma el escritor Francisco Cascallares en la contratapa, Flor “nos regala una novela precisa y preciosa sobre el hecho de ser humanos […] y una reflexión extendida sobre las posibilidades infinitas de la literatura”.

Flor Canosa, Los accidentes geográficos, Obloshka, 2021, 176 págs.

Flor Canosa es docente, guionista y narradora. En el 2015 ganó el Premio X de Novela Contemporánea. Publicó Lolas (2015), Bolas (2017) y Pulpa (2019). Sus cuentos y poesías forman parte de antologías en papel y digital.

El portal de arte y cultura de habla hispana. Desde la ciudad de Buenos Aires, Argentina, Leedor.com ofrece noticias de artes visuales, cine, literatura, teatro, gestión cultural, museos, música y más.