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“Los malos adioses”, Adriana Romano

En los cuentos de Adriana Romano, los personajes se despiden del amor, del pasado, del presente, de lo que son o de lo que fueron, y cada historia se centra en ese momento crucial en el que es inevitable asumir la falta. Despedirse implica soltar, desprenderse, y muchas veces es muy difícil escapar a los “malos adioses”.

Una mujer que se suicida, otras que discuten con sus parejas o intentan huir de ellas; hombres que dolorosamente se entregan a la pérdida del amor; una familia que emprende un viaje bajo la lluvia… Todos son personajes a quienes se les revela algo en esas despedidas: “Siempre esperé un momento cuyo fulgor fuera tan extraordinario que le permitiera atravesar el tiempo y recordarlo por su intensidad. Si alguna vez alguien ha pasado por esto, sabrá de qué hablo, de cómo se nos permite por un segundo atravesar la película que cubre la apariencia y arañar la verdad que quema. Así me sentí yo entonces. Tuve la certeza de que, pasara lo que pasase, alguien jugaba para mí, barajaba y daba de nuevo”. (“Un fulgor extraordinario”).

Más allá de las similitudes en las historias, también hay una atmósfera siniestra –tomando la acepción freudiana– que las recorre: lo familiar y cotidiano se transforma en perturbador; lo que debería ser un refugio o un remanso deviene en algo incómodo. En este sentido, los cuentos están poblados de secretos que empujan desde el fondo y buscan salir a la superficie aumentando la incomodidad; como dice el título de uno de los relatos: “Por algún lado, hay que salir”. Lo siniestro está en la pareja de “Río Unión”, en la que la violencia crece y se descontrola; en los búhos detrás de la ventana en “Fiesta de disfraces”; en las alucinaciones de “Los malos adioses”; en la presencia del doble en “Las monarcas”; en el collar de “Un fulgor extraordinario”.

Y hay más. Adriana Romano expone sus lecturas y nos invita a un recorrido intertextual. En “Por un lado, hay que salir”, está presente el discurso referido de Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi; en “Las monarcas”, la Alina Reyes de “Lejana”, el cuento de Julio Cortázar; y en “Aprieto una estrella”, hay reminscencias de uno de los temas de Jorge Luis Borges: un hombre es todos los hombres (en este caso una mujer, lo que remite a otro de los temas borgeanos: el microcosmos revela el macrocosmos).

Los malos adioses es un volumen muy recomendable, donde, además, se nota una escritura atenta, una revisión profunda y una preocupación por el lector o la lectora que es para destacar.

Adriana Romano, Los malos adioses, Dualidad, 2021, 176 págs.

Adriana Romano es escritora, editora, periodista y docente. Es miembro del Colectivo literario Jaramillo 3M y recibió varios premios. Publicó Federico, Servidumbre de paso, Mitológicas pájaras en vilo y Cuando deje de llover.

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Adriana Santa Cruz

Adriana Santa Cruz

Profesora y Licenciada en Letras, redactora y gestora cultural

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