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“Lucy”, Jamaica Kincaid

Lucy es una novela que tiene mucho de autobiografía, pero también es un relato de aprendizaje. Lejos de su familia y de un clima donde siempre brilla el sol, la protagonista llega desde las Antillas a Estados Unidos a trabajar como niñera; allí va descubriendo mucho sobre la gente que la rodea y sobre quién es ella realmente: “Ya no estaba en una zona tropical y esta noción entró en mi vida como una corriente de agua que dividió un terreno que había sido sólido y seco, creando dos orillas, una que era mi pasado — tan familiar y predecible que hasta mi infelicidad de entonces me hacía feliz ahora de solo pensarla — la otra mi futuro, un vacío gris, un mar con nubes bajas y lluvia y ni un solo bote a la vista. Ya no estaba en una zona tropical y tenía frío de punta a punta, era la primera vez que tenía una sensación como esa”.

Lewis y Mariah son un matrimonio aparentemente perfecto. Viven con sus cuatro hijas: Louisa, May, Jane y Miriam, y sus días parecen sacados de un cuento de hadas. Sin embargo, Lucy pronto se dará cuenta de que en esa familia de buena posición económica, todos blancos y respetados, nada es lo que parece. Desde el comienzo, ella desconfía de esa pareja que parece vivir un amor impostado, como si fuera una representación de algo ficticio que también fingen creer. Cuando los observa abrazarse y besarse, intuye la verdad: “Todo el asunto tenía un aire de falsedad; no tenían la intención verdadera de hacer lo que hacían. Era un espectáculo ─no para beneficio de otras personas sino un espectáculo del uno para el otro”.

Sin embargo, los destinos de Lucy y de Mariah se van pareciendo cada vez más en una especie de revelación para ambas, dos mujeres que, al fin y al cabo, están inmersas en un mundo donde el patriarcado ejerce su influencia tanto sobre los pobres como sobre los ricos. Es ese mundo donde Lucy puede aspirar a ser enfermera, y no doctora como podría ser su hermano varón, o en el que Mariah es casi una muñeca cuya misión es complacer a su marido.

También estas dos mujeres ponen en juego una relación de poder, otro de los temas que el texto aborda. Mariah y su esposo son los amos; y Lucy, la criada. Si bien no la tratan mal, la posición de la protagonista — inmigrante, negra, sola y mujer — es claramente inferior, aunque ella se sobrepone a eso sin caer en un dramatismo inútil. Sabe cuál es su realidad, no idealiza nada, pero lucha para cumplir sus deseos, dentro de sus posibilidades, incluso enfrentando a los hombres que quieren manejar, de alguna manera, su vida. Lucy tiene todo muy claro y lo demuestra todo el tiempo, como en este fragmento: “Mariah dice: ‘Tengo sangre india’, y por debajo yo podría jurar que lo dice como si estuviera anunciando la posesión de un trofeo. ¿Cómo se hace para convertirse en el tipo de vencedor que puede reclamar ser también el vencido?”.

Otro de los ejes sobre los que se estructura la novela es la relación madre/hija. Sistemáticamente, Lucy guarda sin leer y sin contestar las cartas que le manda su madre, aunque la recuerda siempre, y cada cosa que le pasa la remite a algo que su madre decía o hacía. Ella no quiere ser igual que esa mujer que se casó por interés y que aguantó una vida chata e infeliz, pero no puede olvidarse de ella: “Puedes salir corriendo, pero no puedes escaparte a la realidad de que soy tu madre, mi sangre corre por tus venas, te llevé nueve meses dentro de mí”.

La relación con la madre y su evolución tiene mucho que ver con el aprendizaje que realiza Lucy. Ella pasa de ser “la Visitante” a asumir su nombre al final como una manera de reafirmar su identidad: “Entendí que estaba inventándome a mí misma y que estaba haciéndolo más bien como un pintor que como un científico. No podía contar con la precisión o los cálculos; solo podía contar con la intuición. […] Tenía memoria, tenía rabia, tenía desesperación”. Ese aprendizaje también implica aceptar el pasado, resignificarlo, pero darle también un cierre: “Tu pasado es la persona que ya no eres, las situaciones en las que ya no estás involucrado”.

Gracias a la excelente traducción de Inés Garland, podemos disfrutar del estilo de Jamaica Kincaid, una prosa aparentemente sencilla, pero que va revelando distintas capas que nos invitan a reflexionar también sobre nuestras vidas. Todo el texto, además, conmueve y se disfruta, como solo lo hace la buena literatura, esa que encuentra la palabra justa: “En todo caso, esta vez cuando cayó la nieve, hasta yo podía darme cuenta de que había algo ahí; había una especie de belleza; no una belleza que desearías para todos los días de tu vida, pero una belleza que podías apreciar si tenías un exceso de belleza desde el vamos. Los días eran más largos, el sol se ponía más tarde, el cielo al anochecer parecía más bajo que de costumbre, y la nieve tenía el color y la textura de la clara de huevo a medio cocinar, y hacía que el mundo pareciera tan suave y hermoso ─e inesperadamente para mí─ reconfortante”.

Jamaica Kincaid, Lucy, La parte maldita, 2022, 136 págs.

Jamaica Kincaid nació en St. John ‘s, capital de Antigua y Barbuda en 1949. En 1965 fue enviada a Nueva York a trabajar como au pair. Luego de dejar este trabajo, comenzó a escribir artículos periodísticos. En 1983 publicó su primer libro At the Bottom of de River, una colección de cuentos a la que siguieron varias novelas, entre ellas Lucy y The Autobiography of my Mother, entre otras, y libros y artículos de no ficción. Fue tres veces candidata al Premio Nobel de Literatura y actualmente es profesora en la Universidad de Harvard.

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Adriana Santa Cruz

Adriana Santa Cruz

Profesora y Licenciada en Letras, redactora y gestora cultural