“Madres paralelas”, de Pedro Almodóvar: filme de clausura del Festival de Cine de Mar del Plata

Ezequiel Obregón
Nov 27, 2021 · 3 min read

La última película del realizador de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), Carne trémula (1997), Todo sobre mi madre (1999), Hable con ella (2002), La piel que habito (2011) y Dolor y gloria (2019), entre tantas otras, ofrece con Madres paralelas (2021) un sentido relato que aúna sentimientos personales y búsquedas vinculadas a la memoria histórica.

Madres paralelas recorre los tópicos nodales de la obra de uno de los grandes autores del cine: el azar, las pasiones intensas, la resiliencia de los personajes femeninos y el deseo, al mismo tiempo nombre de la productora del propio director, su hermano Agustín y Esther Díaz. Pero ese nombre es algo más; parece, más bien, una declaración de principios estéticos y éticos, que en su nuevo opus vuelven para revisitar la Guerra Civil Española. Episodio que persiste porque, como sostiene Janis (Penélope Cruz), la guerra continuará mientras haya restos de cuerpos aún no identificados.

Almodóvar construye un relato con un ritmo frenético pero absolutamente orgánico. Las elipsis son aquí más persistentes que nunca; hacen foco en los actos más significativos, en los encuentros personales que resultan –en mayor o en menor grado- reveladores. Parecen como fotografías puestas unas al lado de las otras. Por eso, no es casual que su protagonista, Penélope Cruz, interprete a una fotógrafa: para ella, el pasaje de lo real hacia el artefacto estético es un trabajo, pero algo de ese acto se cuela en su consciencia. Janis tiene un deseo muy marcado: “revelar” la identidad de los cuerpos que reposan en una fosa común en el pueblo de su familia, con la intención de cumplir con un acto de justicia personal, claro, pero a la vez social.

Su encuentro con un reputado forense será el puntapié para reactivar los procedimientos necesarios para hacer la excavación e identificar los cuerpos, en un contexto en el cual las políticas gubernamentales buscan detener este tipo de acciones (sustentadas por la decisión, más explícita o no, de buena parte de la población). Pero de aquel encuentro surgirá algo más que esta búsqueda. Habrá pasión, sexo, y un embarazo que la llevará, nueve meses después de consumado, a la sala de un hospital junto a Ana (Milena Smit), una adolescente que a diferencia de ella no desea tener ese hijo.

De aquel fortuito encuentro y de un posterior hecho accidental surge una trama en la cual se suceden sorpresas (no necesariamente buenas), dilemas éticos e inusitadas pasiones. Pero Madres paralelas es, a fin de cuentas, una película de Almodóvar. Cada fotograma destella su genialidad cromática, necesaria para darle identidad y cohesión a esta historia sobre pasiones que se escribe con pasión. Una historia llena de mujeres: madres ejemplares, madres abandónicas, mujeres autónomas, mujeres con la necesidad de compañía, mujeres que cocinan y, tal vez sin saberlo, construyen una memoria sensorial; mujeres comprometidas, mujeres negadoras… Para cada una de ellas hay un parlamento revelador, un plano capaz de arrancarles una emoción genuina. No cabe dudas: estamos frente a una obra maestra de un director que ya ha ofrecido varias.

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