Maligno

Csaba Herke
Sep 9 · 9 min read

Decir que el tema que trata Maligno es el tema de la libre elección de género, y desde ese punto de vista es claramente antifeminista, es empezar por el final. Espoilear o matar el artículo es probablemente cierto, pero la tentación era demasiado grande como para andar con vueltas.

Ya desde la creación de Saw, James Wan tiene una línea de trabajo clara que funciona reactivando lo que se dio en llamar en antropología, mitos urbanos. Películas como Candyman (Bernard Rose, EEUU-UK, 1992), explotaban esta idea que, para ser honestos, ya Edgar Alan Poe las había usado. La oscura historia policial de Jack el destripador o el Hombre Elefante también. La revista Creepy, y luego su formato televisivo, echaron mano a los que se llegó a denominar el conjunto de mitos urbanos.

Es interesante que recién a través del Pop, esa corriente heterogénea del arte que si tiene un mérito es el de haber permeado las superficie de contacto entre la denostada producción cultural popular llevándola a su condición de arte, incluso, analistas como Danto, sostienen, a mi juicio una frase subvalorada o directamente despreciada, y es que fue más el pop art que las políticas de Reagan y los errores de la nomenclatura soviética las que tiraron abajo el muro de Berlín (otro mito urbano).

La academia hasta hace relativamente poco decía también que en la era de la escritura ya no había lugar para la conformación de mitos. Es interesante que en este caso también fue el pop el que infiltrando los estamentos académicos de la producción artística primero y los de la producción teórica, luego, tuvo que reconocer que nuestro tiempo también construye mitos.

Ahora sabemos que Batman es mucho más que el personaje creado por Bob Kane, y a decir verdad, tiene la dinámica de los personajes míticos: se transforma, se agrega, se complementan diversos autores. Lo que en principio podría decirse que fue novedoso en el llamado Círculo Lovecraft, ahora lo tiene cada uno de los personajes creados en los diversos universos de la multiplicidad de personajes similares y diferentes, a la manera de las sagas nórdicas o mitos griegos.

El rapsoda o el poeta errante que llevaba de pueblo en pueblo un tema, que era cantado (recitado) ahora es un texto que se esparce desde notas de diarios y publicaciones amarillas, desde notas alarmistas o confabulatorias (conspiranoicas). Si mal no recuerdo, uno de los primeros productos que se mostraba autoconsciente de estas construcciones era Hombres de Negro (Men in Black, Barry Sonnenfeld, EEUU, 1997) “la verdad está en los pulps” dice un agente a otro. El comienzo o el clip de inicio de Hellboy (Hellboy, Guillermo del Toro, EEUU, 2004) o incluso el de Godzilla (Godzilla, Roland Emmerich, EEUU, 1998) marcaron estándares con respecto a la idea de la conspiración o sea, alimentaron el fuego de los mitos usando la idea de la conspiración.

Quizás su forma más elaborada fue y sigue siendo American Horror Stories, un grupo de episodios que encara directamente ciertos mitos netamente norteamericanos, desde un producto de alta factura.

Queda para algún ensayo reunir, clasificar e intentar decodificar este universo de mitos, de la misma manera que se hizo con los cuentos de Perrault o Grimm, con los mitos griegos, o con los trabajos de Prop o Bataille. O establecer mapas conceptuales que permitan hacer seguimiento de rutas de influencia, tanto cómo se incorporan personajes o el protagonista se transforma o el que es protagonista en un conjunto de historias es secundario. En realidad lo que digo es que pronto los trabajos de tesis doctoral van a consistir en estos temas: ¿qué es un mito hoy? ¿cuál es su simbolismo? ¿Cuáles sus mecanismos internos, sus resortes y relación en el plano social? Por ejemplo, cómo crean imágenes y palabras en fin, sentidos que cohesionan grupos (Star Wars y Star Trek) que a la manera de lo que el pez era para los antiguos grupos de cristianos, ahora son palabras como “Warp” o “la fuerza te acompañe”.

Podemos adelantar, a juicio del autor de esta nota, que los estudios culturales principalmente norteamericanos, de la forma y funciones adjudicados a los primitivos cuentos y mitos reforzaron, reforzaron los modos de percibir y construir los nuevos, no olvidar que muchos de los nuevos guionistas pasaron por la “aguas” de la academia, lugar regulador por antonomasia del saber. Quizás uno de los casos más paradigmáticos es la colaboración de Campbell en el guión de Star Wars que desgraciadamente no supo valorar Alec Guinness en su papel de Obi-Wan Kenobi.

Si algo une a la oscura antigüedad donde hunden sus raíces los mitos griegos con lo actualmente urbano, es la función moralizante de las mismas, igual que algunos cuentos infantiles, y lo que se espera que ellos regulen. Es de común acuerdo que, por la fijación de ciertas constantes, en la repetición de estos cuentos hay también elementos que hacen a la transmisión de valores y costumbres entre generaciones.

Dice Graves que un verdadero mito tiene condiciones. Una de ellas es que debe estar asentado sobre algún atisbo de verdad histórica. O sea que no sólo tiene valor simbólico, sino que algún hecho histórico oculta, y esto está ampliamente discutido: puede ser conciente, o como dice Thomas Mann, porque se hunde en el oscuro pozo sin fondo de la historia.

Se puede hacer una larga lista de mitos urbanos, algunos pintorescos hasta ingenuos, como el de morir por consumir alcohol y sandía, o descomponerse por meterse en el agua despues de haber comido opíparamente, al mismo tiempo que otros toman carácter siniestro y pocos hay tan oscuros y bizarros como la del teratoma que resulta ser el residuo de un supuesto gemelo vitelino no desarrollado. Mas allá de las especificaciones, y lo primero que llama la atención son los adjetivos que se usan. Un hermano es absorbido por el otro, se impone al otro, idea que se puede extender a los mellizos no vitelinos también. Uno se desarrolla más rapido, uno usa más los recursos que el otro, termina en sospechosas miradas sobre qué relación pueden tener estos seres que en algun tiempo fueron cuasi mágicos y hoy cuasi cotidianos como los mellizos y gemelos.

El film, desde el comienzo, y con su técnica, pretende ocultar al monstruo eliminando el contraplano, delata que su único posible destinatario es un adolescente con muchas horas de tableta digital en la cabeza. Para el resto de la humanidad sabemos en qué consiste la operación y que, como mito urbano, se replica una y otra vez en bares y taxis, incluso, el 27 de enero del 2019 hay un artículo escrito por Jules Montague en la BBC basado en un trabajo, publicado en el Journal of Neurology por Michael Zandi (neurólogo del University College London) y uno de sus estudiantes, Johnny Tam que adjudica a las contorsiones de las famosas brujas de Salem el haber tenido posiblemente Teratoma ovárico. Es fácil imaginarse el resto.

Un teratoma, cuyo significado es tumor monstruoso (del griego teras-, teratos “pesadilla”, “monstruo”, y -oma “tumor”, “hinchazón”), no es tanto un gemelo vitelino no desarrollado y absorbido en el estado fetal, ese es el mito, sino producto de que células totipotenciales que ubicados en alguna parte del cuerpo y tienen la capacidad de diferenciarse en forma de algunos órganos o principalmente en pelos o dientes, otra realidad del teratoma es que tiene un porcentaje de incidencia mayor en mujeres, y dentro del grupo femenino en los ovarios, tanto como en los testículos de los hombres, lo que aporta el film es que el teratoma se desarrolla en un ser, no solo consciente sino que de otro género que el portador.

Otro mito que tiene su fundamento en hipótesis con supuesta base científica es la idea de que un tumor es un ser en sí mismo que podría competir como un parásito lo hace con su comitente. Si ponemos esto en una licuadora nos resulta, no en un jugo vegano que tomaba nuestro musculoso Arnold sino un un revoltijo de órganos llamado Maligno.

Uno de los mejores textos sobre el cine de terror, señala que gran parte del cine de género está destinado en EEUU a lo que podría llamarse control de natalidad ideológica: el embarazo puede crear monstruos, pero también que el mal se hereda a través de los genes, alertando sobre la adopción, como si fuesen propaganda de las empresas que garantizan el origen de los óvulos y espermatozoides.

Más allá de todo lo que el film tiene de telenovela, por las discontinuidades, entradas y salidas teatrales, incluso unos imposibles gestos en primer plano, establece conciente una relación tanto con la antología del terror American Horror Story (Ryan Murphy y Brad Falchuk, Network FX, EEUU, 2011) o quisiera tener con el asilo de la Isla Infernal (Shutter Island, Scorsese, EEUU, 2010) considerada neo-noir psicológico. En definitiva, la imagen del asilo que nos legó Emily Brönte, espacio donde suceden cosas horrendas, en clave de una pintura romántica o de film de terror como el Frankenstein de Whale, (EEUU, 1931) incluso el uso de electroshock y los sucesivos y repetidos hasta el hartazgo, estallidos de electricidad (parece que sobran bombitas de luz) se propone como puente entre uno y otro texto. Sin embargo, si las feministas tienen reparos sobre el Frankenstein de Whale, el último escalón del machismo sería eliminar a la mujer y crear vida sin la participación femenina. Hay que recordar para todo esto que la madre de Mary Wollstonecraft era una militante feminista, es posible decir que Maligno es un film que alerta sobre la posibilidad que las feministas tengan en el cerebro un teratoma masculino que la lleven a hacer cosas aberrantes.

El rostro inverso (Jano) de una mujer abandonada por sus padres en el asilo es el trasfondo traumático que justifica el odio al macho que es un macho en sí mismo convertido en mujer. Dicho de otro modo, para Wan el travesti es un monstruo, alguien que tiene una percepción de sí mismo como otro, no es tanto culpa de él sino de algo que tiene conviviendo con él, maligno, que no hay que despertar o hay que extirpar.

Como una y otra vez nos repiten que las condiciones psicológicas son genéticas, clínicas, que es posible volver al distinto al seno de la sociedad si acepta su enfermedad, en este sentido, el desbarajuste de la cárcel, las prostitutas, mujeres horrendas son las que por su brutalidad hacen que el monstruo, ahora convertido en justiciero, mate una por una, y si ya es por matar, matemos a todos, nos dice casi como alertando el film. La secuencia es del mismo orden que las terapias de shock y su carácter confesional. La brutalidad del marido ahora muerto en manos de Gabriel, es en realidad debido a su condición de desempleado, decir que él y sus golpes son responsables de sus múltiples abortos son sólo un justificativo para ocultar al teratoma, no es la violencia ejercida sobre ella por un marido violento sino es el hermano (celoso) que produjo los abortos. La salvación viene de la mano de la hermanastra que casi a la manera de una niña de escuela cristiana, mujer blanca y rubia acepta a la antisocial a pesar de todo, que como buena chica, se puede disfrazar de hada o princesa, y que puede incluso perdonar y seguir considerando como hermana a la hermana, con tal de que reconozca los crímenes y se reconozca (confesión) monstruo o enferma.

Sin darnos cuenta nos han introducido ideas tales como: no hay mayor amor que el amor materno, el amor todo lo cura, y el género es absoluto. Lo demás, hay que dejarlo a las terapias clínicas, pero ojo, las clínicas que hacen cambios de sexo son el castillo del Dr Frankenstein, perturbadores lugares a lo alto de un acantilado donde el hombre/mujer juegan a ser dioses. Por más aberrantes que nos parezca, en definitiva la madre biológica, entubada y en coma, despierta para ver la muerte del monstruo y el renacimiento en forma de mujer de la misma.

Este film es uno de esos que parecen decir una cosa pero dicen otra. El final, en ese largo abrazo entre hermanas, uno podría pensar que en definitiva el habla de la sororidad, ese concepto que hace algunos años parecía que iba a ser como un imperativo de la mujer. Sin embargo el plano que se abre como un angular y nos deja ver la hermanas en un abrazo amoroso, lo que confirma es que el amor femenino se debe limitar al de sentirse hermana, todo lo otro es monstruoso.

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