Semana del Cine Italiano: Mimi, Il principe delle tenebre

Csaba Herke
Leedor
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4 min readApr 12, 2024

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Hay un género híbrido entre el terror y la introspección psicológica, un subgénero menor, que tiene en su haber una lista bastante extensa. La relación entre uno y otro dan como resultado obras como La hora del lobo de Bergman, o La noche del cazador de Charles Laughton.

También hay un derivado del cine vampírico, como Martin (George Romero,1977, EEUU) o Besos de vampiro (Robert Bierman 2 de junio de 1989 EEUU) donde el trasfondo es el tema de la salud mental que algunas veces se oculta en forma de temáticas fetichizadas que quizás hoy el cosplay ayuda a contener o invisibilizar.
Por otro lado, tenemos el cine de “hijos y nietos de..”: la hija de Lynch, Jennifer, con Boxing Helena (1993, EEUU) o en otro extremo el del hijo de David Bowie, Duncan Jones “Joey” con Moon (2009, UK), filmes que por obvias razones son interesantes de ver. En el mismo paquete hay obras como la de Xan Cassavetes hija de Cassavetes (película que comparte con Mimi, cierto homenaje al cine Giallo), inusual, inteligente incluso culta, extraña, tan bella como fallida, o como es el caso de Marco Pontecorvo, quién siguiendo el compromiso social de su padre, nos lleva a través de problemáticas contemporáneas como con Pa-ra-da (2008, Italia) o Fátima (2020, EEUU), o en el caso de Mimi, el príncipe de las tinieblas de Brando De Sica (2023, Italia)ser sobrino de Vitorio de Sica.

Entre todo lo que nos depara la Semana del Cine Italiano este año 2024 se presenta el film de Brando De Sica, sobrino del incólume Vittorio De Sica (por lo menos hasta ahora y para mí) de familia variopinta, cuya mayoría tiene un pie en el mundo del espectáculo, aunque, dato de color, incluye también, por parte de la abuela, el oficio de espía de la NKDV y por sobre todo, la de ser el ejecutor de Lev Trotzky; el mismísimo Ramón Mercader; aunque, afortunadamente es el arte y no el espionaje, su fuerte.

La problemática de la adolescencia es múltiple, tan múltiple como equívoca la denominación “europeo”; no es la misma escolaridad la de un obrero alemán, la de un francés de origen magrebí o la de un pakistaní en Londres, e incluso dentro de un mismo país son notables las diferencias entre barriadas, mostrando que los problemas no son solamente verticales sino también horizontales. No es lo mismo ser argelino en París que en la costa dorada de Marsella, y ser italiano, ya sabemos que norte y sur tiene brechas casi insalvables que bien supo abonar el cine de De Sica.

Entre uno y otro, paradójicamente, existe una brecha que es mucho más que la generacional, si uno fue un cine que surgía de la resistencia antifascista, el cine del sobrino es un cine que se desarrolla en medio del ascenso de un gobierno filonazi, Hermanos por Italia, época donde nuevamente el fantasma de una guerra mundial recorre Europa, mientras multitud de jóvenes están embelesados con moda e influencers en los medios, y otros tantos están muriendo intentando migrar hacia la promesa de una vida digna en Europa, o mueren en el campo de batalla de Gaza o Ucrania.

Mimi, es un joven un tanto retraído, con un problema severo de deformación en los pies, un tanto excluido, un tanto maltratado, hasta que encuentra una joven (queda al espectador hacer suposiciones) que flirtea con el ambiente vampírico; la fantasía y la realidad se mezclan (tema de época) y en un momento nadie sabe, y el director se encarga de mantener la ambigüedad, qué es fantasía y qué realidad. Todo se confunde, y obviamente el destino es la muerte.

A medio camino del videoclip como El ansia (T. Scott, 1983, EEUU) es el drama de un adolescente como tantos otros, atrapado en un mundo marcado por la ambigüedad y la incertidumbre; un joven que como miles y millones está condenado un trabajo manual que nada tiene que ver con las promesas tecnológicas, que día a día son ofertas cotidianas; el film, sin entrar en pormenores sociológicos (¿lo da por sabido?) se adentra en lo que emerge o de manera opuesta, lo queda como sedimento de todo el problema social. Mimi es un joven que vive gracias a los avances en salud y contención ya que sus pies deformes, planos y monstruosos; quizás en otra época hubiese sido vendido como un freak a un circo o a un palacio, como en la pintura de Velázquez o en la novela de Victor Hugo El hombre que ríe.
Esta contradicción una y otra vez está presente en el cine italiano, el mundo hiperdesarrollado se superpone a un mundo que todavía no entró ni siquiera en el SXX, pequeños pueblos rurales, que viven al borde del S XIX, pero que se tienen que enfrentar tanto con leyes y tecnologías del S XXI; esa contradicción no es menor e incluso se presenta insalvable, en el medio personas que la están pasando realmente mal, sin trabajo, sin futuro, apremiados por la demanda de nuevas tecnologías que como el tractor en su momento, fue más ganancia de bancos que de pequeños productores.
No sé si es casualidad o no, pero Mimi, es homónimo de otro protagonista de un film, Mimi metalúrgico (L Werttmüller, 1972, Italia) pero ésta encara otra bisagra, la de la industrialización post guerra, mientras que nuestro Mimi sucede como cierre de ese mismo período, las dos están paradas en épocas de transición, donde la sociedad y su producción subjetiva, quedan desfasadas de su producción material; lo que debiera mejorar la calidad de vida, en lo inmediato lo empeora, sin mostrar actualmente ninguna prosperidad, más que para algunos que viven en un total despilfarro (ver tik tok) el progreso que el estado de bienestar prometía, no sucede, más, incluso queda incluso imposibilitado, anque relegado para un futuro todavía no claro.

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