Riesgo bajo cero (The Ice Road), con Liam Neeson

Csaba Herke
Nov 22 · 8 min read

En los grupos de wp existe una costumbre (horrible por cierto) que yo llamo “pisar al participante indeseado”, esto consta en lo siguiente, cuando el indeseado sube un post, inmediatamente los administradores suben algunos otros post con el efecto de “perder” el post indeseable en un “pasado inmediato.

Este acto, que a mí suele resultar vil y es muy común en wp, también lo es en la manera de formular la historia, cosa que no tiene nada que ver con la subjetividad de la narración sino en la manera que se usan e invisibilizan acontecimientos históricos: se toma un hecho histórico, se los ubica en cualquier lugar se lo usa de cualquier modo, de la misma manera que se hace con la música y así se invisibiliza el mensaje que “transportan” a lo largo del tiempo, un caso ejemplar de esto es la interminable serie de “Los Simpson”.

Partamos de la siguiente premisa, Liam Neeson “paga”. Desde su aparición en Excalibur (Excalibur, John Boorman, UK — EEUU, 1981) como Gawain, no dejo de hacer papeles en los que suele combinar la figura de un hombre duro, justo pero con emociones que lo pueden llevar por caminos inciertos de violencia inusitada, quizás un personaje que sólo lo puedan apreciar ahora, los mayores de 40 años.

Bueno, ciertamente “bonachón”, busca lo justo; aunque engañado, el personaje de Gawain es quizás la imágen de una profecía autocumplida; o el ojo de Boorman o/y el de Mary Selway fueron lo suficientemente hábiles para ver en él su futuro, algunos directores cinematográficos y de casting tienen esa notable capacidad.

Ice Road funciona y, a pesar de toda las insoportables secuencia de motos de nieve (habría que prohibirlas); es de hacer notar que filmar acción con maquinaria pesada es todo una hazaña; de la misma manera que John Woo filmó acción con motos de alta cilindrada en MI2; los camiones avanzando sobre el hielo realmente logran transmitir el vértigo de la acción.

Sin embargo, y a pesar del disfrute ocasional, tiene algunos puntos para tomar en serio, además de sus “chivos” varios o publicidad encubierta; (una cosa que me place, es que los mayoristas de Streaming en la actualidad tengan que advertir que en el film que se va a ver, existe este tipo de anuncios tanto como los de desnudos, violencia también publicidad encubierta; deberían decir ahora tambien, propaganda política (risa)). Además el film merece algunas miradas atentas sobre otros temas tanto históricos como ideológicos, lo que en definitiva, desde cierto punto de vista es lo mismo, veamos.

Lo primero que hay que hacer notar, es su referencia explícita a El salario del miedo ( Le salaire de la peur, Henri-Georges Clouzot, Fra.- It. 1953) un film que marcó un standard temático, pero, a diferencia de Ice Road, (más allá de su racismo intrínseco y machismo epocal), mostraba de manera cruda, la degradación humana en las periferias de esos gigantescos proyectos que prometían y prometen llevar progreso a regiones vírgenes y del tercer mundo, lugares que más que “progresar” se convierten en lodazales humanos, de alcohol, prostitución, toda la gente que no pudo ser ocupada y busca una oportunidad, una periferia que en el caso del film del año 53, es de los grandes pozos de petróleo en las antillas (¿futura Venezuela?) al servicio de intereses transnacionales, la vileza de la explotación de la necesidad humana y, no dicho pero mostrado para el que sabe, los resultados de la degradación económica y moral en las Antillas cuyo responsable directo fue el colonialismo francés.

Nuestro film, por otra parte, también es deudor de Misión suicida (Paul Wendkos, Attack on the Iron Coast, EEUU, 1968), pero también de todos esos films cuya estructura se proponen contar cómo una persona, es también sus circunstancias, de cómo un hombre puede vivir la transformación (o redención) que lo lleva de ser un un ser gris o incluso un villano a elevarse en héroe; historias de los cuales quizás, Los siete samurai (七人の侍 Shichinin no samurai, Akira Kurosawa, Japón, 1954) es el film paradigmático.

Ice road además de ser una colección de escenas ya conocidas, bien cocidas y bien distribuidas, tiene varios costados políticos. Por un lado, cada tanto, se blanquea el hecho de que las grandes fortunas que “mueve” el sector minero, no sólo consisten en la extracción del material, diamantes en este caso, sino también a la parafernalia tecnológica que se mueve a su alrededor. La buena, benigna y ecológica Canadá, en definitiva, vive de actividades no tan sanctas, entre otras cosas de la extracción del diamante. El agotamiento de las minas de Sudáfrica y la “pseudomoral” occidental que se horroriza frente al llamado “diamante sangriento”, sumado al deshielo de los casquetes polares, hace que se haya abierto el nicho de producción de diamantes dentro del círculo polar ártico como sub consecuencia del grave estado de deterioro climático. Así también se entiende que algunas empresas hagan oídos sordos a los diversos llamamientos a parar el calentamiento global, y con la complacencia de las numerosas familias que viven del efecto invernadero. Trudeau aparece de manera propagandística como el “gran hombre” del nuevo empujón económico Canadiense (siempre con una ayudita de sus socios norteamericanos), haciendo de las empresas extractivas un trabajo seguro, siempre y cuando no haya (como siempre) empresarios inescrupulosos y corruptos; otra vez la culpa es del consumidor (risa), tambíen con esto se tapa “descaradamente” otras dos historias trágicas de complicidad entre gobiernos y empresas privadas, como la del reciente rescate de la mina de San José en Chile de 33 mineros, donde el estado finalmente se hizo cargo de aproximadamente el 80 % del costo del salvataje, y los mineros y las familias de las víctimas, todavía hoy no llegan al pago de una indemnización justa.

Los accidentes mineros están registrados, desde la explosión de Cuenca, España en 1941 donde mueren aproximadamente 18 mineros. Sin embargo, en esas estadísticas no entra lo que sí está en la literatura sobre los miles de muertos por las condiciones infrahumanas de trabajo tanto por la silicosis producto de respirar permanentemente el polvo del hollín de las minas de carbón o también la artrosis producto de la humedad y el frío en las mismas, entre otras múltiples enfermedades.

Por otra parte y en lo personal, lo que más me molesta es que no hace ninguna referencia a otra gran proeza de los tiempos modernos, que es de donde sale toda esta historia: el del desbloqueo de Leningrado durante la segunda guerra mundial.

Cuando los alemanes con tropas propias y de otros países aliados (el eje) , deciden borrar de la faz de la tierra a la ciudad, cosa que también intentan con la ciudad de Stalingrado, desatando la dos más feroces batallas de resistencia de toda la historia, el de Stalingrado con un fatídico resultado de más de un millón de Rusos muertos.

En Leningrado debido al aislamiento la ciudad es sitiada y destinada a morir de hambre, para salvarla, primero se hizo un racionamiento de alimentos que llegó a consistir en sólo 100 gr de pan al día por persona, la solución llegó cuando un grupo heroico de camiones cruza el lago de Ládoga aprovechando el invierno (Ládoga en ruso: Ладожское озеро, Ládozhskoye Ózero; Ладога, Ládoga; en finés, Laatokka) un lago de agua dulce, situado en Carelia y el óblast de Leningrado cuyas temperaturas pueden llegar a ser los terroríficos -69 celsius, invierno por lo cual es llamado “el general invierno” (le général hiver), que parece que solo los Rusos pueden controlar y tambien, dato de color, en el SXIII los Mongoles que invadieron y destruyeron el Rus de Kiev.

Al cruce del lago helado con camiones llevando provisiones durante el invierno del sitio de la ciudad (1941–1944), se la llama el “camino de la vida” una solución desesperada, a último momento, que finalmente logró que la ciudad no muera por inanición, omisión histórica, que tiene por efecto reiniciar la história a gusto de Hollywood.

Finalmente, el film además de los múltiples avisos encubiertos, parece ser también un gran aviso encubierto de camiones y camioneros.

Para afirmar esto, voy sostener la siguiente hipótesis: en EEUU todo grupo laboral funciona como una corporación: médicos y auxiliares médicos junto con los hospitales a laboratorios; los bomberos; los paramédicos; los policías, funcionan como cada una y en conjunto como una corporación, incluso dolientes y familiares de una rara enfermedad actúan como tales, se ven, se perciben como corporaciones y hacen publicidad y pagan películas tanto con motivos de reclutamiento como para limpiar su nombre o incluso despertar conciencia, todo dependiendo del caso; el cine en EEUU y como en cualquier parte del mundo, es en definitiva un campo de batalla ideológico, travestido siempre de arte y es (todo va por cargo del autor de esta nota), uno de los grandes motores económicos de Hollywood.

Sostener esto tiene una cuota especulativa, pero al autor le llamó siempre la atención como en los enlatados y películas son tratados los diversos grupos laborales. Con esta hipótesis en mano, antes que nada, se puede hacer el siguiente ejercicio de memoria: el sindicato de camioneros de EEUU (Hermandad internacional de camioneros: International Brotherhood of Teamsters o IBT) que fundado en 1903, en el 2013 tenía la “friolera” de 1.3 millones de afiliados aprox. es uno, si nó el gremio más importante en EEUU; un trabajo que además de ser un eslabón en una cadena de producción gigantesca, el camionero como figura es heredero de toda una tradición norteamericana, tanto el de las carretas que cruzaban el continente de este a oeste, de norte a sur; sino también del propio western y del cowboy; esto puede confirmarse tanto con la música country que siempre acompaña este tipo de filmes o explican también las bromas en las películas de los Blues Brothers (The blues brothers, John Landis, EEUU, 1980); probablemente series como B.J. (B. J. and the Bear , TV, EEUU, Universal TV, 1979 -1981, 46 capítulos) estén vinculados de algún modo directo o indirecto a la cadena de producción económica de la IBT.

Es también historia conocida la de “Jimmy” Hoffa (James Raddle Hoffa, EEUU 1913- desaparecido en 1975, EEUU, declarado legalmente muerto en 1982) fue quizás su dirigente más importante, blanco de la demonización del gremialismo que se llevó a cabo a manos, entre otros de Bob Kennedy, (el doble rostro de los demócratas que entre otras cosas, permitió el triunfo de Trump) encarcelado, usando el pretexto de las relaciones de Hoffa con la mafia para la construcción de viviendas para las familias del sindicato. Doble vara de por cierto, tanto porque cuando se tuvo que usar la mafia para romper huelgas en EEUU, o en Italia de posguerra para destruir los gremios con cierto tinte comunista o socialista también se recurrió a ellos como lo expuso el “mani pulite”. Hoffa que era más cercano al discurso de derecha no tuvo reparos en brindar sus servicios a los empresarios cuando fué necesario, pero es indudable que llevó al gremio a lugares antes impensados y que el conflicto no era de índole mafioso.

Ésto viene al caso ya que el film parece tener como objetivo, justificar el sueldo extraordinario de los camioneros, al decir que un conductor de camiones y su acompañante, son la garantía de que una comunidad pueda vivir o morir; la mina, y su derrumbe, son anecdóticos acá; lo importante es que todo es una gran una metáfora en la aparente búsqueda de crear conciencia de la necesidad de que los conductores cobren sueldos lo suficientemente altos, porque son una pieza irremplazable en la existencia misma de una sociedad, además de mostrarnos por rebote que un camión no sólo es un camión, no sólo una aspiración en sí misma, sino una necesidad laboral por lo que vale la pena morir en el camino.

¡Larga vida a Detroit!

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