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Yadegar Asisi y la imagen en 360° más grande del mundo: el Panometer Dresden.

Llegamos a Dresden, una de las perlas de Alemania reunificada, su ciudad emblema podríamos decir. En su visita, pudimos reconocer y tomar nota de los distintos tiempos que la atravesaron. En esta ocasión, vamos a ingresar a la historia más reciente a través de la obra „DRESDEN 1945 — Tragik und Hoffnung einer Europäischen Stadt“ (“Dresde 1945- Tragedia y esperanza en una ciudad europea”) Yadegar Asisi, la exposición que se encuentra en el Panometer Dresden (Panómetro de Dresde).

Foto sacada desde el mirador de la Frauenkirche

1945 es la fecha de la fatalidad, del designio, el triunfo de la individualidad y la destrucción de la Florencia del Elba (Elbflorenz) denominada así por ser foco cultural y artístico carácter que ganó gracias a los suntuosos años en que reinó August der starker (Augusto el fuerte, 1670–1733). Antes vamos a conocer qué se ve hoy allí, Dresde tiene el porte de una gran ciudad europea, encontramos el casco histórico de arquitectura gótica y barroca, atisbos de la Edad Media, muestras del esplendor de los siglos dominados por la monarquía de Sachen, cúpulas, puentes, galerías, monumentos, plazas y el espacio del viejo mercado.

Es hoy una ciudad de medio millón de habitantes, aparte de la ciudad vieja o centro histórico encontramos otros núcleos: la ciudad nueva queda en la otra orilla del río Elba y su arquitectura data de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX. Si consideramos las zonas de valor histórico de la ciudad, en las inmediaciones del viejo centro, encontramos edificios de la misma época, en ellas se puede apreciar la riqueza de esos años, un barrio de viejas casonas o mansiones que cruzan las orillas del Elba por el Loschwitz Brücke, denominado también puente azul, uno de los que se conserva desde su inauguración en el siglo XIX sin daños durante la guerra.

Pero hay que atender a un problema, Dresde sufrió el bombardeo más grande de Europa la noche del 13 de febrero de 1945 y el esplendoroso centro alguna vez pintado por Canaletto fue devastado, lo que significa que lo que hoy vemos de los edificios de la monarquía, se trata de un trabajo de reconstrucción realizado durante los últimos 70 años, es decir es la zona de valor arquitectónico y cultural más recientes de la ciudad.

El Panometer Dresden (Panómetro de Dresde) es una obra artística de Yadegar Asisi, nacido en Viena en 1955. Se trata de un proyecto que ya ha atravesado las fronteras europeas, en la parte central y este de Alemania hay dos, uno es en Dresden que es el que visitamos y el otro en Leipzig, las exposiciones son diferentes. El artista pide permiso para utilizar edificios, circulares, que eran fábricas o silos que se encuentran en desuso y los ambienta para exponer sus obras, en este caso un antiguo gasómetro. Asisi creó la imagen en 360 grados más grande del mundo, para ello utiliza fotos viejas, cuadros, material en el que trabaja e interviene los detalles para crear los grandes escenarios que podemos ver a distintas alturas gracias a una estructura en forma de torre que pone en el centro para poder subir y apreciar los distintos niveles de la gigantografía.

Panómetro de Dresde

En el panómetro de Dresde hay dos temas que alternan cada dos años, nosotros visitamos las imágenes de Dresden destruida por el bombardeo de 1945. Recorrer primero la ciudad en pie, ver su imponencia delineada en sus calles, paredes, plazas y luego conocerla en cenizas es una impresión que llega al alma. Nos lleva a preguntarnos por la naturaleza de la humanidad, cómo las ideas son capaces de mover las masas, cómo los símbolos son capaces de borrar las identidades y quitar la posibilidad de tener una propia opinión o reprimirla y causar catástrofes sociales e históricas.

Haber visitado antes el centro histórico nos permite poder identificar los puntos característicos de la ciudad, buscarlos entre el humo, los escombros y los gritos que podemos adivinar. Desde que ingresamos al pabellón, resuena una música lúgubre que inunda todo. Antes de conocer la imagen de 360 grados, damos una vuelta por un pasillo oscuro que rodea la obra, allí se expone una introducción de la historia de la primera mitad del siglo XX (de 1900 a 1945), nos encontramos con banners, copias de cuadros entre los que reconocemos la vista de Canaletto y la Madonna Sixtina, también biografías personales de artistas que vivieron la guerra, algunos la sobrevivieron y otros no, algunos murieron en la vejez exiliados y otros en campos de concentración. También pasan videos como proyecciones sobre láminas blancas de gran tamaño en blanco y negro de ciudadanos recorriendo las calles destruidas, de bombas cayendo sobre la ciudad.

Llegamos a la sala principal y el ambiente está levemente iluminado, una vez que los ojos se acostumbran a la penumbra comenzamos a identificar carteles, letreros que indican fechas y edificios de la ciudad. La luz varía en color e intensidad, por momentos es azulada y por otros es roja, al rededor nuestro, se levanta una imagen inmensa que llega hasta el techo del pabellón que en su punto mas alto es negro, hay un hoyo del que sale la luz hacia los lados. Nos dirigimos al centro a la estructura de hierro, en los descansos de la escalera, hay historias anónimas para nosotros: nombres, fechas, biografías cortas. En el nivel más alto, vemos la ciudad a nuestros pies, la Kreuzkirche es la única que se puede reconocer en una primera mirada, es una ciudad de medias paredes, cascote y ruina. La música acompaña el ciclo de iluminación que va de oscuro a semi claro.

Es una imagen panorámica desoladora, caminamos en círculos leyendo los carteles a medio empezar, viendo las viviendas que ya no dan techo. El fuego flamea en las esquinas de las estructuras vacías. La Frauenkirche se halla partida y emblemática como quedó hasta 1993 que fue cuando comenzaron a reconstruirla, en 2005 se inauguró y fue concebida como símbolo de la ciudad reconstruida.

En el centro de la imagen, la Frauenkirche

Bajar nuevamente a tierra acompañado de la música instrumental y recorrer los bordes de la obra es aterrador. Allí descubrimos que la foto está cargada de detalles: cochecitos de niños pequeños tirados de lado, autos partidos, transeúntes caminando entre los cadáveres que aún aferran en el pecho el último deseo de vivir. Los árboles están pelados, raquíticos como los cuerpos que podemos imaginar bajo los muros caídos y el sonido zumba a tragedia y muerte. Allí ya no hay nada, allí hay guerra, allí se muestra lo que las palabras callan porque ya no pueden decir.

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