Contra el esnobismo literario

La literatura es una imagen de pensamiento que nos impide escribir. Es un cliché dentro del mundo de los clichés.

¿Quién utiliza una cita del actor David Duchovny como epígrafe de un libro?

Un epígrafe, señoras y señores, es parte crucial del libro para que, más que expresar con palabras sabias de otros lo que nos espera a lo largo de la lectura, es la oportunidad ideal para hacer alarde de los conocimientos literarios que se poseen.

A Fabián Casas, autor de Ensayos bonsái (2007), no le interesa hacer alarde de ello. Sería contradictorio dada la naturaleza del libro. Leamos la cita:

“Lo que yo busco en la performance de cada actor es el Hamartia, un término de arquería que se refiere a la forma en que se yerra, no a la forma en que se acierta.”
Hamartia

Ese término, curiosamente, es usado por Aristóteles en su Poética para referirse, en efecto, a un error, deliberado o no. Y sin embargo, Casas no lo cita él, mucho más respetado en el mundo de las letras que el actor de The X-Files (no entremos en un debate sobre la calidad del programa, no viene al caso), porque no le interesa dar una muestra de su intelectualidad.

Los ensayos incluidos en este libro, publicado por el sello Seix Barral, fueron, antes de páginas encuadernadas, entradas de blog. Como tales, no tienen la elaborada prosa que un texto más pensado ha de tener; digámoslo así: es algo más natural, y ‘casual’.

En una entrevista a la Revista Ñ en el 2008, Fabián Casas dijo que “ensayar es acercarse a algo, tirar y errar”. Por eso las palabras de Duchovny.

Miles de personas se inclinan ante Shakespeare o Joyce sin haberlos leído, sólo porque, se sabe, son clásicos. Creo que el valor de un clásico lo establece cada persona -y si se puede, cada comunidad-. El valor de ese clásico va a durar lo que dure la vida de esa persona. ¿Para qué más?

Desde Julio Cortázar, Pink Floyd, Leo Messi, mundiales de futbol, Abbey Road, Luis Andrés Caicedo y Fernando Vallejo, el poeta y periodista argentino expone sus opiniones e ideas sobre temas que tiene en mente, y como le vienen en mente. Casas no tiene interés por ser parte de la gran narrativa argentina que cualquiera quiere citar alguna vez en su vida (Borges, Cortázar, who cares).

Aún así (como si lo anterior fuera pecado, hamartia), Casas muestra un gran estilo, una narrativa concisa y sin florituras innecesarias; él da prioridad al pensamiento, a eso que quiere decir. Y sin dudar lo dice. En sus Ensayos bonsái no es rebuscado ni mucho incoherente (como muchas entradas de blog, ésta que están leyendo por ejemplo), sino preciso y ameno.

No queda duda de su autoridad literaria, y lo mejor de todo es que no está tratando de hacerla notar. Tampoco es se manifieste en contra de la literatura clásica, la que todos decimos conocer, sino que abraza los cambios en la escena literaria moderna. La popular, si debemos darle nombre, pero no hay que hacerlo (no es necesario, vaya).

“No se trata de cambiar un registro literario por otros, sino de agregar, de cruzar.”

Y, pues, pregúntome: ¿hubiera sido adecuado un epígrafe distinto, uno que no fuera de quien dio vida a Fox Mulder y a Hank Moody?


Hablemos del Mundial Alemania 2006 (retazos de “Ensayos Bonsái”)

“(…), sobre todo porque -al igual que Rafael Nadal- es una máquina de ganar porque no tiene pensamiento abstracto, es casi como el Benjy faulkneriano de El sonido y la furia. Esos tipos son los que ganan el Mundial.”

“¿Alguien en su sano juicio puede tomar en serio un Mundial? Una competencia demencial donde un par de equipos de todo el mundo juegan al futbol mientras la mitad del planeta se cae a pedazos.”

Ahora, un poema de Fabián Casas.

Sin llaves y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.

Había limpiado la casa y escrito

dos o tres poemas que me gustaban.

No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura

y detrás de mí, por una correntada,

la puerta se cerró.

Quedé sin llaves y a oscuras

sintiendo las voces de mis vecinos

a través de sus puertas.

Es transitorio, me dije;

pero así también podría ser la muerte:

un pasillo oscuro,

una puerta cerrada con la llave adentro

la basura en la mano.