La teoría sueca del (anti)racismo

De manera póstuma, Stieg Larsson ganó popularidad con su escritura de ficción. El autor murió poco antes de ver publicado el primer tomo y después de haber entregado a su editor el tercero: la afamada trilogía Millennium vendió millones de ejemplares en decenas de idiomas, se adaptó al cine en su país de origen y se trató de hacer una versión estadounidense (proyecto estancado después de la primera entrega).

El personaje Lisbeth Salander en el cartel de la versión europea.

Sin embargo, antes de ser un novelista, Stieg se desempeñó como periodista. Para los lectores fuera de Suecia, Larsson es un escritor de ficción: el contacto con sus textos periodísticos es básicamente por medio de las referencias. Para el medio sueco, en cambio, Stieg fue partícipe de dos importantes proyectos antirracistas: Stop the Racism y Expo Foundation (con su revista Expo).

El sello editorial Destino publicó en 2011 La voz y la furia, un libro de Stieg Larsson que en su portada anuncia: “Las investigaciones periodísticas del creador de Millennium” (con la traducción de Martin Lexell y Juan José Ortega Román). Son 25 textos reunidos, publicados en su mayoría por Expo, en los que Larsson esgrime sus argumentos en contra de la homofobia, el racismo (incluidos señalamientos a la ignorancia de los racistas), la violencia contra la mujer, críticas a la charlatanería y la superstición (signos zodiacales).

Stieg Larsson, en una fotografía tomada enlos setenta (Associated Press).

Una de las preocupaciones mayores que expresa Larsson es la apertura social para recibir las ideas antiinmigrantes y racistas, que hubieran sido censuradas decenios atrás (y que doce años después de su muerte parecen tener un mayor auge). En su país, los portadores de dichas ideas son Sverigedemokraterna (Demócratas de Suecia), partido político de extrema derecha. Sus integrantes, apunta Stieg, son abiertamente racistas, gracias a que en los años ochenta y noventa el “nacionalismo” tuvo un crecimiento notable de la mano de una mayor tolerancia hacia la discriminación. En uno de sus artículos, el autor comparte la estadística de que 23 por ciento de los militantes de Sverigedemokraterna poseía antecedentes penales, por cierto.

“La violencia sueca y la no sueca contra las mujeres” es uno de los textos más largos del libro (a su vez fragmento de un libro colectivo), en él se sintetizan las problemáticas de las que Larsson escribe: el racismo, los inmigrantes y sus detractores xenófobos, la violencia contra las mujeres, además de una breve reflexión sobre la cobertura que hacen los medios de comunicación frente a dos asesinatos muy similares: una mujer joven muerta a manos de una persona cercana. El tratamiento mediático fue diferente, critica Larsson, con la víctima blanca y la víctima hija de inmigrantes. En el caso del asesino extranjero (padre de la víctima), puso en el debate a los nacionalistas, mientras que el asesino blanco y sueco pasó sin mucho alboroto, incluso cuando fue ayudado por otros hombres para encubrir su crimen. Stieg señala esa doble moral de una sociedad afecta a pasar por alto la violencia contra la mujer, pero si uno de los individuos involucrados pertenece a una minoría, hay un sector presto para lanzar ataques xenófobos.

Otro caso en donde la opinión pública (y mediática) mide con diferente vara es el de las violaciones grupales: en una realizada por descendientes de inmigrantes, la discusión toma otro cariz, mientras que otra con las mismas características pasa rápidamente por ser perpetrada por suecos blancos. Lo curioso, apunta Stieg, es que los grupos de extrema derecha solicitan que se deporte a los criminales del primer caso, aunque sean nacidos en Suecia, hijos de inmigrantes (suecos no blancos, pues).

En sus últimos años (Stieg murió en 2004), Larsson centra también sus críticas hacia los foros de internet: acorde a la idea de Umberto Eco y cómo las redes sociales dan voz a los idiotas, el autor señala a quienes dudan de que los ataques neonazis sean obra “realmente” de neonazis.

El libro cierra con un texto atípico frente al resto de los seleccionados por Daniel Poohl, prologuista y editor del volumen. Se trata de una crónica de viaje, más centrada en el trayecto que en el destino: “9001 kilómetros hasta Pekín”. El periodista relata el viaje de rutina que va de Moscú a Pekín, hecho en tren y con duración de una semana. Es también el texto con más referencias literarias, aunque no abundantes: Verne, Green, Dorothy Sayers, a quienes suma guiños fílmicos (Hitchcock, entre otros). El relato del periplo incluye un poco de historia: la importancia de esa ruta en tren en la revolución de 1917, la escala en Kirov, donde Stieg cuenta un poco sobre esta población nombrada en honor a Sergei Kirov, cuyo asesinato en 1934 inauguró la larga purga que duro cinco años. Ya en Pekín, Stieg prueba un whisky local: “quiero hacer una fuerte advertencia: huele a queroseno y sabe de forma parecida”.

Tras leer todos los textos que integran La voz y la furia, me pareció un poco impreciso el término “investigaciones periodísticas” para la totalidad del contenido: propiamente, hay artículos de opinión, textos más cercanos al columnismo y la mencionada crónica.

DIGRESIONES

No soy seguidor de las adaptaciones hollywoodenses, como es el caso de Millennium. Aún así, vi la cinta dirigida por David Fincher en 2011 (dos años después de la trilogía europea): me quedó con la banda sonora, hecha por Trent Reznor (Nine Inch Nails) y Atticus Ross. Los cinéfilos y melómanos recordarán la versión de “Immigrant Song”, cóver de Led Zeppelin que hacen con Karen O (Yeah Yeah Yeahs):

Algún cinéfilo advertirá el guiño en el título de este texto a La teoría sueca del amor, documental que explora la idea de la soledad en una sociedad individualista. La cinta fue parte del programa de Ambulante, y lo más rescatable es su diseño sonoro, muy musical al loopear algunas de las frases de los entrevistados (entre ellos el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman):