Adorno y la Dialéctica negativa

Por Nahuel Muñoz

Tal como adelantamos en la entrega anterior, esta vez nos abocaremos a Teodoro Adorno y su definición de “Dialéctica Negativa”.

Para comprender el proceso constitutivo de las sociedades modernas post Auschwitz, Adorno hace la formulación “Dialéctica Negativa” que define como un atentado contra la tradición. Tratándola de liberar (a la dialéctica) de una naturaleza afirmativa. A partir de una crítica a la idea de fundamentación, como la prioridad del pensamiento concreto. La dialéctica negativa es un antisistema que rechaza el principio de unidad, omnipotencia y superioridad del concepto. Se trata de una crítica inmanente que cuestiona la totalidad de lo uno.

Conceptualmente suponer una forma absoluta es una ilusión. El punto de partida de la dialéctica es el contenido a que se refiere la crítica de la razón, la gnoseología y por eso sobrevive a la decadencia del Idealismo, del que fue la culminación. Es por ello que procede a través de la lógica del desmoronamiento que significa pensar en contradicciones a causa de la contradicción experimentada en la cosa y en contra de ella. Siendo contradicción en la realidad, es también contradicción a la realidad. Esto permite que cuando el pensamiento se arroja en lo que tiene inicialmente frente a sí, el concepto, y se da cuenta de su inmanente antinomia, esté acariciando ya la idea de algo más allá de la contradicción. La crítica de la misma conciencia constitutiva.

A la dialéctica le corresponde perseguir la disparidad entre pensamiento y cosa, y experimentarla en ésta. La dialéctica no tiene por qué temer el reproche de estar poseída por la idea fija del antagonismo objetivo, cuando en realidad la cosa ya está pacificada; nada individual encuentra su paz en un todo sin ella. La filosofía, según la comprende Adorno, debe enfrentarse con una idea de Georg Simmel: lo asombrosamente poco que se le nota a su historia los sufrimientos de la humanidad. El movimiento dialéctico es autocrítica de la filosofía; en éste sentido es filosófico”.

La Dialéctica negativa significa, objetivamente, romper la imposición de identidad por medio de la energía acumulada en esa coacción y coagulada en sus objetivaciones. Como conciencia de la diferencia a través de la identidad, la dialéctica es, no sólo un proceso progresivo, sino también regresivo (Cabe preguntarse hasta que punto este proceso regresivo no se emparentan con la noción genealógica que platea Nietzsche). En éste sentido la imagen del círculo la describe correctamente. El despliegue del concepto implica a la vez desandarlo, sintetizar y rescatar la determinación particular de la diferencia que se perdió en el concepto. Sólo una vez realizada la síntesis, en la unión de los factores contradictorios, se manifiesta su diferencia. Mientras no se ha dado el paso de que ser y nada son lo mismo, ambos permanecen, con una palabra favorita de Hegel, mutuamente <<indiferentes>>. Sólo cuando ambos tienen que ser lo mismo, se convierten en contradictorios. En este proceso el pensamiento se ha extraviado en la identidad, capitula fácilmente ante lo enigmático y hace del enigma del objeto un tabú para el sujeto. Todo lo que excede el contexto, lo que queda por fuera, de lo uno, es abroquelado por Adorno con el concepto de constelación. Las constelaciones representan, desde fuera, lo que el concepto ha amputado en el interior, el plus que quiere ser por más que no lo pueda. Al reunirse los conceptos alrededor de la cosa que hay que conocer, determinan potencialmente su interior, alcanzando con el pensamiento lo que esté eliminó necesariamente de sí. La constelación implica que cuando una categoría cambia —la de identidad y totalidad por obra de la dialéctica negativa—, se transforma la constelación de todas y consecuentemente otra vez cada una.

El pensamiento de la identidad es subjetivista, por más que no lo acepte. El objeto sólo puede ser pensado por medio del sujeto; pero se mantiene siempre frente a éste como otro. En cambio, el sujeto, ya por su misma naturaleza, es antes que todo también objeto. El sujeto es impensable, ni siquiera como idea, sin objeto; en cambio éste lo es sin aquél. Subjetividad significa también objeto, pero no viceversa. La expresión <<Dasein>>, sinónimo de sujeto, alude a ésta situación. Su origen es la objetividad: el sujeto es; de ahí que tenga algo de objetivo. El sujeto como ente se construye. Y es constituido, es decir modelado, por las sociedades de control.

Finalmente, nos permitimos indicar una última característica de la dialéctica negativa. Ella invita a un materialismo iconoclasta (derriba todos los íconos burgueses) el cual nos señala que la mentada liberación de los proletarios, cuando se hicieran con los medios de producción, fue falsa y que en su lugar seguimos gobernados por una burocracia que nos constituye como sujetos modelables, ejerciendo su dominio no sólo como imposición sino también como posibilidad de realización.

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