De la cinta fija a los caminos inciertos

Por Damián Karo

Repensemos la búsqueda de la felicidad. Cuando nos sentamos incómodos, en lugar de responsabilizar a otros o sostener la queja eterna, cambiemos lo que nos desagrada. Entre las opciones se encuentran el camino de la resignación, pero también el de poner manos a la obra y buscar la forma de que nuestros sueños se acerquen a realidades.

Cambiar qué, para alcanzar qué y hacia dónde, son las primeras preguntas. Como con las líneas rectas, si sabemos dónde estamos y hacia dónde queremos ir, queda trazado el camino. Definiendo quiénes somos y nuestros deseos genuinos podemos diseñar el plan de acción.

Cambiar es una constante búsqueda interior, no es suficiente desearlo. Implica, ante todo, un recorrido, un trabajo espiritual. Requiere de la disposición para invertir energía y tiempo hasta alcanzar el estado deseado. Si no estamos entrenados en el arte de cambiar, debemos aprender a transitar este nuevo camino.

Un nuevo camino implica no solo cambios, sino también introducir novedades. A partir de lo transitado, innovar, que es mudar o alterar algo siendo creativos. En estos tiempos se busca cómo innovar y modernizar en varios ámbitos. Se habla de innovación, no solamente en los campos de la ciencia y la tecnología. Esa búsqueda, que es tan positiva en diversas áreas, la podríamos aplicar a nuestra vida. ¿En qué vamos a innovar? No es que abandonemos por completo todo a lo que estamos acostumbrados, pero sí correr un pequeño riesgo para probar algo nuevo. Así como hoy funciona en diferentes espacios, podría también resultar en nosotros. ¿En qué podríamos innovar? ¿Quién nos lo impide? ¿Qué cosas no deseamos cambiar o a cuáles le tememos?

Uno de los desafíos que posiblemente se nos plantee en ese paso sea el del dolor. Reconocer que deseamos cambiar algo nuestro implica tomar conciencia de lo que nos molesta. Aceptar algo negativo en nosotros nos genera malestar. Reformular nuestra imagen, ver que no somos todo lo que creíamos ser no es grato.

¿Cómo asumir nuestras imperfecciones? En principio, reconociendo que somos seres humanos y como tales imperfectos. Puede ser que el ansia de transformación no aparezca porque en el pasado estuvimos mal sino porque, al haber crecido, vimos que lo que antes nos hacía sentir bien ahora ya no. Pero no debiera ser un gran problema el asumir que en algo deseamos cambiar. Es más, debiéramos alegrarnos al poder notarlo.

Al no percibir qué es lo que nos disgusta de nosotros mismos estamos engañándonos, considerando que somos perfectos. Por más que racionalmente sepamos que no es así, para evadirnos, nos asumimos en un supuesto irreal. Ver lo que no nos agrada de nosotros mismos es la condición primera para poder aprender y crecer. Solamente viendo nuestro lado oscuro y trabajándolo podremos ser más plenos y dichosos.

Otra trampa del dolor es la costumbre. Hay una comodidad en el no-cambio, pero nos genera la incomodidad de no crecer y no estar satisfechos con nosotros. El vivir se nos vuelve monótono, días idénticos a otros, aburrimiento. Buscamos el escape en algo que no nos termina de satisfacer, por ser asuntos que no son relevantes para nosotros. La rutina nos arrastra como un río. Por sostener una imagen del propio ser, tanto para nosotros como para los demás, nos quedamos inmóviles. Para quien no está acostumbrado, nadar contra la corriente exige un esfuerzo, y este genera dolor. Como dice Eduardo Galeano: “Requiere más coraje la alegría que la pena. A la pena, al fin y al cabo, estamos acostumbrados”[1]

Cuando practicamos deportes, los músculos que no están acostumbrados a ejercitarse duelen. Espiritualmente, nos pasa lo mismo. “Todos los comienzos son difíciles.”[2]

Es muy importante focalizar en que transitamos el camino de nuestros deseos, que nos dirigimos hacia nuestras metas, que nos estamos transformando en aquello que deseamos. Sí, duele, pero es dolor de crecimiento; atravesémoslo con madurez, fortaleza y alegría.



[1] Galeano, Eduardo, Días y noches de amor y de guerra. Eduardo Galeano, uruguayo (1940). Periodista y escritor. Autor prolifero y muy traducido. A lo largo de sus obras confluyen varios géneros literarios: narración, ensayo, poesía y crónica.

[2] Mejilta de Rabí Ishmael, Itró.

Fragmento del libro Vivir sin etiquetas.