Sarmiento y Borges

Por Nahuel Muñoz

“Sarmiento el soñador sigue soñándonos”.
J. L. Borges.

En esta nueva oportunidad que tengo de tener contacto con los lectores de Mosaico, voy a profundizar en el pensamiento de Domingo Faustino Sarmiento. Por lo tanto los invito a seguir ésta y las próximas entregas, en las cuales, iremos explorando las visiones que el educador sanjuanino pensó para nuestro país. Esta vez, el tema será Sarmiento y Borges, dos de los escritores mas importantes que tuvo Argentina.

A lo largo de su obra, el gran pensador Jorge Luís Borges ejecuta una de esas obsesiones que sus seguidores gustan de rastrear. Ella consiste en elegir un exponente de la literatura que represente de manera simbólica el país; de esta manera identifica a Shakespeare con Inglaterra, Cervantes con España, etc. Una de las bellas excepciones seria Francia, cuya excelsa luminaria literaria hace imposible un recorte tan arbitrario. Si nos dejáramos llevar un momento y ejecutáramos este ejercicio en el ámbito político de la Argentina tendríamos, seguramente, la misma dificultad. Ahora bien, si dicho ejercicio lo acotáramos aun más y eligiéramos ya no, sólo hombres de acción sino también ciudadanos que se dedicaron a pensar la Argentina, la lista se reduciría bastante: Raúl Scalabrini Ortiz, Juan B. Justo y Joaquín V. González son nombres (entre otros) que seguramente no podrían faltar. Pero indudablemente los dos emblemas que encabezarían la lista serian Sarmiento y Alberdi. Dos símbolos, dos grandes pensadores que representaron la disputa de la época en cual la Argentina definía su organización. Ambos son los máximos exponentes de formas diferentes de pensar el país, cosa que se evidenciará aun más luego de la caída de Rosas. La historia nos regala pocos hombres como ellos, la Argentina tuvo la suerte de tenerlos juntos y en un momento decisivo, el de la conformación del Estado nacional.

Volviendo sobre Borges, también entiende a Sarmiento como representante y símbolo de un país distinto, el que finalmente triunfo. Expresión de una forma de pensar al país necesariamente extranjera. La Argentina está despoblada y sin educación pero su geografía y recursos la hacen potencialmente rica, Sarmiento invita a la colonización e insta la inmigración. La civilización europea y, sobre todo, estadounidense debe triunfar sobre la barbarie, el desparpajo y la tiranía de los caudillos federales. La famosa dicotomía, tan manipulada y utilizada, cobra vigencia en un contexto de formación nacional y paradigma positivista. Borges lo entiende así y su mención a Sarmiento, como pensador de una Argentina que nunca fue, es constante. Él se identifica como heredero de la corriente liberal que el pensador sanjuanino quiso instaurar. Consciente de ello, Borges vuelve a evocar aquella dicotomía con el advenimiento del Peronismo; “[…] Vencen los bárbaros, los gauchos vencen […]” confirma e identifica a través de la figura de Laprida la desdicha de estos pueblos olvidados del sur: “[…] Yo que anhelé ser otro, ser un hombre / de sentencias, de libros, de dictámenes, / a cielo abierto yaceré entre ciénagas; / pero me endiosa el pecho inexplicable / un júbilo secreto. Al fin me encuentro / con mi destino sudamericano. […]”[1] Quizás hoy esta disyuntiva parezca olvidada, sin embargo, sigue siendo el fundamento de los argumento de muchos de los intelectuales que, con una elaboración académicamente más presentable, lo definen tras el concepto de “populismo”. A nuestro entender Sarmiento como pensador destruye estas categorías, y quedarse con esa afamada dicotomía (de civilización y barbarie) es restringirlo y disminuirlo. Ese gran soñador que ejerció uno de los gobiernos más importantes de la Argentina (junto con Mitre y Avellaneda) es en sí mismo una síntesis: la del provinciano pobre que llego a ser uno de los mayores exponentes de la cultura, impávido contra (lo que él denominaba “barbarie”); y fundador de escuelas y hospitales públicos. Sarmiento, exponente más claro de la razón instrumental pro imperialista que Adorno y Horkheimer criticaron[2], aún hoy nos sigue soñando.

[1] Borges, Jorge Luis. (2011) Obras completas. Tomo 7. El otro, el mismo, Poema conjetural. Buenos Aires: editorial Sudamericana. Pág. 131–132.

[2] Adorno, T. W. y Horkheimer, M. (1988) Dialéctica del iluminismo. Buenos Aires, Editorial Sudamericana.