Elegimos creer, parte 2

Porque mas de una vez la mentira es mejor que la verdad. Porque no estamos preparados para la verdad. Porque preferimos negar a aceptar. Porque aceptar es, de alguna forma, madurar y es algo que seguimos esquivando con películas de superhéroes y borracheras adolescentes, incluso en la tercera década de nuestra vida. Es por esto y mas que me pongo a enumerar, por segunda vez, las mentiras que elegimos creer.

  • “Acomodemoslo bien, no se van a dar cuenta”. Oh la niñez, esa maravillosa etapa llena de inocencia. Y ese precioso momento en el que tu hermano y vos improvisaron una cancha de fútbol en el medio del living, él tira un centro y vos la agarras de volea con tanta mala fortuna que el pelotazo pega en un jarrón. Vos y tu hermano piensan que tus padres no se van a dar cuenta, no solo eso, después de maquillar la zona del crimen están convencidos que no se van a dar cuenta, y ahí está la maravillosa inocencia de la que hablaba. Esta dulce mentira tiene como esperanza de vida el tiempo entre que acomodaron todo y tu madre vuelve a mirar el jarrón en cuestión, no mucho mas.
  • “No vuelvo a tomar nunca mas”. Es de las mentiras que nos decimos a nosotros mismos todos los domingos a la mañana en las que el dolor de cabeza no nos deja pensar claramente. Una vez que el dolor se va, volvemos a entrar en razón y embriagarnos hasta el desmayo vuelve a ser una gran idea.
  • “¡Que lindo dibujo!”. Nuestra madre nos ama ¿y cómo lo demuestra? Elogiando esos rayones incomprensibles que hacíamos de pequeños en hojas blancas que encontrabamos. Incluso de grande miro y me pregunto “¿a qué edad me habré dado cuenta que dibujaba tan horrible?” y comencé a no hacerlo, al menos, para el público.
  • “Jamas haría una cosa así, vos y yo somos amigos”. Si a mi me dicen esa frase (por segunda vez en la vida) yo saldría con un chaleco de kevlar todas las mañanas de mi casa. Y por las dudas encerraría a mi hermana en un bunker subterraneo hasta que pase el peligro.
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