I Believe I Can Fly

Teníamos posesión del balón en la mitad de la cancha. Yo me lanzo como una gacela y pico al vacío, mi compañero me ve pasar y levantando la mirada tira un centro elevado al borde del área. La pelota venia muy alta yo venía muy rápido… salto, muy alto, me elevo, me separo del suelo, por los parlantes de la cancha suena esa famosa canción que dice “i believe i can fly, i believe i can touch the sky”, la bocha y yo en el aire buscándonos el uno al otro. El arquero sale a achicar, con los brazos en alto, mas bien pidiendo auxilio que tratando de detener aquello que, aunque él todavía no lo sepa, ya es inevitable. Estando en el aire pienso en romper el arco de un derechazo, de aplicar todas mis fuerzas sobre el balón y hacer de él una bala de cañón contra el arco rival, pero me doy cuenta que en el proceso puedo provocar enormes daños físicos y psicológicos al arquero, que por mas que juegue en el equipo rival es un ser humano. Entonces me decido que lo mejor es la sutileza, la elegancia. Flotando como una pluma decido conectar con la redonda con una simple caricia, con un toque de aprecio para el esférico, y como dos amantes que se separan en una terminal de ómnibus, mi pie derecho le dice a la ‘caprichosa’ a modo de susurro “allá, al segundo palo”. El beso de despedida mas maravilloso que Hollywood jamás haya podido capturar en fílmico se produce entre mi pie y ella. Yo, todavía en el aire, veo la cara de frustración del arquero desde arriba cuando ve la pelota pasar por encima de él y colarse en el arco con un suave y delicado mimo a la red.

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