Un bestseller para Sevilla ¡ya!

Decía el otro día Arturo Pérez Reverte que su próxima novela, la segunda parte de las andanzas del personaje que protagoniza su Falcó, la va a desarrollar en la Sevilla de 1937, en los negros tiempos de Queipo de Llano (y por cierto, ya es casualidad que esto haya coincidido con la confirmación de que no hay manera de sacar la tumba del tenebroso militar de la basílica de la Macarena, algo que da para otra novela). Pero a lo que vamos, Pérez Reverte retomará Sevilla como escenario literario (ya paseó por aquí con la alatristiana El oro del rey y con La piel del tambor), algo que no suele ser muy habitual, hasta el punto de que podría afirmarse que todavía está por escribirse la gran novela de la ciudad.

Portada de la última novela de Pérez Reverte, ‘Falcó’, un personaje que en su próxima entrega estará en Sevilla.

Que sí, que es verdad que sin ir más lejos el mismísimo Miguel de Cervantes la llevó al papel, o que puede seguirse el rastro de Sevilla en páginas hermosas como del Ocnos de Luis Cernuda o el Divagando por la ciudad de la gracia de José María Izquierdo. Casos y ejemplos los hay a borbotones, que no cunda el pánico, pero la mayoría de ellos de corte local, nada que haya supuesto un verdadero respaldo para la imagen de la ciudad como, sin ir más lejos, el rodaje de ‘Juego de tronos’. Antes al contrario, algunos foráneos se han animado a ambientar sus historias en nuestra ciudad con un resultado de sálvese el que pueda, como el superventas de Dan Brown, que nos dibujaba una Sevilla pavorosa en La fortaleza digital, o Robert Wilson, que de la mano de su comisario Javier Falcón (uy, casi como el personaje de Pérez Reverte) pasea, como en El ciego de Sevilla, por una urbe de tópicos casposos que no mejora ni Cristina Cifuentes con sus declaraciones.

Estos últimos casos son como un revival literario y terrorífico de aquellas tantas óperas que durante dos siglos se ambientaron en una Sevilla que era símbolo de lo exótico y lejano, relatos también muy cargados de imágenes manidas pero que por lo menos tenían calidad. A la espera de a ver qué hace con nosotros Ken Follett en su próxima novela, que para eso estuvo pateando por aquí un par de veces para documentarse, todavía aguardamos un bestseller sevillano con mayúsculas. Lo más cerca que hemos estado ha sido con la revertiana Piel del tambor, pero no deja de mirarse con envidia el revuelo que se ha formado en Barcelona con la presentación de dos novelas, hace poco la segunda parte de La catedral del mar (Los herederos de la tierra) de Ildefonso Falcones y ahora con El laberinto de los espíritus, el cierre de la tetralogía de La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón.

Estos dos casos nos presentan a Barcelona como un personaje más, encajado en relatos devorados por millones de lectores. Pues una cosa así nos falta todavía en Sevilla, y no será ni por falta de escenarios ni por historietas locales (históricas o ficticias) ni por paisanaje. Por desgracia, casi siempre que alguien hace el intento surgen criaturas que dan miedo, como para agradecer el esfuerzo pero sugerir que no se vuelva a intentar. A ver si las musas se esfuerzan un poquito y alumbran el ingenio que nos convierta en un superventas… a ser posible a lo largo de este siglo.

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