Gustavo Beckelmann «No pienso mis obras en términos de mercado»

El escultor paraguayo Gustavo Beckelmann (1963) nos cuenta como hace para vivir del arte en Paraguay sosteniendo su visión social y política.

Entrevista: Silvia Sánchez Di Martino

¿Cómo fue el desprendimiento de una profesión económicamente más segura hacia una mucho más incierta?
Tomé la decisión muy conscientemente, sabía que iba a ser difícil. El consenso generalizado entre los colegas es que la escultura es la pariente pobre del arte. Si pintás el óleo y no sos un desastre con tu técnica podés trabajar en un rincón de tu casa sin mucho drama. Pero en escultura se trabaja a una escala diferente: se necesitan herramientas, materia prima y espacio especializado, y llegado a un cierto volumen de obra, se necesitan también ayudantes. Como te decía, es la pariente pobre, siempre se vende peor que la pintura.

Lo que pesó mucho a favor de mi decisión fue que estaba comenzando a exponer y vender en el exterior. Me quedaba dos o tres meses en Europa y volvía con plata. Lastimosamente, a mi galerista le dio un ataque al corazón y cerró la galería. Conseguí otra después, pero ya no con la misma salida.

«El consenso generalizado entre los colegas es que la escultura es la pariente pobre del arte»

¿Fueron las galerías holandesas las que te sostuvieron económicamente?
Lo que siempre me sostuvo fueron los encargos.

¿Y cómo manejás esos encargos?
Con libertad total. Trabajo mucho con maquetas. Hago una propuesta y si se acepta ya corre.

¿Se vuelve más fácil, económicamente hablando?
No, ahora mismo estoy en quiebra. Lo que se hace más fácil es que la gente conoce tu trabajo y te trata a otro nivel. La gente acepta lo que proponés.

¿Creés que esto se aplica solo a Gustavo Beckelmann o también al circuito del arte local en general?
Todo el mundo se queja. Pero hay gente que vende mucho. Pintores, digo.

Estés o no en quiebra, sos una persona que vive de lo que le gusta, algo que en nuestro país es considerado un lujo. ¿Cómo se logra vivir del arte en Paraguay?
Laburando. Y laburando más hasta que eventualmente te hacés un nicho y un espacio. No hay que dejar de laburar. Tenés que mostrar tu trabajo.

Gustavo en su casa-taller. Foto: Nath Planás

Existe la idea del artista como bohemio obligado. ¿Cuál es tu metodología para trabajar?
Antes trabajaba de día en arquitectura y de noche en escultura. Pero en un momento dado me di cuenta que no funcionaba y comencé a disciplinarme, sobre todo cuando comencé a tener ayudantes que necesitan un horario. El 80% o 90% de mi obra la hago en ese horario. Nosotros literalmente jugamos con fuego. Las máquinas pesadas son peligrosas. No podés joder con eso, tenés que estar sobrio, lúcido y muy atento.

De noche hago lo conceptual. Cosas que puedo hacer viendo una película o tomando cerveza, como modelar y dibujar. Pero de bohemio nada. Bohemio sería si estuviera jodiendo todas las noches hasta las cinco de la mañana.

Es lo que decía Picasso: «la inspiración existe, lo importante es que te encuentre trabajando». En escultura, una vez que tenés la idea de la obra después te toca mucho trabajo manual, pero eso ya es otra gerencia, mientras que estás haciendo la manualidad, ese trabajo me da la idea para el siguiente.

De noche hago lo conceptual. Cosas que puedo hacer viendo una película o tomando cerveza, como modelar y dibujar. Pero de bohemio nada. Bohemio sería si estuviera jodiendo todas las noches hasta las cinco de la mañana.

¿Cómo circula tu obra y quién la compra?
La obra circula a través de galerías. Ahora estoy en dos nomás. Nunca pregunto quién me compra. Tengo un gran coleccionista que me compró mucha obra. Me dijo que ya no tiene lugar en su casa para más obras, a pesar de que tiene una casa muy grande. También tengo un cliente que me hace muchos encargos.

Decís que no pensás la escultura en términos de mercado. ¿Cómo pensás tu obra y para quién la creás?
Pienso que mi obra es bastante social y política, y en ese sentido es comunicativa. Mi principal tema es el conflicto humano. Pero mi obra es para mí antes que nada. Básicamente, son obsesiones. Son cosas que me entran en la cabeza y hasta que no las consigo sacar me vuelven un poco loco. A veces son conceptos puntuales y precisos; otras veces son cosas que me van dando vueltas en la cabeza y se van desarrollando hasta que de repente coagulan y toman forma. El problema es encontrar el concepto.


Podés conocer más de Gustavo Beckelmann y otros artistas visuales de Paraguay siguiendo la serie #Artífices, cocreada por Kurtural y Hepner.

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