Psicopolítica

No es justificación, es desahogo. Me quedé corto en el desarrollo de las ideas pretendidas en un ensayo que recién escribí sobre los retos de los partidos políticos en Latinoamérica. Hoy veo, ya sin la premura de la entrega, que no fui claro ni preciso en lo que pretendía exponer. ¿Qué pretendía exponer?

En primer lugar quería evidenciar la evidente desconexión de los partidos políticos con la población, lo cual impide una adecuada canalización de las demandas sociales por parte de estos organismos. Esto, porque han perdido de vista qué son y para qué están. Sus intenciones son meramente electorales, buscan ser favorecidos con el voto por negocio, porque la política es su negocio. Estar en el poder es el principal objetivo, una vez ahí, lo demás no importa. Ése es el mensaje que envían los partidos políticos.

Segundo punto, que explica al primero, es que los partidos políticos son máquinas electorales, ven al ciudadano no como tal, sino como consumidor al que pretenden seducir (frase de Byung-Chul Han). El marketing político se ha encargado de extraer el alma de lo que originalmente era una agrupación como los partidos políticos, que eran una herramienta de representación ciudadana, un control de los poderes, la defensa del pueblo en cierta forma.

Hablando de defensa, el tercer punto es precisamente ese abandono de la sociedad por parte de los partidos. Zigmunt Bauman lo explica mejor:

“Uno no puede estar seguro de sus derechos personales a menos que pueda ejercer sus derechos políticos y hacer valer esa facultad en el proceso de elaboración de las leyes; no obstante, las posibilidades de hacer valer esa facultad serán como mínimo, débiles a menos que el patrimonio (económico o social) controlado personalmente y protegido por los derechos personales se lo bastante consistente como para que se lo incluya en los cálculos del poder”.

Cuarto y último punto. La despolitización de las sociedades, traducida en una falta de conocimiento sobre los derechos políticos del ciudadano y una limitada participación ciudadana. Esto, considero, es una responsabilidad de los partidos políticos en el sentido de resolver esta falta de educación. Tienen, pues, una deuda pedagógica.


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