¿Cómo nos Afectan Los Prejuicios y Los Límites?

Si existe algo que hasta el momento he podido aprender sobre la vida, es que pasa demasiado rápido. En un instante estás soñando con crecer, y al abrir los ojos te das cuenta de que ya no eres el pequeño que jugaba a las escondidas. Y es ahí, cuando no quedan rastros de la infancia, que comienzan los “si hubiese”, los “debí haber hecho”, los “pude haber sido”.

Muchas de las personas que conozco, incluyéndome, cargan con el peso de al menos una de esas frases en su espalda, otras las llevan consigo en lugares aún más visibles. Puedo, con toda certeza, decir que ignoro los motivos de las historias ajenas, pero conozco muy bien las razones de las mías. Prejuicios y límites.

Prejuicios heredados que procuraron quedarse arraigados en la esencia del ser como si de una modificación genética se tratase, y que se empeñan en crear los términos finales a los cuales debemos ajustarnos, por siempre. Prejuicios que en muchas situaciones, son la causa del caos y de los más grandes obstáculos que impiden el progreso y que truncan el desarrollo humano.

A la misma historia se suman los límites que fueron alimentados cuando soñaba con crecer, al escuchar a viva voz una alta dosis de “no puedes”; frase que resonó tantas veces en mis oídos que en algún momento terminé creyéndola. Terminé reduciendo todo lo que pensaba posible, y me sumé a aquellos que habitan la isla finita de las imposibilidades, de la muerte de los sueños, de la extinción del arte, del ocaso de la poesía, del derrumbe de la literatura, del miedo a realizar.

Y es que, a pesar de que todos nacemos artistas, como decía Picasso; después nos enseñan, señalaba alguien más. No digo que esté mal el que se nos instruya, pero pienso que la parte no tan agradable de esa instrucción son los prejuicios que nos dejan como herencia aquellos que han de enseñarnos, y el mismo entorno en el que nos vemos envueltos.

Lo bueno es que, contra todo prejuicio y contra todo límite, mientras se respire, la opción de elegir, de ser lo que queramos y todo lo que podamos ser… todavía existe.

Aún hay lugar para crear, para crecer y ser; porque cuando se ha creído que no se puede, como un ejemplo para atreverse, pasan delante de nuestros ojos aquellos que, haciendo frente a toda limitación, se han arriesgado a crear un mundo parecido al que alguna vez soñaron. A un mundo lleno del arte con el que nacemos, uno en el que ser es más importante que pretender, y donde el murmullo de los entes ajenos, no es más que el eco del silencio que no se escucha.

Así que, a esa vida que pasa rápido, prefiero restarle algunos lamentos, cargar mi equipaje con esos sueños que soñé cuando soñaba con crecer y, con ellos, destruir las imposibilidades que, alguna vez, unas voces aisladas y unos límites ficticios colocaron en mi camino.

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