Fragmentario de lecturas

El oficinista de Guillermo Saccomano

“No es novedoso ver parir a una india. Todo el tiempo están pariendo las indias. Todo el tiempo en todas partes. Sin embargo el espectáculo no deja de llamar la atención. El público, cada vez más numeroso, contempla el parto como un acto de arte callejero. Ante la india hay tendida una manta con bolsitas de polietileno, una variedad de especias y hierbas. Pimentón, ají molido, orégano, sésamo, salvia, laurel, tomillo, azafrán, manzanilla, tilo. Junto a la india también hay una lata con monedas y billetes arrugados. A la larga, piensa, los indios volverán a reinar en este continente. No paran de reproducirse. La india no se inmuta. Baja, ancha, de ojos rasgados, rodete de pelo negro, es una estatua de arcilla. Se sobrepone al dolor, resiste el sufrimiento de las contracciones. Puja una y otra vez. Puja y la criatura empieza a salirle. Puja. Espasmos cortos. Le chorrean la sangre y el líquido amniótico. Puja. Corta el cordón con los dientes. Alza la criatura oscura y amoratada .
Pero no todos miran impasibles el espectáculo. Una rubia embarazada, probablemente una secretaria, se desmaya. Un hombre se marea y se aparta. Otros, trastabillando, se corren para vomitar. Un muchacho se descompone. Una vieja protesta. Varios retroceden con espanto. Alguien pide una ambulancia. El oficinista queda frente a la india parturienta. Se oye una sirena. Los curiosos le ceden espacio a la ambulancia. La sirena. Una paramédica salta de la cabina y dos enfermeros la siguen. Bajan una camilla. El público se abre ante los enfermeros. La paramédica se agacha sobre la rubia embarazada que no reacciona, le toma el pulso, le pone el estetoscopio, gira, hace una seña a los enfermeros.
En la vereda, todos le dan la espalda a la india. La rubia embarazada, la paramédica y los enfermeros captan la atención del público. Ante la india sólo queda él, impávido, mirándola a los ojos. La mujer envuelve la criatura en un poncho, la acuna. Después saca diarios de una bolsa y, siempre sosteniendo con un brazo la criatura, limpia a su alrededor, friega. Friega y lo mira. No le gusta cómo huele la mujer, pero igual le sonríe.”

© Guillermo Saccomanno, 2010

©2010, EDITORIAL SEIX BARRAL, S.A.

ISBN 978–84–322–1282–6

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