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Capítulo 14

El güerito en el arroz (2 años A.D.)

En un ambiente laboral, digamos, gris, encontrar de repente un punto de color que sobresalga es algo de admirarse. Hagamos un ejercicio: Imaginemos el aspecto físico promedio de los compañeros del lugar donde trabajamos. ¿Listo? Ok, si te das cuenta ni tú ni tus compañeros son precisamente modelos de póster de tienda de ropa, somos más bien “normales”, ya sabes, algo gorditos, no muy altos, algunos con dientes chuecos o calvos, otros con acné, y muchos con no muy buen gusto para vestir. A ver, no hagas esa cara, no es que esté mal, simplemente así es, vaya, así somos.

Dentro de la oficina, después de pasar tanto tiempo juntos, siempre llega la fantasía de que en algún momento una de tus compañeras, no sé, digamos… Rebeca, la de cuentas, esa noche en que se queden tardísimo sacando una presentación urgente, te llamará a su oficina para que tengan sexo sucio y sin compromiso. Ella te dirá que ya lo ha pensando desde hace mucho y que ahora, aprovechando que el edificio está completamente solo, finalmente se ha animado a confesártelo porque ya no puede más.

Aquí lo interesante es que Rebeca no es particularmente guapa ni nada, simplemente es la única razonablemente en forma, por lo menos no tiene esa panza que se divide en tres partes, siendo la de en medio la que sostiene el pantalón; es la única de toda tu área que es más o menos de tu edad y que todavía mantiene, por así decirlo, su forma humana. Pero Rebeca nunca te llama más que en tus chaquetas mentales. Y te das cuenta que las guapas, por alguna mala broma del destino, trabajan en otro piso o en otra empresa, ya sabes, la paradoja de que el pasto de la casa de enfrente siempre es más verde.

Sin falla, se lleva a cabo en las oficinas, sin que nadie abiertamente se lo haga saber al grupo contrario, este juego de “A quién sí me daba”. Todo el mundo lo hace, todos lo comentan entre ellos, o sea, los hombres con su grupo y las mujeres con el suyo. No importa si estás comprometido, con novia o casado, igual puedes participar; ahora que si decides dar el siguiente paso y tratar de anotar con la persona de tu interés, ya dependerá de tus valores o de tu urgencia. Lo preocupante es cuando empiezas a ver a la única mujer delgada de tu piso como la vieja ideal para perder tu chamba porque los grabaron echando pasión en el clóset de los consumibles, o en el estacionamiento, o en la sala de juntas.

No sé cómo sea en el caso de las mujeres, quizás las solteronas quedadas también tengan un ritual cuando entra un hombre nuevo a trabajar en su equipo. ¿Si sabías que las mujeres solteras en sus cuarentas tienen la misma probabilidad de ser atropelladas que de casarse? En serio. Y aunque la estadística y la experiencia nos indicarían que el nuevo colaborador estará horrible y será tetísimo, de todos modos lo examinarán para determinar si es material genético adecuado para tener hijos. Porque esto es un secreto a voces, llega un momento en la vida de toda mujer en que si está con alguien ya no sólo es para cogérselo, sino que empieza a imaginar cómo se verían sus hijos en caso de que se embarace “sin querer”. Sí, no se hagan mujeres, ustedes también usan muy cabrón a los hombres. Aunque muchas “chavas cool” y “liberales” digan que no quieren casarse y que el compromiso y el amor no se dan gracias a un papel, bla, bla… todos sabemos que muy adentro, se quieren casar, así que paren de mamar.

Cuando RH nos avisa que en la siguiente semana alguien nuevo se incorporará al equipo de trabajo, adivina qué es lo primero que hacemos. Acertaste, lo facebookeamos. Así vemos cómo se ve el sujeto o mujer en cuestión. Ahora, en caso de que tenga bloqueada a “sólo amigos” su página de perfil, con la pura profile picture basta para darnos una idea; pero ojo, esa foto es muy engañosa porque siempre son las mejores fotos o las retocadas y eso no nos permite tener un veredicto final. O si sale de espaldas en un paisaje o con lentes o con un grupo de personas, hay muchas variables a considerar, pero siempre es un buen termómetro para saber si nos arreglamos para el siguiente lunes o es una pérdida de tiempo. Porque si es amable, o simpática, o lo que sea pasa a segundo término, hay veces que lo único que necesitas es alguien que esté guapa para ponerle algo de emoción a esta pinche oficina.

De hecho, conozco un estudio que señala cuáles son las cosas que más temen en una cita a ciegas hombres y mujeres, y cuando alguien nuevo entra a la oficina es muy similar. Qué tal que entra la mujer que siempre he buscado, mi alma gemela, esa chica que finalmente me ayude a sentar cabeza o a abandonar a la gorda aburrida de mi esposa y huir a su lado. Si eres mujer, imagínate que llega a trabajar el siguiente lunes aquel güey que te hará de una vez olvidar al patán golpeador de tu ex, alguien que te quiera como nadie y te sea fiel, y se quiera casar y tener hijos… ya si es atractivo o no, no importa, se puede compensar dependiendo de su puesto e ingresos mensuales.

Regresando al punto original, lo que más temen las mujeres en una cita a ciegas es que la persona que conozcan sea un psicópata; ya sabes, alguien que las pueda lastimar, raptar, herir, violar, torturar, llevarlas a un concierto de trova, esa clase de enfermos. Para los hombres, lo que más miedo causa al acudir a una cita a ciegas es que hayan puesto todas sus esperanzas y testosterona en una gorda. En serio.

Por eso, los lunes de inicio de quincena, que es cuando normalmente se integran los nuevos elementos, solemos arreglarnos un poco, por si acaso la nueva está mamacita. Oímos unos pasos que se acercan, se abre la puerta y… gorda. Siguiente lunes especial, se abre la puerta y… horrible. Se vuelve a abrir la puerta y… ruca. Se vuelve a abrir la puerta y… gorda y fea. Eso sin contar a los que entran y son güeyes. Pero la primera vez que te diste por vencido y no te importó ir casi sin bañarte, todo desaliñado, se abre la puerta y… ¡no mames! Una vieja digna de un sex tape por el cual te corran de la oficina por compartirlo por mail con todos los colaboradores..

Gaby la de RH la presenta con todo el equipo y dice que se llama Lola. Todo el piso está pendiente de cómo camina y de lo buena que se ve. Lola, la nueva chica de cuentas, es de esas mujeres que te hacen entender por qué sobregiras la tarjeta de crédito tratando de complacerla; es el tipo de chava que te hace sentir gordo o sucio de lo bien que se ve cuando pasa a tu lado; es de las mujeres que te hacen preguntarte si eres lo suficientemente simpático para hacerla reír o si eres lo bastante “goodlooking” como para intentar agregarla como amiga en Facebook para que, una vez que te acepte, puedas buscar sus fotos en bikini de cuando se va a la playa.

De repente, todos los hombres de la oficina son súper amables con ella, y más porque no lleva anillo de compromiso, y todavía más porque no faltó el teto que le preguntó: “¿Oye, y tu novio trabaja por aquí?”, y ella le contestó, con su sonrisa de dientes perfectos: “No, no tengo novio.” Todos mis compañeros se ofrecen para mostrarle la oficina, para configurar su computadora, para terminar su trabajo en caso de que tenga mucho, se prestan a hacer sus primeros reportes para que le vaya “agarrando la onda y no se preocupe”. Lola les agradece a todos sus “desinteresadas muestras de compañerismo”. Todos le ayudan menos yo. Bueno, y las mujeres que la ven con cara de “¿esta pendeja qué se cree?”. Por eso a Lola se le complica tener amigas en la oficina, las chicas piensan que ella se vale sólo de su apariencia para conseguir lo que quiere, seguro hasta se cogió a alguien para tener este trabajo, dicen.

A ver, de entrada, no creas que es tan fácil. Por más que me digas que ser físicamente atractivo es un accidente de la naturaleza y que, de no ser por cómo se ve, Lola no tendría este trabajo, esto sólo deja tu envidia al descubierto. Mira, te voy a contar sobre otro estudio que hizo una universidad en Inglaterra: resulta que de acuerdo a nuevas investigaciones, sí hay una relación directa entre ser guapo/a y ser inteligente. Así que el argumento de que la contrataron sólo porque está chichona puede dejar de ser válido muy pronto. Verás, los hombres inteligentes que son empresarios poderosos normalmente escogen mujeres muy guapas (no siempre muy listas) para casarse y tener hijos, no necesariamente en ese orden o con una sola mujer. Los hijos de estas parejas tienen dos opciones: sacar la inteligencia de su padre y la apariencia de la madre o verse fatal y ser no muy brillantes que digamos, hablando en el terreno de lo genético, por supuesto. Al repetirse la primera opción por varias generaciones encontrarás que es muy probable toparse con personas físicamente atractivas e inteligentes por la calle. Sí, a lo mejor la mamá de estos niños, de acuerdo a tus criterios de calificación escolar y social, es pendejísima porque no sabe quién fue el último Premio Nobel de Literatura o que África es un continente, no un país; pero sí fue lo suficientemente lista para salir de un departamento de interés social donde vivía con los ocho miembros de su familia para llegar a una pinche casota con dos sirvientas, viajes al extranjero y camioneta del año. Así que dale algo de crédito. Acuérdate que no hay nada más feo que ser pobre, así que si por toda una vida de comodidad hay que chupársela a un gordito calvo, no pasa nada, sólo piensa en su próximo crucero mientras lo hace y se le olvida.

Así que preocúpate cuando el nuevo sea más atractivo que tú, porque de dos personas igualmente capaces de hacer el mismo trabajo, SIEMPRE escogerán a la más guapa. De nueva cuenta, tus argumentos de que sólo le dieron el trabajo a Lola por su físico son absurdos, hasta donde yo sé, el físico también es parte de una persona. Saberle sacar provecho mientras lo tengas o le resulte atractivo a alguien más es parte del juego; o sea, es como si un día me dijeras que no quieres que te juzguen sólo por lo inteligente y brillante que eres así que actuarás como un idiota porque es más justo con los demás. ¡A la chingada eso! En esta vida juegas con lo que te toca, con todo lo que tienes, y si eso involucra ponerte mamado, usar escotes, minifaldas, estudiar horas extra, ir a la tintorería por la ropa del jefe, llevarlo a comer, ser su psicólogo o pegarle unos mamelucos; cada quien usa sus cartas como quiere, de acuerdo a lo que tiene y a lo que considere conveniente de acuerdo a su escala de juicios y valores.

Todo el mundo sabe que la mejor forma para salir de pobre si eres mujer es estando guapa. Puedes, en muy poco tiempo, subir la escalera social porque qué crees, a los hombres les encantan las guapas, y a ellas, el dinero. Ahí está el ejemplo de todas las gatitas que salen en la televisión. ¿Ya ves? Ellas usan sus talentos naturales o sus implantes artificiales. ¿Y si eres pobre y fea? Bueno, pues tendrás que ser muy brillante para salir adelante. ¿Es más difícil? Pues sí. ¿Que si es justo? Quizás no, pero así es. Ya cuando tengas tu propio mundo podrás poner tus reglas, pero éste en el que vivimos ya trae unas bastante bien escritas. Tampoco tienes que culparte tú, si vas a echarle la culpa a alguien, supongo que podría ser a tus papás por no tener unos genes más atractivos que, aunque no te fueran a hacer una súper modelo, por lo menos hubieran balanceado un poco el pedo. La buena noticia, amiga feita, es que si tú la armas, jamás serás dependiente de un ruco borracho, infiel y grosero porque no tienes a dónde más ir. Tú tendrás el destino en tus manos y, ¿a poco eso no está más chingón? Eso no se puede comprar. La capacidad de generar por ti misma riqueza no sólo te dará la máxima independencia, sino también te permitirá, con ese mismo poder, mejorar tu especie y que se la pongas más fácil a tus hijos, para que ellos no lleguen un día y te digan: “Mamá, ¿por qué estamos tan pinches feos?”.

Cada que Lola se acerca conmigo evito verla a los ojos, no por pena, sino porque estoy seguro de que detrás de esos ojos color miel se esconde su secreto. Bueno, eso y que está súper chichona. Siempre me he mantenido neutro con ella, sin tratarla de ninguna forma especial; me interesaba que supiera que yo no la veía como el máximo galardón de la oficina, que yo podía ser lo suficientemente maduro para no pensar en un día invitarla a salir un viernes después del trabajo para descubrir que ella y yo somos un “match made in heaven”.

Lola se cambió de trabajo, por lo que supe otra empresa le mejoró tres veces el sueldo, o eso es lo que decían. Jamás intenté nada con ella y este día, mientras la puerta de la oficina se abre para mostrarnos a la gorda que se quedará en su lugar, me arrepiento de nunca haberle hablado o intentado ser su amigo por verme “profesional”. La verdad es que nunca me acerqué a ella para no ilusionarme como el resto. El consuelo que tengo es que yo no me quedé con la tarjeta sobregirada como tres güeyes de aquí que trataron de conquistarla con cenas y regalos; por lo menos no estoy en la nueva lista de RH bajo la etiqueta de “acosadores sexuales”; no adopté a los dos cachorros que Lola se encontró abandonados y no sabía qué hacer con ellos; por lo menos no me quedé como el perdedor al que nunca pelaron.

Capítulo 15

Tipos de colegas (8 años A.D.)

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