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Capítulo 19

De vuelta a RH (10 meses A.D.)

Todavía no decido si creer o no en ese mail que me mandaron. Por las dudas, bajo al tercer piso para que Manuel, el nerdo de sistemas, me ayude a identificar de qué computadora o usuario me enviaron ese correo. Los de sistemas seguro dirán que no, pero en todas las empresas monitorean las computadoras del personal, así que si alguna vez te metiste al Pornhub, viste el partido de la Champions o bajaste toda la discografía de AC/DC, ellos lo saben.

Hace no mucho mandaron a todos los empleados un reporte que mostraba el ancho de banda que se supone tiene la oficina y, entre otras cosas y tecnicismos, nos dejaba claro que los miles de megas con los que contamos para navegar y hacer uso del correo electrónico no eran suficientes ya que algunos colaboradores irresponsables e inconscientes de los sagrados recursos de la oficina se la pasaban viendo películas, videos en youtube, en Facebook, descargando torrents y más, lo que saturaba la red; así que nos mandaron una nota “amistosa” donde señalaban puntualmente a los empleados que más megas descargados tenían, o sea, quienes más se la pasaban pendejeando en internet o haciendo cosas personales en el horario laboral. Obviamente no me sorprendió salir en segundo lugar, justo después de Ramón de contabilidad que se descargó toda la discografía de los Rolling Stones en ultra calidad digital profesional 7.1.

El punto es que los amigos de sistemas saben todo lo que haces, las páginas que visitas, los mails que mandas buscando chamba, tu carpeta “privada”, TO-DO. Hace poco supe que el H. departamento de Sistemas se burlaba porque a una chica de cuentas se le hizo fácil dejar en la lap de la oficina el sex tape que hizo con su novio donde claramente se le ve hablar al micrófono como una profesional y demostrar sus habilidades por si algún día quisiera ser jinete de rodeo. Supongo que ella imaginó que al mandarlo al botecito de basura desaparecería del mundo virtual. Neta, ¿a quién se le ocurre bajar su video porno en la computadora de la oficina?

Manuelito de sistemas se encargó de dedicarle dos que tres chaquetas a la susodicha además de subirlo a Youporn bajo el título: “Ejecutiva mexicana caliente” #Amateur #Latina #BigTits #Cowgirl #Blowjob #Office. Y no es que haya visto el video… tantas veces.

Bajo al tercer piso buscando a Manuel para ver si me hacía el paro de identificar la máquina de la cual me habían enviado ese correo. Llegar al área de “Sotorpe Técnico” es toda una aventura, y no tanto por las dos veces adicionales que te tienes que registrar antes de entrar con ellos, ni por el pinche frío que hace ahí (porque los servidores que tenemos en la oficina deben estar refrigerados), más bien es por los personajes que te topas ahí… son como raros. No sé si así es con toda la especie ingeniero en sistemas/programador, por lo menos en esta empresa parece que los sacaran de un molde: socialmente retraídos, no muy atléticos evidentemente, hablan en “código” de cosas tan triviales como su lunch, ya en los treintas pero viven todavía con sus papás para no tener que mover de lugar su colección de cómics y juegos de rol (eso lo estoy suponiendo), y probablemente vírgenes hasta los 28 años, si no fuera porque existen las citas en línea (esto también lo estoy asumiendo, pero no me parece en lo absoluto descabellado).

Camino por el pasillo final que me lleva a los cubículos donde está todo el equipo, es un cuarto amplio, bien iluminado, donde puedes ver en todos los escritorios como pedazos de circuitos, monitores a medio reparar, cables, muñequitos de Star Wars y refrescos. Justo antes de llegar pienso que hubiera sido buena idea pedirle a Jazmín de cuentas que me acompañara, porque da la casualidad que cuando a una mujer (de las guapas, obvio) se le descompone el mail o su compu ya no enciende, estos cabrones son el comando de rescate más veloz del mundo, súper serviciales, no hacen jetas y tampoco piden nada a cambio. Mi punto es que las chicas tienen este mágico poder de convencimiento sobre la especie masculina incapaz de hilar dos pensamientos si tiene un par de chichotas en la cara… y más si son ingenieros. O matemáticos. O de cualquier carrera en la que no se inscriban o trabajen mujeres. Es más, varios de los inges de aquí le han puesto nombre de mujer a sus computadoras sólo para que cuando posteen en su blog puedan decir que se quedaron en la oficina hasta tarde porque estaban tocándole las teclas a Sandra o metiéndole el código a Xime.

Llego al cubículo de Manuel y lo saludo muy efusivo, como si en verdad me diera gusto verlo y para que se note que vengo a pedirle un favor. Trato de hacerle la plática como por un minuto, ya sabes: ¿Qué tal la chamba?, el nuevo Windows, ¿qué app me recomiendas? Esas cosas que supongo le interesan aunque él se me quede viendo con cara de “no tienes ni idea de lo que estás hablando”, misma cara que yo le hago cuando el pendejo intenta hablar de futbol en el comedor. Me interrumpe y pregunta: “Dime, ¿en qué puedo ayudarte? Tengo mucha chamba pendiente así que”… Le cuento súper rápido del mail que me mandaron y que honestamente no estoy seguro que fuera una broma porque nadie más lo había recibido, además, hablaba de puras cosas de chamba así que tenía que ser alguien de aquí. “Es como si me hubieran espiado”, le digo. También le pregunto si es posible que un “spyware” se haya instalado en mi computadora dándole acceso a alguien sobre mis archivos, contactos, y cámara de video.

Manuel suelta una carcajada y me responde que nadie en la oficina podría hacer eso por la seguridad que tiene nuestra red; entonces, pienso, fue uno de estos pendejos de sistemas, igual alguien le pagó para chingarme. ¡Puta madre! Eso me pasa por estarlos tachando de nerdos vírgenes (que lo son). En eso, casualmente Manuel dice: “es más, ni nosotros sabemos hacer eso”.

Después de un rato, supongo que para que ya me fuera, Manuel me dice que puede revisar los usuarios e IPs de las computadoras que me mandaron correos el pasado lunes entre 10 y 11am; pero que tendría que hacerlo a la hora de la comida porque es algo de chamba extra y, pues, tendría que cobrármelo.

— ¿Cuánto cobras tu hora de servicio, Manuel?

— $800.00 — me contesta.

— Está bien — le anuncio — , con tal de saber quién chingados me está fastidiando.

Manuel acerca su silla a donde estoy sentado y me pregunta:

— ¿Y qué vas a hacer cuando sepas quién fue? ¿Lo vas a madrear? ¿A acusar con tu jefe? ¿Llevarlo a RH?

La verdad es que todas esas preguntas me hicieron darme cuenta de que no tenía ni idea de qué haría, supongo que sólo tener la satisfacción de ir con este cabrón y decirle: ¿Ya ves idiota?, soy más inteligente que tú, no me puedes chingar”. Le doy el dinero a Manuel sin contestarle nada, esperando que entienda mi silencio como: “eso es mi pedo”. Me levanto y, antes de salir del nerd room, Manuel me explica: “Antes de empezar tu cacería, te recomiendo que vayas a recurso humanos. Créeme, más vale que lo hagas”.

Ya tenía pensado ir a ver a Gaby al departamento de RH antes de que el pinche Manuel me lo dijera. Ella y yo nos hicimos buenos amigos cuando cortó con su novio y yo tenía los estándares muy bajos. No te imaginas lo que una mujer promedio despechada puede hacer cuando le dices: “cógeme como si nos estuviera viendo tu ex”. Después de un par de meses regresó con él y como que se quedó súper apenada porque ella “me botó” y “yo ya me estaba enamorando”. Yo sólo quería coger. En esos meses cuando me quedaba en su casa fue cuando me platicó sobre las razones detrás de tanta prueba psicométrica en el proceso de reclutamiento, y la verdad es que eso era divertidísimo. Así que si hay un psycho acosador en la oficina, Gaby seguro sabe quién es y puede ahorrarme unas 500 jetas de odio hacia todos los del comedor esperando que mi mirada fiera fuera lo suficientemente fuerte como para hacer confesar al bastardo que me había estado molestando.

Llego a su oficina y, tras asegurarme de que está ahí, toco la puerta diciendo: “¿se puede?”. Gaby levanta la vista de la computadora y al parecer le da gusto verme. Se levanta, camina hacía mí y comenta: “Qué bueno que estás aquí, tengo que decirte algo”. A huevo, seguro sabe que alguien me ha estado amenazando por mail para que me despidan. Me toma de las manos (momento muy incómodo), me ve fijamente a los ojos y empieza: “Después de estar contigo esos meses donde sólo nos la pasábamos, tú sabes (guiño)… me di cuenta que todavía quería a mi ex novio. Así que ese día que me llamó para tomarnos un café, yo tenía muy claro que quería regresar con él. Tú me ayudaste a ver eso, ¿sabes?”. ¿En serio?, pienso. Le digo después de soltarle las manos y apartarme unos cuantos pasos de ella: “Me da mucho gusto por ustedes dos, siempre se vio que tenían algo especial, algo que yo nunca querría (en serio, nunca) que terminara; y juzgando por ese anillo en el dedo parece que nunca terminará, ¡muchas felicidades!”.

Gaby hace esta cara que hace cada mujer que ha soñado toda la vida con casarse, una cara de completo asombro mezclada con ojos vidriosos porque está a punto de llorar mientras muerde su labio inferior con expresión de incredulidad, como si lo más maravilloso del mundo finalmente se presentara en su vida, su máximo logro. Pienso en todas las mujeres que he conocido, durante sus veintes son súper mamonas con todos los hombres que conocen porque “no son lo suficientemente buenos”, pero a los treintas se casan casi con el primer pendejo que se los pide; en serio, ya a esa edad con que tengan trabajo y no sean gays son “el amor de su vida”. Gaby me vuelve a decir: “En serio, gracias, estar contigo y ver lo indiferente y superficial que eras me hizo valorar todo lo que Roy y yo teníamos”. ¿Superficial yo?, pienso. Le contesto que no se preocupe, que me da mucho gusto haber ayudado a reunir a dos almas gemelas… (aunque haya sido a punta de cogidones). Finalmente, Gaby me pregunta en qué me puede ayudar, así que le digo si recuerda todo lo que me platicó del proceso de reclutamiento, las pruebas, tests, exámenes, valoraciones, análisis y todo eso que hacen antes de contratar a un candidato para saber si está loco o no. Le platico también del mail amenazador que me mandaron y que es algo que me tiene inquieto porque normalmente, después de un rato, alguien dice que era broma, pero ya han pasado un par de días y nada. Justo cuando le estoy platicando todo esto, mi teléfono vibra y al revisarlo descubro otro pinche correo de este güey. El mail decía:

De: alfayomega@gmail.com

Asunto: Ve diciendo adiós

Ya vi que no estás en tu lugar de trabajo, deberías pasar más tiempo ahí porque muy pronto yo me encargaré de que no tengas ese lugar.

No importa lo que intentes hacer para encontrarme. Yo no tengo nada de qué preocuparme porque jamás le he faltado el respeto a la institución que me da de comer. Sin embargo, yo sé todas las porquerías que has hecho y las voy a sacar a la luz, para que un día, sin más, llegues a la oficina y te estén esperando los de seguridad con tu cajita de cartón para que agarres tus cosas y te vayas de esta empresa con la cola entre las patas como el pinche perro malagradecido que eres.

AyO

Le enseño el mail a Gaby y me dice que sí está súper raro, que me recomienda que juntos, RH y yo, elaboremos un escrito oficial a nombre de la empresa y lo mandemos por correo a todos los empleados para evitar un ambiente de extorsión entre la plantilla. Le explico que eso es justo lo que no me gustaría hacer porque se va a prestar a que las personas me pregunten qué fue lo que pasó, me van a pedir detalles de las amenazas que he estado recibiendo y la verdad no quiero dar información de cosas que son pura mentira (no realmente). Gaby me recuerda que por temas de confidencialidad no puede darme información de los trabajadores, pero, se levanta, me toma del brazo y me hace caminar a la esquina de su oficina de modo que ambos quedamos de espaldas a la cámara que se encuentra en la parte superior de su oficina y me dice: “Pero quizás podemos platicar de esto fuera de la empresa (guiño)”.

Quedamos de vernos al salir de la chamba en el Starbucks que está entre su casa y la mía, evidentemente lejos de la oficina para no toparnos con nadie y reavivar chismes de un “romance” con una mujer comprometida. Llevo ya un rato esperándola y eso que salí una hora más tarde del trabajo. Cuando estaba en el estacionamiento me llegó otro mail:

De: alfayomega@gmail.com

Asunto: De ésta no te salvas

No importa que te quedes haciendo “hora nalga” en la oficina para aparentar que trabajas mucho. Todos sabemos que sólo te quedas a perder el tiempo.

Ve buscando trabajo en McDonalds, jajaja.

AyO

Empiezo a sentirme algo paranoico y sobresaltado cada que vibra mi teléfono. Antes esa sensación de recibir correos me hacía sentir importante porque siempre había alguien que necesitaba de mi trabajo o de mis conocimientos, pero ahora, cuando mi teléfono recibe una nueva notificación tengo una sensación de hueco en el estómago y espero nervioso que no vaya a ser otra amenaza.

Estoy terminándome el café cuando Gaby finalmente llega. Me saluda y se disculpa por la tardanza, dice que le tocó programar nómina y el tráfico y lo de siempre. A estas alturas estoy cansado como para tener una plática amistosa introductoria, así que le pregunto de inmediato: “¿Y bien? ¿Quién crees que sea?”.

Gaby le da un trago a su Chai latte de soya y me dice: “Pues estuve revisando los expedientes de algunos empleados y, bueno, hay unas 125 personas que podrían, ojo, podrían caer bajo un perfil de acosador. Esto quiere decir que dentro de sus rasgos de personalidad varios de ellos necesitarían un evento altamente agresivo por parte de alguien para desencadenar este comportamiento. Ninguno, evidentemente, salió en los exámenes con perfil sociópata, sino no estarían trabajando con nosotros. Estas 125 personas que te señalo y traigo en este archivo de Excel son… como decirlo, candidatos a ser acosadores si sienten que alguien más les está robando lo que es suyo. Pero, ¿que no son así todos los trabajadores en las empresas? ¿Envidiosos por naturaleza? Por eso se nos hace hasta cierto punto ‘normal’ que los colaboradores tengan ese aspecto en su personalidad, porque regularmente los empleados corporativos tienden a nunca sentirse apreciados, a criticar si alguno de sus compañeros recibe un aumento o una promoción, etc. Es por ello que hemos reunido ésta base de datos porque es la primera vez que me toca ver que se hagan este tipo de amenazas. Estas 125 personas son aquellas que considero que sólo requerirían un pequeño empujón en la dirección correcta para sacar toda esa frustración en contra de alguien. Imagina que son como esas personas que nunca se animaron a probar algo porque era diferente o nuevo, pero una vez que lo hacen no pueden parar, se vuelven adictos. Hay a quienes les pasa con drogas, apuestas, deportes extremos, robar o… chantajear en este caso. Les da cierto poder, ¿sabes? Algo que en su vida diaria no tienen, así que por unos minutos sentir que ellos están en control los hace sentir vivos. Las personas que pude detectar en nuestra base de datos son de muchas áreas, así que te recomiendo que vayas pensando con quién has tenido o tuviste alguna diferencia que resultara en que ellos fueran expuestos como incompetentes en público”.

Gaby vuelve a tomar su Chai Latte de soya y mete las manos en una de esas bolsas de las cuales sólo las mujeres saben cómo encontrar algo ahí dentro entre tanta madre que traen. Saca una memoria USB y hace el movimiento para dármela en la mano, pero justo antes me dice: “Yo jamás te vi aquí. Y si alguien me pregunta no tengo la menor idea de cómo obtuviste esta información. Si se llega a filtrar que tienes información confidencial de RH, hay un video donde claramente se ve que entras a mi oficina, me tomas de la mano y me haces llorar, quizás amenazándome con contarle a mi prometido Roy que tuvimos un romance si no te daba esta información. Ese tipo de extorsión no sólo es para que te despidan, sino para que te metan en la cárcel. ¿Me explico?”. Gaby tiene esta sonrisa que aparenta ser toda bondad pero con la que realmente te está amenazando. Yo me quedo callado y después de unos segundos en los que mi ojos regresan a su tamaño normal tras tenerlos completamente abiertos cuando me estaba “explicando” sus condiciones para ayudarme, le digo: “No te preocupes Gaby, esto es entre tú y yo. Ya sabes que puedo guardar un secreto”. Tomo la memoria USB de su mano y ella se levanta de la mesa llevándose su bebida. Antes de irse me avisa: “Tienes mucho que revisar. Yo que tú me apuraba porque si estas amenazas son verdad y esta persona va a hacer que te corran, me va a dar mucha pena mandar a los de seguridad con tu caja de cartón para que desalojes el edificio. Sí, y yo sería la que te obligaría a firmar tu renuncia para que no te paguemos toda la liquidación”.

Capítulo 20

Al servicio de la comunidad

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