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Capítulo 20

Al servicio de la comunidad (9 meses A.D.)

Después de revisar todo el fin de semana la base de datos con los posibles acosadores que Gaby me compartió, me doy cuenta que por lo menos hay 20 personas con las que no me llevo mucho y que en algún momento… bueno, no he sido tan amable. Ahora lo complicado va a hacer hablar con ellos porque no se trata de ir a pedir una disculpa, sino de entrevistarlos para que poco a poco el acosador se delate. Eso me permitirá tener un argumento convincente para, si así lo decidiera, llevarlo a RH para que le pidan su renuncia por acoso, estafa y, básicamente, ser un pendejo.

Pasaron un par de semanas y obviamente seguí recibiendo correos del idiota este, el más pintoresco lo mandó un lunes y decía lo siguiente:

De: alfayomega@gmail.com

Asunto: Tic, toc, tic, toc.

El tiempo pasa muy rápido, sabes. Y tú tienes exactamente 6 meses, 2 semanas y… a ver, cuánto falta para la quincena… 3 días para que seas un asqueroso y endeudado desempleado.

Suerte en la fila del Monte Piedad.

AyO

El martes siguiente entre las decenas de correos que había en mi bandeja de entrada, uno que normalmente hubiera borrado sin siquiera leer, me dio la excusa perfecta. Era el típico mail corporativo que nos invitaba a participar como monitores en la encuesta anual donde tendríamos que conducir una serie de entrevistas a todos los empleados para saber cuál es la imagen que tenían de la compañía. La empresa, siempre preocupada por su staff y en un evidente intento por subir la moral de la oficina, quería darle una voz a todas aquellas personas que así lo quisieran. El objetivo era recopilar sugerencias, opiniones, quejas y todo lo que le permitiera a la mesa directiva tener un pulso real de cómo se sentían los trabajadores. Algo así como un buzón de sugerencias pero cara a cara con tus propios compañeros para que te sintieras con la misma confianza con la que hablarías a la hora de la comida, porque no es ningún secreto que ese momento es el preferido por los empleados para criticar su chamba, a su jefe o a su trabajo. La idea detrás de toda esta iniciativa era tener un lunch semanal con los compañeros para recopilar su sentir y sus ideas, el empleado que consiguiera la mayor cantidad de información recibiría un beneficio especial que podría ser canjeado por días de vacaciones, tardes libres o una bonificación en el sueldo.

Por donde lo viera era algo que tenía que hacer, ya que sin problema podría meter mis preguntas en las de la encuesta de la empresa, tendría el pretexto perfecto para interrogar a mis sospechosos y podría salir con unos días de vacaciones más. Llené la solicitud que venía adjunta en el mensaje y la cual tenía que enviarse a Gabriela.Juarez@maxacorp.com.mx, ¡oh! Gaby, sí que estás agradecida conmigo. Al día siguiente recibí otro correo donde se me informaba que había sido aceptado en el proceso y que debía presentarme el siguiente lunes a la inducción que se llevaría a cabo en la sala de juntas Miguel Marín del tercer piso, de 6:30 a 8:00 p.m. ¡Pinche Gaby! ¿Por qué lo puso tan tarde? Si después de las 6 ya no se hace nada en esta oficina más que calentar los asientos.

Siguiente lunes, 6:30 p.m. en punto, estoy sentado en la sala de juntas del piso 3 esperando a que llegue el resto de la comitiva. Gaby se encuentra al fondo de la mesa que puede acomodar a ocho personas y todavía no llega nadie; estoy tentado a preguntarle algo pero ella está metida en su laptop haciendo no se qué. Después de quince minutos en los que no llega nadie más a la sala de juntas me dice: “Bueno, quería ver si de casualidad se sumaba alguien más porque tú fuiste el único de los 300 empleados que tenemos al que le interesó participar en nuestra encuesta. La verdad es que no me sorprende, motivar a personas adultas a hacer algo diferente es como intentar que un gato te traiga las pantuflas, por más que lo intentes simplemente les vale madre”. Me voltea a ver y sigue: “Y yo sé que si no tuvieras ese pequeño problema con un colega tampoco estarías aquí. Pero bueno, yo necesito entregar este estudio a la mesa directiva y sabía que por lo menos ya tendría a alguien que lo hiciera por mí. Los beneficios son los que te mencioné en el correo, escoge alguno y házmelo saber en este documento. Como leíste, esto es algo que le urge a la compañía, y ciertamente a ti también, así que trata de hacerlo lo más pronto posible. Tendrás oportunidad de entrevistar a treinta empleados, supongo que ya tienes detectados a algunos, pero independientemente de lo que tú quieras saber sólo asegúrate de que contesten todas las preguntas. ¿Dudas?”. “Sí — le contesté — , ¿a qué hora podré hacer todo esto?”. “De 12 a 1:30 pm. Queremos que los empleados sientan como una ventaja ir a llenar los formularios”. “Ok — le dije — . Yo me encargo de esto… y de nuevo gracias, Gaby”. “Gracias a ti. Créeme, ¡nadie quería hacer esto! Tú me ayudas, yo te ayudo… como en los viejos tiempos (guiño)”.

Capítulo 21

Entrevistas: parte 1 de 5

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