¿Por qué pertenecer a una comunidad de mujeres?

Anterior a la explosión que ha resultado el movimiento feministas, creía soberbiamente que no lo necesitaba. Que “era para mujeres débiles”. Y no podía estar mas equivocada.
A medida que fui perfilándome profesionalmente y acercándome a la tecnología, he ido conociendo testimonios de mujeres que crecieron y se educaron en este mundo, siendo víctimas pasivas, casi imperceptibles, de hechos concretamente machistas, normalizados por la falta de cuestionamiento de parte de las personas que lo sufrían.
Debo decir que la palabra víctima no me gusta, porque pone al sujeto en una condición de indefensión, de falta de carácter. No obstante, las víctimas que conocí no podían ser mas poderosas, mas llenas de ímpetu. Sin embargo, lo fueron, porque insisto, estos “vicios del área”, estas actitudes de una profesión vinculada a los hombres, eran vistas con normalidad por ambas partes.
Es probable que no haya percibido esto con anterioridad por un asunto de rubros (creo que en diseño es menos perceptible), o simplemente por falta de una visión más crítica del mundo en el que vivo. De todas maneras, y en este errar, fue cómo conocí organizaciones como Girls in Tech Chile, Más Mujeres en UX, Laboratoria, Ingeniosas, etc. Agrupaciones que buscan acortar brechas de género de distintas maneras. Y vaya que son necesarias.
Mirarte en la otra
Uno desde que nace aprende desde los referentes. Cuando bebés, un aplauso, una risa, es un refuerzo positivo y un aprendizaje. “Algo estoy haciendo bien”. Entonces, ¿qué sucede cuándo a nuestro alrededor no hay refuerzos positivos?, cuando consciente e inconscientemente te orillan a ciertas situaciones, a ciertas labores, a ciertas “vocaciones”. La respuesta es nada. Se replican patrones y no hay crecimiento.
Este tipo de situaciones son las que estas agrupaciones de mujeres busca cortar. Porque vemos en el ejemplo de otras que pudieron, que se atrevieron, que miraron más allá de lo que la sociedad les ofrecía, o que simplemente, nacieron así: aguerridas.
Desde aquí he podido conocer matemáticas, astrónomas, biólogas, expertas tempranas en robótica, artistas. Una serie de mujeres que lo dan todo en donde sea que vayan, pues además de profesionales son madres, hijas y personas con otros intereses.
Cuando tú ves a estas mujeres tan llenas de energía, tan “secas”, tu ímpetu se levanta y dice “ entonces yo también puedo”. O por lo menos eso me pasa a mi cada vez que voy a una reunión. Salgo renovaba y con ganas de hacer tantas cosas. Porque digámoslo, la sociedad (y ojo que no aludo a un género en particular), nos llena de trancas: “eso es para hombres”, “no te va a dar la cabeza”, “tú tienes que preocuparte de la casa” o “ no, las mujeres no sirven para eso”. Entonces, cómo no vamos a necesitar un empujoncito si este socavamiento femenino lleva muchos años.

Derribar mitos de género
Se dice que las mujeres somos nuestras peores críticas, que en entornos profesionales actuamos casi como enemigas, que nos pelamos, y casi que nos odiamos mientras de frente nos sonreímos.
En estos grupos no puede haber más cordialidad, más empatía, y sobretodo una suerte de apadrinamiento de parte de las que tienen más experiencia, porque ella pasaron y derribaron ya muchos prejuicios de género. Las cosas se hablan y se solucionan. Porque no somos nada de los mitos que se forjaron alrededor de nuestra relación con nosotras mismas.
Por esto, y por otras miles de razones más, si tienen las ganas, únanse, busquen apoyo en otras. Por mi parte, es lo mejor que pude haber hecho desde que entré en el mundo del desarrollo.


