A vueltas con la guardería

Ha pasado algo más de un mes desde que Terremoto empezó a ir a la guardería y está siendo durillo para toda la familia.

Los primeros días entraba desconcertado, pero parecía mucho más calmado que sus compañeros. Menos de una semana después dejó de ir, unos días, porque se puso enfermo. Se me partía el alma verlo todo tirado por la fiebre y agobiado por la tos y los mocos (esos entes asquerosos que el niño casi no conocía y que, desde entonces, parecen estar de okupas en nuestras narices)

Cuando se recuperó, volvimos a empezar el proceso de adaptación. Sus compañeros estaban algo más calmados, pero él empezó a llorar de forma desconsolada en cuanto entramos en la clase. Su profesora me dice que pasa la mañana “casi” bien, que el llanto de primera hora se le pasa pronto y yo misma le he visto (a través de la ventana) jugar, contento, en el patio. Pero su comportamiento en casa ha cambiado, ahora llora cada vez que me alejo de él un paso, no duerme bien si está solo, está de mal humor y se enfada cada vez que lo contradices un poco. Da la sensación de que se frustra porque no sabe (o no puede) expresar lo que quiere y yo sigo dudando en si hay alguna opción mejor.

En uno de mis momentos de ralladura mental estuve buscando más datos por la red. Durante unos minutos me alivió saber que el comportamiento de algunos niños empeora pasado un tiempo de ir a la guardería (eso que dicen de mal de muchos…) Pero luego me agobié al darme cuenta de que todo lo que le pasa confirma mis sospechas de que aún no esta preparado y no se esta adaptando bien.

Porque vamos, si nosotros estamos estresados porque nos esta costando pillar el ritmo a madrugar, desayunar, arreglarse, salir corriendo para que no cierren la puerta, pasar la mañana trabajando, volver a las carreras a recogerlo, llegar a casa y pensar en comida, tareas de la casa, niño, perras… Es normal que él lo este pasando mal y como aún es pequeño para gestionar todo eso, lo lógico es que se vea afectado su comportamiento. Y si encima se encuentra pocho porque desde que empezó ha tenido: fiebre, tos, mocos, descomposición, vómitos… Vamos que es entendible que esté, como mínimo, de mala leche.

La verdad es que le estoy dando muchas vueltas a la idea de sacarlo. Pero me da rabia haber hecho sufrir al niño un mes para nada. ¿Y si es cosa de un par de semanas más? A ver, algunos avances hay, anoche durmió del tirón y hoy se abrazó a mi al entrar en la guardería y no a 10 metros de ella. ¿Pero hasta que punto eso son pruebas de una buena adaptación y no de que se está resignando?

Las razones por las que decidimos enviarlo siguen estando ahí. El tiempo que he ganado para el trabajo me está viniendo genial. Te habrás fijado en los cambios del blog del último mes (página de entrada, boletín, regalo de suscripción, primer servicio en marcha…) Y la incertidumbre de lo que va a pasar con nuestras vidas laborales sigue presente. ¿Y si el blog no despega y tengo que buscar un trabajo “normal” y enviar al niño a la guarde 8 horas, en vez de 3?

Quizás lo mejor que puedo hacer es tener paciencia y hacer un esfuerzo extra y seguir dandole el apoyo que necesita en casa, darle algo más de plazo para ver como van las cosas (¿quizás otro mes?) y si no cuaja habrá que readaptar el plan e intentar organiza la vuelta a casa. Que a mi el argumento ese de que esto le viene bien para prepararlo para el colegio no me convence, eso es otra guerra y ya la torearemos cuando llegue.

¿Tu qué opinas, te apetece compartir algún consejo o experiencia que me dé paz mental?


Originally published at jessicagestoso.com on October 10, 2014.