Qué tal me fue con #madrugamosjuntas

A finales de octubre te comenté que iba a participar en el reto ¿Madrugamos juntas?, propuesto por Neus Virgili de Explorando la Maternidad, y ahora que ha finalizado, me gustaría contarte mi experiencia en el intento de pasar de noctambula a madrugadora.

Abandoné el despertador, junto al trabajo, un mes antes de nacer Terremoto. Momento en el que pasó a convertirse en mi despertador. Y confieso que prefiero, mil veces, al peque llamándome o llorando que al ruido del despertador.

Y cuando, en septiembre empezó la guarde, otra vez a usar el despertador. Decidí que si necesitaba una hora para darle el pecho y vestirlo, yo me levantaría media hora antes para tener tiempo de prepararme. Así que, sin saberlo, ahí empezó mi reto.

Y luego me enteré del reto que Neus estaba organizando y, como últimamente estoy en fase de descubrimiento, me animé a probar que tal sienta eso de despertarse un par de horas antes.

Este mes he aprendido que levantarse temprano no sólo consiste en poner el despertador un rato antes, para no acabar hecha polvo, también hay que acostarse antes. Igual te parece una obviedad, pero a mi eso me cuesta más que madrugar. Con todo lo que hay que hacer a última hora: sacar perras, hacer cena, bañar niño, cenar, perseguir a Terremoto para que termine de cansarse y decida que quiere irse a dormir… Porque admitámoslo, en esta casa no se duerme hasta que el peque lo decide ;)

Al final, si no hay contratiempos, he conseguido levantarme entre una y dos horas antes que el peque. Varío la hora del despertador en función de cuando consigo acostarme para garantizar que descanso un mínimo de horas. Aún tengo mucho que trabajar en lo que respecta a acostarse a una hora decente y dormir ocho horas, pero estoy en ello :p

Así que resumiendo, lo que he sacado en claro de esta experiencia es:

  • Tener tiempo, aunque sean quince minutos, para sentarse a desayunar con calma es un regalo.
  • Por las mañanas mis neuronas funcionan mucho mejor, sobre todo la parte creativa.
  • Todo es más fácil si, antes de acostarte, dejas organizado lo que necesitas por la mañana (ropa preparada, la taza del desayuno con la bolsita de la infusión…)
  • Hay que garantizarse un mínimo de horas de sueño. Si un día el peque se despierta a las 2 de la mañana con ganas de fiesta y no se vuelve a dormir hasta las 4, es inútil intentar despertarse a las 6 porque a media mañana estarás hecha polvo y llevarás fatal el día. La segunda semana del reto comprendí que si no era flexible conmigo acabaría reconvertida en zombie.
  • Madrugar en fin de semana, cuando la familia se levanta más tarde, puede llegar a significar 4 horas para adelantar trabajo, estudiar, leer o ver un capitulo de una de tus series favoritas (a mi se me están acumulando porque casi no tengo tiempo para ver nada)
  • Y lo mejor, al compartir la experiencia con el grupo que Neus creó en Facebook, me he dado cuenta de que las dificultades que encuentro para organizarme son habituales. Hay más familias con niños inquietos, que duermen poco y no soy la única a la que le da pereza levantarse un día de frío :)

Así que si tienes la oportunidad, te recomiendo intentarlo. Nunca pensé que diría esto, pero madrugar tiene muchas ventajas. Es genial empezar el día sin tener la sensación de que llegas tarde a todas partes.

Ahora sólo me falta que alguien me diga como le explico a Terremoto que si se acuesta antes de las 10 de la noche, no es necesario que se levante, con las pilas totalmente cargadas, a las 4 de la mañana ;)


Originally published at jessicagestoso.com on December 5, 2014.