Cuentos

Compañeros de vida

Barney Moss — Canada Water Kids Library

Tengo muy mala memoria. Tan mala, que recuerdo muy pocas cosas de cuando era pequeña y vivo con la certeza de que, como siga a este ritmo, más pronto que tarde seré víctima de un reseteo cerebral.

Aun así, tengo muchos recuerdos relacionados con los libros y son capaces de hacerme viajar a un rincón de mi vida en el que me sentía libre, fuerte, lista y en paz.

Recuerdo cómo en cuanto empecé a saber leer no dejaba a mi madre leerme ni un solo cuento porque quería ser yo la que se los leyese a ella.

Recuerdo una vez que le supliqué libros nuevos y llegó toda orgullosa de la librería con una colección preciosa y se puso a enseñarme los dibujos de dentro pero yo no entendía nada. Solo quería que me los diera de una vez y devorar las historias que contenían.

Recuerdo que uno de los días que esperaba casi con más ganas que Navidad, era ir a Vigo, al Corte Inglés, con mi padre y pasar por la librería para que me dejara escoger un montón de libros Barco de Vapor que me leía una y otra vez hasta que me los sabía palabra por palabra.

Recuerdo leerme libros sobre buenos modales en la mesa, bricolaje, taekwondo, matemáticas, razas de perro, dinosaurios, música, golf o la Edad Media cuando no sabía ni lo que significaba todo eso… Y me daba igual.

Por desgracia, me desenamoré. Nadie me seguía el ritmo y yo no supe mantener el tirón. Qué pena. Descubrí otras formas menos creativas de hacer callar mi soledad, tan profunda y tan intensa.

Por suerte, en torno a los 20 años, el amor de mi vida, me los trajo de vuelta y desde entonces no nos hemos vuelto a separar.

Los cuentos para mí son mundos paralelos que visitar cuando te apetece. Siempre te esperan, no tienen prisa, da igual que tú te olvides de ellos, siempre agradecen una visita.

Puedes ser quien quieras, como quieras, sentirte como siempre has deseado o todo lo contrario. Es tu decisión, porque hay historias para todas las necesidades, solo hace falta un poco de buena puntería para que ocurra la magia.

Saber que ahí fuera hay un montón de planetas para ti es muy liberador. Al alcance de un carnet de biblioteca.

Por eso adoro consumir y regalar historias y por eso, aunque no sienta Sant Jordi como una fiesta propia, me hace muy feliz.

Este año, he tenido la suerte de participar en mi barrio llevando la fiesta a la calle. Regalando libros, rosas de papel, cuentacuentos y marcapáginas. Acompañando a familias a vivir este día con la misma ilusión con la que lo vivo yo y por supuesto, creando tribu de barrio y ¡Qué falta hace!

Todo esto ha sido posible gracias al impagable trabajo de la asociación cultural El Sol de la Conce donde además me ceden el local para hacer todos los viernes el grupo de crianza MamaMás que tantas alegrías me da.

Tener recursos así cerca es un regalo, buscad en vuestra zona y si no, animaos a fomentar su creación. Es maravilloso lo que podemos hacer con muchas ganas y buena voluntad.

Volviendo al tema, espero que a Leo nunca le falten historias que le reconforten y le acompañen en todos los momentos de su vida.

Historias que puedan responder las preguntas a las que yo no llego y alimentar su curiosidad.

Espero que conozca personajes que le abracen cuando esté triste y le hagan reir a carcajadas hasta que la gente piense que está como una cabra en el metro. Espero que se enamore de alguien de ficción y que añore vivir en otra época o en otro universo. Espero que viaje mucho, dentro y fuera de los libros.

Te dejo aquí la lista de links patrocinados (si los compras a través de aquí me dan una propinilla) de los cuentos que han llegado a nuestra casa gracias a esta fiesta y espero que me cuentes cuáles han sido tus adquisiciones:

¡FELICES CUENTOS!