Juicios, juicios, dubidú… 🎤

Si aun me juzgas, ¡Allá tú!

Por si te lo preguntas: No, yo no tengo ese pelazo, es una foto de stock :D

Llevo desde que recuerdo peleándome entre estar fuera del rebaño y a la vez, sentirme incluida en la sociedad.

En el colegio, no encajaba ni con las niñas, ni con los niños, ni con todos a la vez.

Tenía UNA amiga y creo que ni eso supe cuidar.

Empecé a ponerme piercings antes de salir del colegio y a tatuarme en el primer año de instituto.

Llevaba cresta, ropa ancha, medio rota unas botas con punta de acero que heredé de mi hermano.

Incluso más de una vez me confundieron con un chico.

En ese momento me rompieron el corazón, ahora mismo los que me dan pena son ellos y su poca sensibilidad.

Por suerte para mí y pese a lo que pueda parecer, no llegué a saber en mis propias carnes lo que era el bullying. Pero sí sé lo que es la soledad involuntaria. Una tortura macabra y silenciosa.

Con el paso de los años, esa sensación no ha llegado a irse nunca.

Nunca soy demasiado querida, demasiado aceptada, demasiado requerida ni demasiado echada de menos… Según mis estándares. Y encima, si me quieren mucho, no me sé manejar. Es un caos.

Desde que nació Leo, no es que eso sea diferente… Porque no, pero ha dejado de atormentarme y es una de las grandezas que la crianza trajo a mi vida.

No necesito a nadie más que a mi familia para ser auténticamente feliz.

Escucho muchas veces comentarios y risitas en el parque hacia otras madres de “a dónde irá con esos tacones” o “quién se creerá con ese escote” o “mira qué pinta con esos pantalones” y no puedo evitar pensar qué dirán de mí y de mis tatuajes, mis pendientes, mis pantalones rotos y mis camisetas de Star Wars.

Lo pienso sí, pero enseguida me sacudo las ideas como un perro recién salido de la bañera y hasta luego.

Allá cada cual, tampoco para eso me reservo juicios.

Busco a Leo con la mirada y me reconcilio con el universo.

Solo con verle, compruebo que todo está bien y descubro lo poco que tienen que ver mis pintas y mis kilos con que así sea.

De igual manera, no me permito a mí misma hacer esos juicios superfluos sobre otras madres u otras familias. Porque no beneficia a nadie.

¿Quién soy yo para creer que estas mujeres quieren menos a sus bebés?

El fin de semana pasado, me invitaron a dar una charla al evento TodoPapásLovesMadrid y los demonios afloraron de nuevo.

Sabía de qué quería hablar, sabía cómo quería decirlo y confiaba mucho en que el contenido de mi charla funcionaba, pero me daba miedo que mi imagen empañara o desvirtuara mi mensaje.

Por eso, ahora me siento como si hubiera corrido un maratón.

Todo salió bien, la gente estaba receptiva y yo sentí que podría estar con el micrófono en la mano 3 horas más si hacía falta.

¡Me encantó la experiencia!

Comprendí que si tengo confianza y creo en lo que digo y en lo que hago, ni me paro a pensar en mis inseguridades y que eso es lo mismo que me pasa en la crianza.

De esto precisamente hablo en mi charla, pero quiero contarlo con calma, así que estoy trabajando en una sorpresa y cuando me dé la vida para tenerla lista la presentaré por todo lo alto.

¿Quieres que vaya a contar por qué “Tu crianza es tuya y de nadie más” a tu evento, formación, escuela…?
Yo lo estoy deseando, así que ¡Hablemos!

#mamamailontour

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