La maternidad feliz no es feminista

Ni clickbait

La semana pasada estuve enferma. Tuve mucho dolor y mucha incertidumbre y aunque no voy a entrar en detalles, todo está relacionado con un tema de fertilidad que me remueve mucho. No está siendo fácil ni física ni emocionalmente.

En toda esa vorágine, me surgió una colaboración para una publicación sobre Feminismo y Maternidad. Iba a poder hablar para un medio que lee mucha gente sobre mis dos temas favoritos a la vez. Maravilloso.

Sé que remueve muchas sensibilidades. No me canso de hablar aquí de la culpa, siempre presente en cualquier “modelo” de maternidad. Por eso, me esforcé al máximo en posicionarme y no dejar lugar a interpretaciones erróneas.

Te dejo el link a la publicación. Aquí te espero.

Sí, la última frase del artículo soy yo, diciendo nada.

Diciendo nada en el mejor de los casos, porque como no hay otra visión en todo el artículo, me posiciona irónicamente además, en contra de todo lo que defiendo.

Me siento que otra vez se me ningunea por vivir una vida, que aunque me vino dada, no podría hacerme más feliz. Una vida en la que me siento importante y responsable, como mujer y como madre. El proyecto más ambicioso que he vivido: educar a una criatura desde cero para una construir una sociedad mejor. Poca broma.

Pero no. Si no eres una madre arrepentida, cansada, frustrada o “malamadre”, no eres suficientemente moderna o digna. No quieres la igualdad sino particularizarte como mujer. Venga ya.

Estoy harta, cansada, furiosa y decepcionada. Pero no me rindo, igual que no lo hago cuando me siento así en la crianza, es una actitud vital.

Yo no sé lo que harán las demás. Sé que yo el 8M haré huelga de cuidados y que ya no sé si tengo voz en esa lucha.

Me siento excluida de mi propia revolución.

Soy mujer (nunca dejé de serlo), soy madre, soy feliz siendo ambas y quiero pelear por los derechos de las que son como yo y de las que son distintas. Porque lo merecemos TODAS y no, no somos como las putas meigas.

Nosotras existimos y nos duele ser escupidas de la lucha por vivir nuestra maternidad a tiempo completo y ser FELICES con ello.

Ser madre ha hecho más por mi feminismo de lo que ha hecho cualquier otra cosa ¿Por qué tengo que seguir justificando y negando mis sentimientos? ¿Por qué se infantilizan mis argumentos un día tras otro?

Aquí dejo las preguntas y las respuestas originales (pese a que hay alguna errata no he querido editarlas) porque, por suerte, aquí sí que puedo expresarme tanto como quiera.

Evidentemente, sabía que no iba a salir todo lo que yo había escrito, pero de ahí a lo que salió, hay demasiada distancia.

Y ojo, en ningún momento pretendo cargar contra Laura (la periodista), no la culpo a ella, ni mucho menos.

¿Te sientes identificada con alguna autora feminista o corriente en tu faceta de madre?

La primera referencia de autora feminista que tengo es Virginia Woolf, desde que estudié su obra en la universidad. Su teoría de autocuidado y de tener un espacio propio para refugiarte me parece imprescindible.

Soy fiel a la escritura intimista. Me ayuda a separarme de lo cotidiano y me permite reencontrarme conmigo misma, más allá de mi condición de madre. Cuando estoy a solas, en mi espacio, con mi cuaderno, sale mi verdadero yo.

Más relacionada con mi etapa actual, toda la obra de Casilda Rodrigáñez y su visión sobre la sexualidad y la maternidad, ha sido fundamental para mí. Con ella me di cuenta de la opresión que vivía por el hecho de ser mujer y de querer ser madre. De lo reprimidos que estaban mis placeres y mis instintos.

También me resultó muy inspirador el libro de María Llopis, Maternidades subversivas. Me abrió los ojos a modelos alternativos de familias y a ver que el género nada importa en el amor entre sus miembros.

Y ya por último, porque si no, no acabo nunca, me gustaría hacer referencia a Maternidad, igualdad y fraternidad, de Patricia Merino, que trata la parte más social de la maternidad. Explica muy bien cómo se desprecia y se obvia la parte de los cuidados, como eje fundamental de la familia y la carga, mental y física que eso supone, desde una perspectiva de género.

¿Crees que hay un choque entre las mujeres de la segunda ola -que lucharon por volver al trabajo después de ser madres- y las de la nueva ola que apuestan por prácticas como la teta a demanda, el colecho, etc?

Creo que cada revolución tiene sentido en el momento en el que se produce porque hace referencias a problemas propios de la época.

Soy consciente de que luchar por tener un sitio en el plano laboral es necesario y que en ese momento era la prioridad porque era algo que se nos negaba de base. Ahora podemos trabajar, vale ¿Pero a qué precio?

Creo que una sociedad feminista pasa por una crianza respetada, tanto para la mujer como para su bebé. Que no es cuestión de tomar un bando y elegir ser trabajadora o ser madre, sino de entender que el proceso de engendrar una vida y cuidarla, con el esfuerzo que eso supone, es un trabajo en sí mismo.

Decidir ser madre conlleva una responsabilidad que el resto de la sociedad tiene que comprender, respetar y acompañar.

Yo comprendo que haya mujeres a las que no les motive todo lo que conlleva la crianza “de nueva ola” igual que a mí no me motiva nada desempeñar otros muchos trabajos, pero eso no quiere decir que se nos niegue a las que disfrutamos de este estilo de vida, como de cualquier otro trabajo que sí está remunerado.

A mí me encantaba mi trabajo de antes de ser madre y no me suponía ningún conflicto moral cobrar por él, ¿Por qué ahora debería suponérmelo cobrar por dedicarme a mi crianza?

Yo he descubierto que esta faceta de mi vida es con la que me siento más realizada ¿No es ese el trabajo ideal?

Las tareas de cuidados no cuentan porque no interesa. Mientras nosotras las hagamos gratis y sin protestar son una cosa menos de la que preocuparse.

Parece que quienes nos gobiernan se olvidan de que también fueron bebés y de que quizá les hubiera gustado tener más y mejor tiempo con su familia. No comprenden que hemos evolucionado y que la ciencia nos ampara cuando decimos que un mejor vínculo con nuestras raíces tiene un serio impacto en nuestra vida adulta. Estamos negando nuestra biología en aras del capitalismo.

Como madre, ¿te generó tensiones feministas las tareas de cuidados, de priorización de tareas, de libertad para hacer cosas?

Es curioso todo lo que despierta en mí esta pregunta.

Cuando yo fui madre, mi sueldo era el potente de mi unidad familiar. Nuestro bebé nació prematuro y por recomendación médica, no debía ser escolarizado antes de cumplir un año. Tampoco es que entrara en nuestro planes, pero bueno, así eran las cosas. Por eso, decidimos que yo volvería al trabajo nada más terminar mi periodo de maternidad y que su padre seguiría con él, mínimo por ese tiempo.

Yo tenía todas mis vacaciones acumuladas pero no se me permitió disponer de ellas. Me insistieron en que tenía que volver porque había mucha carga de trabajo, así que “decidí” volver. Igual que unos meses antes, cuando mi médico me quiso dar la baja en la semana 25 de embarazo, yo decidí seguir trabajando hasta que no pude más.

Bien, yo me incorporaba un lunes… Y el viernes me llamaron para comunicarme que estaba despedida. Me vi obligada a ser madre a tiempo completo, algo que no estaba en mis planes y que mis jefes habían decidido por mí.

Así es hasta el día de hoy. He hecho varias entrevistas en las que en alguna incluso me han confirmado que era el perfil ideal pero que no aceptaban una reducción de una hora diaria (para poder repartirnos las entradas y salidas del cole) y preferían otro candidato que hiciera todo el horario.

Por eso decidí emprender MamaMail. Quiero dar respuestas a todas esas familias a las que les cuesta encontrar soporte a sus decisiones en torno a la crianza. No es una cuestión de dar teta hasta la universidad o negarse ni siquiera a intentarlo, porque eso no te sitúa en un bando. Estamos todas juntas. Basta de guerras internas, ya nos dan bastante desde fuera.

Quiero que sientan que tienen el poder de cambiar las cosas. Como mujeres y madres, tenemos la gran responsabilidad de luchar porque se nos reconozca un trabajo intenso, de dedicación extrema, sin horarios ni remuneración pero para el que es legítimo y humano pedir ayuda.

Creo todo eso se puede hacer desde el amor pero también desde la lucha.

Mi familia es mi prioridad porque creo que cada familia es un núcleo de la sociedad que tendremos. Quiero un mundo más compasivo para las generaciones que vienen.

La revolución tiene que ser feminista y nos vamos a encargar de que así sea, desde las primeras etapas de la vida. No hay otra manera, tiene que ir en el ADN, luego es mucho más complicado deconstruirse.

Yo tengo una tribu estupenda que responde en cuanto necesito libertad y que ha sabido respetar cuando necesitaba intimidad con mi bebé, pero eso es algo que hay que fomentar y trabajar. Desde la familia, dada o escogida. Círculos de mujeres, grupos de lactancia, de crianza… Crearte una red de apoyo estable es vital para una crianza feliz.

FIN.

Gracias por leerme, ahora sí.

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