Maternidad y depresión

¿Se quieren, se gustan, se desean?

“close-up photo of human eye with tear drops” by Aliyah Jamous on Unsplash

Antes de ponerme a escribir, siempre necesito un momento (o varios) de introspección. La inspiración suele surgir de algún acontecimiento que haya tenido lugar esa semana o que me ronde en la cabeza pero esta vez es algo mucho más profundo.

He tenido que darme la vuelta y ponerme del revés, para escarbar en lo más interno de mis entrañas mi relación con la depresión.

No es un tema fácil de tratar para mí pero como siempre, si le da luz a alguien, bienvenido sea y además es por una buena causa pero eso te lo cuento al final.

Nunca fui consciente de que era una niña, una adolescente y una mujer deprimida. Tampoco mi entorno entendió que yo no lo estaba pasando bien, ni tuve ayuda hasta que la busqué por mis propios medios.

Pensaba que no era capaz de concebir el mundo como un lugar amable, que me había tocado el don de ser una mártir. No creía en la felicidad, pensaba que era un espejismo momentáneo y que había quien se agarraba a eso para sobrellevar la vida, que era cansada, espesa, desagradecida y hostil.

Nunca le encontré demasiado sentido a la existencia. Supongo que por eso nunca le he tenido a mi cuerpo el respeto que se supone que merece. Esta parte aun la estoy trabajando.

Nadie me explicó jamás que mi envoltorio era solo eso y que era algo que valía la pena conservar, que me acompañaría toda la vida. Puede parecer una obviedad, pero no lo es cuando todo en lo que piensas es en desaparecer. El envase es un obstáculo, un estorbo. Sobre todo, si no es grato para el grueso - nunca mejor dicho- de la sociedad.

Fui una niña triste a la que se le sumaron los problemas de la adolescencia y que los cocinó con los de la vida adulta. Llegué a los 20 con más ganas de morir que de vivir, pero con una persona a mi lado que sí me acompañó y supo ver más allá de mi niebla.

Él me quiso entonces y me quiere ahora. Cuando no puedo ver a nadie, cuando no puedo salir de la cama, cuando necesito dormir para volver a respirar a un ritmo normal, cuando busco algo nuevo para intentar silenciar los demonios que me arrastran de nuevo a su terreno. Sin él, hubiera sido imposible. No hubiera sido. Quizá no habría nada que ser ya. GRACIAS.

Desde 2013, tiene el mejor de los aliados. Un milagro que vino aun no sabemos de dónde a descubrirme que la vida es mucho más que sufrir y soportar. Que sí que vale la pena y que cuánto más larga y bonita mejor. Que yo también tengo la oportunidad de ser feliz ¡Y no poco!

La maternidad me curó.

La ansiedad aun vive conmigo pero la depresión se esfumó. Yo pensaba que no podían existir la una sin la otra pero sí, son tan diferentes como el agua y el aceite.

Cuando vi el positivo en el test de embarazo empezó un viaje de ida sin billete de vuelta y cada vez estoy mejor.

Aunque tengo mis días de más sombras que luces, me quiero, me respeto, me escucho y me cuido. Hago todo lo posible por ponerme delante en mi escala de prioridades. A veces, muchas, eso significa cuidar, pero está bien que sea así. Yo soy ellos y ellos soy yo.

También he aprendido a dejarme querer, que no sabía, y a hacer saber a quienes me quieren, que aunque me faltan herramientas para demostrarlo, pueden contar conmigo y yo valoro que hayan estado ahí.

Por suerte, conseguí escapar de la depresión postparto, no sé ni cómo porque con mis antecedentes y mi experiencia, todo apuntaba a que era la primera de la lista y supongo que por eso me conmueve tanto cuando sucede al revés.

La depresión post parto me parece una de las enfermedades más injustas, cuestionadas y estigmatizadas que existen a día de hoy en nuestra sociedad.

Es muy grave, tanto para la madre como para su bebé y me hace plantearme porque no existe este tipo de trastorno más que en las mujeres. Por qué está catalogada como depresión post parto y no post maternidad/paternidad.

Si nos remitimos a las posibles causas hablamos de:

  • Más responsabilidad
  • Menos tiempo libre
  • Cambios físicos
  • Cambios sociales y laborales
  • Falta de descanso
  • La inseguridad ante el cuidado del bebé
  • Cambios hormonales

Salvo la última de las causas, ninguna de las anteriores está relacionada con el género y sí con nuestro paradigma social. Los cambios hormonales son los que originan el fenómeno conocido como baby blues o tristeza post parto, que es inofensivo, temporal, se da en un 80% de los casos y se soluciona por sí mismo en un par de semanas.

Así que tenemos una enfermedad grave que solo afecta a mujeres y a la que nadie tiene en consideración. Apesta a patriarcado desde lejos.

Hay varios indicadores que pueden anticipar una posible víctima de este tipo de enfermedad:

  • Antecedentes propios o familiares de depresión o trastorno bipolar
  • Una situación de estrés relacionada con el proceso de maternidad
  • Complicaciones médicas
  • Falta de apoyo
  • Abuso de drogas

En ningún caso niego que la depresión sea una enfermedad física y real pero creo a pies juntillas que tenemos mucho que trabajar como sociedad para paliar una situación tan tremenda como la que puede desencadenar si no se atiende.

Una madre necesita tribu, apoyo emocional, físico y asistencial. No podemos hacerlo solas, es inhumano. Un bebé es una responsabilidad gigante que no puede apartarnos de la sociedad, al revés, tiene que hacernos un castillo dentro de ella, estamos construyendo el futuro, qué hay más importante que eso ¡Por favor!

He acompañado a alguna familia que a pesar de querer ayudar, infantibilizaban el proceso o a la víctima y acusaban poca fuerza de voluntad. Para querer ayudar hay que SABER ayudar. Por favor, vamos a tomarnos las cosas en serio y entender que las enfermedades no se luchan, basta de hablar de batallas. Las enfermedades se superan o no, pero no nos hacen ganadoras o perdedoras.

Nadie quiere pasar por una enfermedad ni permanecer en ella y por desgracia, no hay ibuprofeno para la depresión.

Desde la situación de privilegio que me da haber pasado por ella y encontrarme bien, quiero hablaros de un proyecto de alguien que me ha pedido ayuda porque aun está en esa cueva, como ella la llama, y necesita de todo nuestro calor para que la acompañemos a la salida.

Lucy, del blog Chibimundo ha escrito un libro sobre la depresión en la maternidad. Se ha desnudado por completo para ofrecer su experiencia y tiene activa una campaña de crowdfounding para financiarlo.

En “Elijo el arcoiris” habla sin complejos de todas las trabas que la enfermedad puso a su experiencia como mujer y madre en esta etapa de la vida y quizá da luz a muchas que ahora se encuentran como ella o quieran entender la realidad de la enfermedad para apoyar a alguien cercano.

Tratar un asunto como éste no es fácil. Es un tema tabú que se rodea de miedo y de vergüenza, así que creo que no hay mejor forma de agradecer la valentía de emprender un proyecto así que apoyándolo.

Pese a que nuestras realidades han sido opuestas, me he sentido muy identificada en muchos de los capítulos y es que la enfermedad es la que es, se ponga el vestido que se ponga, con maternidad o sin ella.

¿Conoces de cerca esta realidad? Me encantará estar aquí para ti, porque sé que no es fácil encontrar a alguien que lo entienda.