Yo a esto no juego (I)

Hoy hablamos de prejuicios. En concreto, de los que tenía al empezar a jugar a juegos de mesa.

Como os contaba en la entrada anterior, yo entré en el mundo de los juegos de mesa por casualidad, porque conocí a una persona a la que le encantan y, aunque mi disposición era buena, no tenía ni puñetera idea de nada. Lo que yo sabía de juegos de mesa era, exactamente, la idea que tenía de los juegos de mesa comerciales, nada más. Así que, como comprenderéis, prejuicios tenía unos cuantos.

Esto va a ser muy difícil.

Porque tú vas ahí, a tope, con tu mentalidad de vencedora del Trivial Pursuit, que es EL JUEGO DE MESA para ti y, de repente, empiezan a hablarte de juegos que tú no has oído nombrar en la vida. Y no solo te hablan del nombre del juego, o de la ambientación. Qué va. Te hablan de la mecánica del juego. “Hay que joderse -piensas-, con lo que me costó hacerme con la parte de mecánica cuando me saqué el carnet de conducir”. Y, a poco que te hablen de tres juegos clásicos (que no conoces, ya lo hemos dicho), te das cuenta de que va a haber muchas mecánicas distintas y bueno, vale, eso de tirar dados y retirar fichitas, bien, pero a lo mejor lo de colonizar una isla, y conseguir recursos para construir edificios, caminos y tal es más complejo. Y entonces recuerdas el otro juego de mesa de referencia en tu imaginario, el ajedrez, y las palizas que te daba tu hermano y te vienes abajo.

Tranquilo, tranquila, que no es para tanto. Sí, hay mecánicas diferentes, pero cuando empiezas a jugar un poco ves similitudes y atas cabos. Entonces, deja de costarte tanto comprenderlas y, oye, hasta te llenas de orgullo cuando dices: “Esto se parece a…” y te dicen que sí, que es del mismo autor y que la mecánica es muy parecida.

No sé lo que estoy haciendo.

Yo al principio de cada partida.

Bueno, no pasa nada, hemos vencido el miedo escénico ante las primeras informaciones y nos decidimos a jugar a algo con un poco de miga, aunque no sea demasiada. Entonces nos explican el juego (una de las ventajas de ser novata y jugar con veteranos es que creo que en ocho meses me he leído las reglas de 2 juegos, y eran cortitas) y nosotros intentamos asimilarlo todo.

-En cada turno tienes tres acciones. Puedes hacer esto, esto otro y lo de más allá.

-Aham.

-Esta acción consiste en esto. Para poder ejecutarla tienes que tener estos requisitos y…

Y ahí ya estás intentando retener la información pero con un éxito relativo. La sensación es de tener que retener demasiada información y ser incapaz. Suele llevar aparejada la idea de que ni de coña vas a ser capaz de hacer un turno bien. Y de ganar, ni hablamos. Los que te están explicando el juego lo saben, así que te dicen: “Bueno, no te preocupes, que en cuanto veas como va la cosa, lo entiendes todo”. Y a ti te suena a: “Pobrecita, está acojonada, vamos a intentar que se relaje”.

Sí, puede que quieran tranquilizarte, pero también es verdad. Generalmente toda esa información incomprensible cobra sentido cuando ves jugar a tus compañeros y, cuando llega tu turno, sí, tienes dudas, pero eso es señal de que entiendes cómo va el juego lo suficientemente bien como para tenerlas.

¡Pero hay que saber muchas cosas!

Cuando empecé a jugar, y todavía me pasa, me daba la sensación de que había que saber muchísimas cosas para jugar a juegos de mesa. A lo mejor esto es solo cosa mía, pero es que me he juntado con gente que controla muchísimo. Y yo me sentía un poco inepta (que lo soy). Soy incapaz de asociar juegos a autores en un montón de ocasiones, confundo los títulos, no dedico casi nada de tiempo a informarme sobre las novedades de los juegos de mesa (aunque acabo enterándome colateralmente xD)… Y lo peor de todo es que, aunque quede feo reconocerlo, no tengo intención de cambiarlo. Sí, poco a poco voy sabiendo de qué autores son ciertos juegos (aunque me cuesta, ojo) y demás, pero no tengo intención de dedicar casi todo mi tiempo libre a informarme sobre juegos de mesa porque a mí lo que me divierte es jugar. Y estoy empezando a convencerme de que eso no tiene nada de malo.

No te preocupes si no sientes el deseo irrefrenable de convertirte en un experto en juegos de mesa. No hay que hacerse un experto en todas y cada una de las cosas que disfrutamos.

En fin, eso es todo por hoy. En otra entrega hablaré de los prejuicios que, ya como iniciada, detecto en otras personas sobre el tema de los juegos de mesa.

Si a alguien se le ha ocurrido algún prejuicio que tuviese cuando empezó a jugar, que lo comparta, ¡me encantaría leerlos!

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