Preguntas y respuestas al artículo sobre feminismo

Marta Iglesias
Nov 18, 2015 · 21 min read

Hola a todos, dada mi increíble ineptitud y la falta de costumbre a tanto feedback, fui recopilando todas vuestras preguntas en un documento para que no se perdiesen entre tanta mención con la feliz idea de, después de responderlas, enviárselas a las personas correspondientes. Pero no fui guardando la procedencia de las mismas, duh.

Así que he pensado ir dejándolas por aquí, y así, de paso, podemos disfrutarlas todos.

Comentario de autor perdido nº #1

Desde la mas absoluta ignorancia. En tu artículo no veo cabida a la homosexualidad. ¿Como se explica la desde la biología?

La homosexualidad existe en decenas de especies animales, además de en la nuestra (Bailey & Zuk 2009). En todas estas especies la razón para desarrollar comportamientos homosexuales ha de ser esencialmente biológica (en muchas de ellas no hay siquiera relaciones entre padres e hijos como para postular una cultura que explique el fenómeno). Y en ellas las explicaciones van en dos sentidos: o bien es un error de apreciación al elegir pareja, o bien el comportamiento homosexual confiere, de algún modo, una ventaja reproductiva al individuo que lo posee o sus parientes (al final, como digo en el texto, lo que hace que un rasgo con base genética se mantenga o desaparezca en una estirpe es que confiera más éxito reproductivo, por la vía que sea). En la especie humana se ha descrito un cierto efecto de la biología sobre la homosexualidad, tanto desde un punto de vista hormonal (Berenbaum & Beltz 2011) como por la existencia de ciertos factores genéticos (Langstrom et al 2010; Kendler et al 2000; Kirk et al 2000). Hay, lógicamente, mucha controversia acerca de estos aspectos y, sobre todo, del sentido biológico de que existan factores genéticos ligados a la homosexualidad. Sin embargo diversos trabajos muestran que los factores biológicos vinculados a la homosexualidad se relacionan con mayor éxito reproductivo tanto en mujeres (Campeiro-Ciani et al 2012) como en hombres no homosexuales (Zietsch et al 2008) que comparten estos genes.

Sea como sea, si hay una propensión genética a desarrollar comportamientos homosexuales y esos confieren algún beneficio a dejar descendencia, se mantendrán en la estirpe (o incluso aumentarán). Es importante considerar que los beneficios pueden o no estar relacionados con la homosexualidad; por ejemplo supongamos que los factores genéticos relacionados con la homosexualidad en hombres, en mujeres se relacionan con un mayor periodo de lactancia. Los genes serían más frecuentes en la población, por relacionarse con incrementar las capacidades de alimentar bebés y, colateralmente, provocarían cierta tendencia a la homosexualidad en hombres (esto, claro, es solamente un ejemplo, completamente inventado).

K.S. Kendler, L.M. Thornton, S.E. Gilman, R.C. Kessler 2000 Sexual orientation in a US national sample of twin and nontwin sibling pairs. American Journal of Psychiatry, 157 (2000), pp. 1843–1846

K.M. Kirk, J.M. Bailey, M.P. Dunne, N.G. Martin. Measurement models for sexual orientation in a community twin sample. Behavior Genetics, 30 (2000), pp. 345–356.

Långström, N., Rahman, Q., Carlström, E., & Lichtenstein, P. (2010). Genetic and environmental effects on same-sex sexual behavior: A population study of twins in Sweden. Archives of sexual behavior, 39(1), 75–80.

Berenbaum, S. A., & Beltz, A. M. (2011). Sexual differentiation of human behavior: effects of prenatal and pubertal organizational hormones. Frontiers in neuroendocrinology, 32(2), 183–200.

Bailey, N. W., & Zuk, M. (2009). Same-sex sexual behavior and evolution. Trends in Ecology & Evolution, 24(8), 439–446.

Camperio Ciani, A. S., Fontanesi, L., Iemmola, F., Giannella, E., Ferron, C., & Lombardi, L. (2012). Factors associated with higher fecundity in female maternal relatives of homosexual men. The journal of sexual medicine, 9(11), 2878–2887.

Zietsch, B. P., Morley, K. I., Shekar, S. N., Verweij, K. J., Keller, M. C., Macgregor, S., … & Martin, N. G. (2008). Genetic factors predisposing to homosexuality may increase mating success in heterosexuals. Evolution and Human Behavior, 29(6), 424–433..

Comentario de autor perdido nº #2

Sé lo que son gtipo y ftipo pero me quedo igual. Pienso que la doctrina de género se basa en negar lo que expone @migulios.

Hola. En realidad, yo creo que no. Ambas doctrinas son en muchos sentidos compatibles y, en los últimos años, se hacen muchos esfuerzos por llegar a puntos de acuerdo, tanto desde las posiciones feministas como desde las evolucionistas (Liesen 2007; Campbell 2013; Fisher 2013; Buss & Schmidt 2011; Gowaty 2012; Vandermassen 2005). Esto no debería ser especialmente difícil, superadas reticencias y complicaciones iniciales (por ejemplo, admitir que una base biológica de algo no implica determinismo: Vandermassen 2005) dado que la doctrina de género más que interesada en explicar la realidad busca cambiarla y, en general, su interpretación de la realidad actual no busca meramente describirla (y, por tanto, no debería tener problema en adoptar otras explicaciones de lo observado si su fundamento empírico resulta ser más acertado). Por otro lado la teoría evolutiva no tiene fines políticos, en principio, y solo le interesa explicar los fenómenos (y, por tanto, sí puede ser una buena base para intentar ver qué hay que cambiar).

Liesen, L. T. (2007). Women, behavior, and evolution: Understanding the debate between feminist evolutionists and evolutionary psychologists. Politics and the Life Sciences, 26(1), 51–70.

Campbell, A. (2013). A mind of her own: The evolutionary psychology of women. OUP Oxford.

Fisher, M., Garcia, J. R., & Chang, R. S. (Eds.). (2013). Evolution’s Empress: Darwinian Perspectives on the Nature of Women. Oxford University Press.

Buss, D. M., & Schmitt, D. P. (2011). Evolutionary psychology and feminism. Sex Roles, 64(9–10), 768–787.

Gowaty, P. (2012). Feminism and evolutionary biology: boundaries, intersections and frontiers. Springer Science & Business Media.

Vandermassen, G. (2005). Who’s afraid of Charles Darwin?: debating feminism and evolutionary theory. Rowman & Littlefield Publishers.

Hannagan, R. J. (2008). Gendered political behavior: A Darwinian feminist approach. Sex Roles, 59(7–8), 465–475.

Comentario de autor perdido nº #3

interesante pero ¿no crees que los hechos biológicos y las normas sociales están en ordenes lógicos diferentes?

vg. ¿las normas laborales sobre conciliación han de partir de las diferencias biológicas en las conductas de crianza entre sexos?

Desde luego que hechos biológicos y normas sociales están en diferentes dimensiones. De hecho, esa idea está en la base del texto (lo puedes leer en el párrafo que rodea a la frase en negrita “Las normas son un acuerdo, no han de respaldarse por lo natural”). El asunto es que, para conseguir que las normas que consideramos que son justas se apliquen eficazmente creo que hay que considerar que las diferencias que hay entre hombres y mujeres tienen en parte un fundamento biológico. Comprender ese fundamento me parece imprescindible para tratar de ver como implementar esas normas, y que esas normas se cumplan, sin que sea todo un absoluto despropósito de gente frustrada, violentadas o agredida.

Por tanto, y siendo más específica, creo que el asunto que tú planteas es que las conductas de crianza, las que fueren, no podemos tratar de imponerlas simplemente por decreto habiendo una diferencia biológica de base. Podemos tratar de educar para minimizar esas diferencias en lo posible, si queremos, pero sabiendo que esas diferencias son biológicas. O bien legislar de un modo en que de algún modo esas diferencias se compensen, si es lo que consideramos justo.

Comentario de Ana @mmetafetan, nº #4

Hola. Acabo de leer tu artículo, que me ha parecido muy interesante, y me asalta una duda. Yo soy de las que cree que muchas diferencias son culturales pero es cierto que la biología determina ciertos temas. La cuestión es que la antropología dice que el ser humano es el único animal que no tiene impreso en su código genético ciertos comportamientos de mínima subsistencia, porque los aprende y los comparte con su comunidad, consiguiendo así aclimatarse a situaciones adversas.

Entonces me ha dado por pensar si no podemos cambiar ciertos aspectos ligados a nuestra biología en cierto modo, es decir, si no estamos tan determinados.

Bueno, todos los estudios que se hacen en la especie humana, tanto comparando parecidos comportamentales entre gemelos mono y dizigóticos como estudiando familias en que se producen adopciones (individuos que comparten genes y ambiente en que crecen en diferentes grados) indican que la correlación en los comportamientos desarrollados depende, más o menos, en un 50% de los genes (Burt 2009; Rhee & Waldman 2012, Ebstein et al 2010; Bouchard & Loehlin 2001). Esta relación varía mucho en los diferentes comportamientos, y se puede decir que los parecidos encontrados debidos a la genética son en torno al 60% si nos referimos a mostrarnos prosociales con desconocidos o son del 20% si nos referimos a confiar una inversión a un tercero. Pero esto, además de indicarnos que una proporción no desdeñable de nuestro comportamiento tiene un componente genético, también nos indica que más o menos la mitad de la otra razón por la que nos comportamos de un modo determinado se debe a factores relacionados con nuestro entorno. Es decir, que no hay que pensar que nuestro comportamiento está completamente determinado por nuestra biología, ni lo contrario. Hay una proporción que está ligada a nuestros genes y una proporción que no, y sobre la segunda se puede trabajar, claro. Con educación pero, sobre todo, actuando sobre la relación de la persona en desarrollo con sus pares (sorprendentemente de la parte no genética que explica la similitud es el entorno no compartido por los sujetos, es decir, sus experiencias personales durante el desarrollo, lo que más lo influye).

Burt SA 2009 Are there meaningful etiological differences within antisocial behavior? Results of a meta-analysis. Clin Psychol Rev. 2009 Mar; 29(2):163–78.

Rhee, S. H., & Waldman, I. D. (2002). Genetic and environmental influences on antisocial behavior: a meta-analysis of twin and adoption studies. Psychological bulletin, 128(3), 490.

Ebstein, R. P., Israel, S., Chew, S. H., Zhong, S., & Knafo, A. (2010). Genetics of human social behavior. Neuron, 65(6), 831–844.

Bouchard Jr, T. J., & Loehlin, J. C. (2001). Genes, evolution, and personality. Behavior genetics, 31(3), 243–273.

Comentario de Jose Antonio Neto, nº #5

Hola Marta. Me parece muy interesante el artículo que has escrito (y no te han publicado)

Cuando estudiaba en la facultad de políticas nos preguntabamos en alguna que otra asignatura donde empieza el componente cultural y donde empieza el biológico. Y sobre todo en que medida puede uno condicionar al otro.

En otras palabras. ¿Dependen nuestras construcciones polítio-sociales de realidades biológicas, o somos capaces de trascenderla? ¿Es un fenómeno como la guerra una sublimación de institntos biológicos o es una creación puramente artificial? ¿Es posible generar estructuras políticas al margen de realidades biológicas? ¿Es posible que el fracaso de determinadas ideologías, vease el marxismo-leninismo, se deba a la negación de dcihas realidades?

todo ello plantea ciertos apriorismo muy interesantes. Y son preguntas con poca o ninguna respuesta, al menos desde una base científica. Por eso leer artículos como el tuyo me resultan tan interesantes.

Hola. Tengo muchas ganas de comentarte algunas cosas al respecto de las construcciones político-ideológicas y la biología. Y también un aspecto, completamente personal, de por qué fracasaron las ideas marxistas. Si tienes interés hay un libro de divulgación que yo diría que es muy interesante, la tabula rasa de Pinker, en el que estas cosas se abordan de un modo muy abierto, creo yo, y original. En particular hay un capítulo entero dedicado a la guerra como extensión fuera de la persona de aspectos biológicos que me resultó muy muy interesante en su momento (yo no soy especialista en eso y, por eso, te sugiero que le eches un ojo porque creo que, por lo que me comentas, me parece que te va a encantar).

Respecto a la ideología hay un fenómeno muy inquietante y sorprendente, y es la existencia de factores genéticos en la ideología de las personas. Es decir, que hay una tendencia a que los gemelos monocigóticos se parezcan más que los dizigóticos en estas cuestiones (Kandler 2012; Smith 2012; Bell 2009). Ambos tipos de gemelos comparten en buena medida un ambiente y su educación, pero los monozigóticos son genéticamente idénticos. En principio esto indica (aunque algunas cuestiones técnicas pueden afectar a la cuantía exacta, en relación con el útero materno compartido o la tendencia a tratar de modo más homogéneo a gemelos monozigóticos) que hay algo en nuestra biología que nos hace inclinarnos por unas u otras ideas políticas (en parte). Algunos autores sugieren (Hibbing 2014) que lo que se hereda son aspectos más básicos, como más tendencia a ser desconfiado o positivo, y que eso en cierta manera te lleva a unas convicciones políticas u otras.

Respecto al fracaso de las ideologías marxistas, me parece que el problema reside en que la selección natural ha hecho que buena parte del éxito reproductivo de los hombres (masculino) resida en su capacidad de acumular u obtener recursos, pues esto, en cierta medida, resulta atractivo a las mujeres (algunos ejemplos en Hitsch et al. 2010, Dunn & Searle 2010, O’Connor et al 2014 y algún matiz al respecto en Koyama 2004 y Moore 2006). Una política contraria a la acumulación de recursos por parte de un sujeto impide que esto ocurra, claro, abriendo el margen a que si algún sujeto sí consigue acumular recursos, puede obtener más éxito reproductivo que el resto. Esto incita mucho, claro, a tratar de acumular recursos, lo que afecta al mantenimiento de un ideal de reparto completamente equitativo y justo. Esto es, claro, una opinión personal que en realidad no se hasta qué punto alguien ha testado o es testable, pero que a mí me suena coherente.

Kandler, C., Bleidorn, W., & Riemann, R. (2012). Left or right? Sources of political orientation: The roles of genetic factors, cultural transmission, assortative mating, and personality. Journal of personality and social psychology, 102(3), 633.

Hibbing, J. R., Smith, K. B., & Alford, J. R. (2014). Differences in negativity bias underlie variations in political ideology. Behavioral and Brain Sciences, 37(03), 297–307.

Bell, E., Schermer, J. A., & Vernon, P. A. (2009). The origins of political attitudes and behaviours: An analysis using twins. Canadian Journal of Political Science, 42(04), 855–879.

Smith, K., Alford, J. R., Hatemi, P. K., Eaves, L. J., Funk, C., & Hibbing, J. R. (2012). Biology, ideology, and epistemology: How do we know political attitudes are inherited and why should we care?. American Journal of Political Science, 56(1), 17–33.

Dunn, M. J., & Searle, R. (2010). Effect of manipulated prestige‐car ownership on both sex attractiveness ratings. British Journal of Psychology, 101(1), 69–80.

O’Connor, J. J., Fraccaro, P. J., Pisanski, K., Tigue, C. C., O’Donnell, T. J., & Feinberg, D. R. (2014). Social dialect and men’s voice pitch influence women’s mate preferences. Evolution and Human Behavior, 35(5), 368–375.

Koyama, N. F., McGain, A., & Hill, R. A. (2004). Self-reported mate preferences and “feminist” attitudes regarding marital relations. Evolution and Human Behavior, 25(5), 327–335.

Moore, F. R., Cassidy, C., Smith, M. J. L., & Perrett, D. I. (2006). The effects of female control of resources on sex-differentiated mate preferences. Evolution and Human Behavior, 27(3), 193–205.

Hitsch, G. J., Hortaçsu, A., & Ariely, D. (2010). What makes you click? — Mate preferences in online dating. Quantitative marketing and Economics, 8(4), 393–427.

Comentario de Reyes Zambrano, @MReyesZam ,nº #6

si fuese la biología los comportamientos en las distintas culturas, no deberían ser más parecidos?

Las culturas son muy parecidas en una determinada dimensión (los mecanismos reproductivos, el mantenimiento de los infantiles, las maneras obtener estatus, de alimentarnos, etc) y, según nos acercamos a aspectos concretos, empiezan a ser más diferentes. La biología no está reñida en ese sentido. Es decir, pensemos en algún animal silvestre (los gorriones, el oso pardo, la rana toro….). En realidad, los comportamientos de los animales, que en realidad están determinados de una manera muy importante por su biología, son muy diversos. En un plano cercano, claro. En un plano más lejano, pues se parecen mucho (son muy parecidos en los mecanismos reproductivos, el mantenimiento de los infantiles, las maneras obtener el estatus, de alimentarse, etc). Es decir, el peso de la biología no implica una reducción en la variabilidad en los aspectos concretos, los que son menos diferentes son los aspectos más generales dentro de una especie.

Esto se puede observar analizando los determinantes biológicos a nivel individual que nos da índice tanto de la determinación biológica como de la variabilidad. Por un lado, la presencia de alelos que nos determinan a comportarnos de un modo determinado (p ej: Soliman 2010; Tost 2010; Wallum 2008), que no todos portamos. Por otro lado, los efectos genéticos sobre el comportamiento, que suelen explicar el 50% de la variabilidad observada (Zietsch 2012; Rhee 2002; Ebstein 2010). Y, finalmente, los efectos de las hormonas sobre el comportamiento, que tienen diferentes niveles en diferentes personas (Hines 2003; Kosfeld 2005; Ebstein 2012; Eisenegger 2010; van Honk 2012).

Por otro lado hay una serie de rasgos que aparecen en todas las culturas y que se denominan universales culturales (se han hecho diversos intentos de recopilarlos, y es un aspecto sobre el que se debate mucho, pero hay una buena recopilación de ellos en el libro de D. E. Brown titulado Human universals). La razón de ser de estas similitudes, claro, puede ser una convergencia evolutiva, pero desde mi punto es más plausible que se el hecho de compartir una biología común (por supuesto, hay debate al respecto: Brown 2004; Levy 2004). Además hay otra serie de rasgos en las culturas humanas que, sin ser universales, son muy generales, es decir, están presentes en numerosas culturas, pero no en todas. Dos son las razones que se atribuyen a esto: la difusión de invenciones culturales útiles o la aparición en diversos lugares de las idénticas invenciones a causa de que los humanos frecuentemente compartimos necesidades y sufrimos situaciones similares. En cualquier caso, entiéndase unas causes u otras, su existencia nos permite ver que las culturas no son tan diferentes.

En cualquier caso para ver si algo tiene una base biológica es fundamental analizarlo en cuantas más culturas mejor, evitando caer en el europeocentrismo. Es ese sentido, hay trabajos muy interesantes demostrando que comportamientos absolutamente frecuentes en una población muy concreta son difícilmente extrapolables a toda la especie (Henrich 2010).

Brown, D. E. (2004). Human universals, human nature & human culture. Daedalus, 133(4), 47–54.

Levy, N. (2004). Evolutionary psychology, human universals, and the standard social science model. Biology and Philosophy, 19(3), 459–472.

Henrich, J., Heine, S. J., & Norenzayan, A. (2010). The weirdest people in the world?. Behavioral and brain sciences, 33(2–3), 61–83.

Soliman, F., Glatt, C. E., Bath, K. G., Levita, L., Jones, R. M., Pattwell, S. S., … & Casey, B. J. (2010). A genetic variant BDNF polymorphism alters extinction learning in both mouse and human. Science, 327(5967), 863–866.

Tost, H., Kolachana, B., Hakimi, S., Lemaitre, H., Verchinski, B. A., Mattay, V. S., … & Meyer–Lindenberg, A. (2010). A common allele in the oxytocin receptor gene (OXTR) impacts prosocial temperament and human hypothalamic-limbic structure and function. Proceedings of the National Academy of Sciences, 107(31), 13936–13941.

Walum, H., Westberg, L., Henningsson, S., Neiderhiser, J. M., Reiss, D., Igl, W., … & Lichtenstein, P. (2008). Genetic variation in the vasopressin receptor 1a gene (AVPR1A) associates with pair-bonding behavior in humans. Proceedings of the National Academy of Sciences, 105(37), 14153–14156.

Zietsch, B. P., Verweij, K. J., & Burri, A. V. (2012). Heritability of preferences for multiple cues of mate quality in humans. Evolution, 66(6), 1762–1772.

Rhee, S. H., & Waldman, I. D. (2002). Genetic and environmental influences on antisocial behavior: a meta-analysis of twin and adoption studies. Psychological bulletin, 128(3), 490.

Ebstein, R. P., Israel, S., Chew, S. H., Zhong, S., & Knafo, A. (2010). Genetics of human social behavior. Neuron, 65(6), 831–844.

Kosfeld, M., Heinrichs, M., Zak, P. J., Fischbacher, U., & Fehr, E. (2005). Oxytocin increases trust in humans. Nature, 435(7042), 673–676.

Ebstein, R. P., Knafo, A., Mankuta, D., Chew, S. H., & San Lai, P. (2012). The contributions of oxytocin and vasopressin pathway genes to human behavior. Hormones and Behavior, 61(3), 359–379.

Eisenegger, C., Naef, M., Snozzi, R., Heinrichs, M., & Fehr, E. (2010). Prejudice and truth about the effect of testosterone on human bargaining behaviour. Nature, 463(7279), 356–359.

Van Honk, J., Montoya, E. R., Bos, P. A., van Vugt, M., & Terburg, D. (2012). New evidence on testosterone and cooperation. Nature, 485(7399), E4-E5.

Hines, M. (2003). Sex Steroids and Human Behavior: Prenatal Androgen Exposure and Sex‐Typical Play Behavior in Children. Annals of the New York Academy of Sciences, 1007(1), 272–282.

Comentarios de Cristina, nº #7

En respuesta a: Esto nos lleva a las diferencias que encontramos en nuestro día a día, desde los juguetes que preferimos de pequeños hasta los productos que consumimos de mayores. Desde la tendencia…

Para empezar, no se por qué haces intercambiables las palabras afirmar y justificar. Son cosas completamente diferentes y confundirlas es parte del problema (entender las causas de algo no es asumir que ha de ser así).

Respecto a cómo hacer estudios etológicos en el ser humano, nos topamos con una dificultad importante porque, como se intuye en tu comentario, es imposible por definición sacar al ser humano de su entorno cultural. Eso, sin embargo, no creo que exima del intento de tratar de entender las causas de los hechos que se observan, y no simplemente atribuírselos a la cultura (o a la biología) sistemáticamente. Antes de afirmar una cosa, o la otra, hay que contrastarlo.

La primera y mejor herramienta para tratar de ver si hay diferencias biológicas en el comportamiento entre sexos es observar animales en los que no hay mucho fenómeno cultural y ver cómo actúan. Cuando uno observa que un cierto patrón se observa en muchas especies es razonable, a mi entender, pensar que las causas únicamente biológicas que hacen que ellos se comporten de un modo determinado sigan estando presentes en nuestra especie (porque el fenómeno cultural en que vivimos aún no ha modificado sustancialmente nuestro genoma).

Otra herramienta con la que contamos son los estudios transculturales. Si el mismo fenómeno aparece en muchas culturas, es más lógico atribuirlo a un fenómeno compartido de base que no a una convergencia entre culturas.

Finalmente un tercer aspecto son los estudios de genética del comportamiento, tanto en sus dimensiones más clásicas (comparación del comportamiento entre gemelos monozigóticos y dizigóticos, estudios de adopción en que los individuos comparten o no genes o ambiente) hasta los más modernos (estudios genéticos que vinculan la presencia de un polimorfismo a un determinado modo de comportarse).

Total, que viendo que la agresión física es transculturalmente mucho más frecuente entre hombres, por ejemplo (Archer 2004), es razonable asumir que quizá haya un componente biológico en el asunto. O viendo que las hembras de la mayoría de las otras especies gastan muchas más energías que los machos en el cuidado maternal (Andersson 1994), es razonable que nosotros compartamos las mismas causas. O si las gemelas monozigóticas tienden a tener más preferencias por unos determinados rasgos masculinos que las dizigóticas (Zietsch et al 2012; Verweij et al 2012; Zietsch et al 2015), es esperable pensar que hay una razón genética para ello.

Andersson, M. (1994). Sexual selection in relation to mating system and parental roles. Sexual selection. Princeton University Press, Princeton, NJ, 143–183.

Archer, J. (2004). Sex differences in aggression in real-world settings: a meta-analytic review. Review of general Psychology, 8(4), 291.

Zietsch, B. P., Verweij, K. J., & Burri, A. V. (2012). Heritability of preferences for multiple cues of mate quality in humans. Evolution, 66(6), 1762–1772.

Zietsch, B. P., Lee, A. J., Sherlock, J. M., & Jern, P. (2015). Variation in Women’s Preferences Regarding Male Facial Masculinity Is Better Explained by Genetic Differences Than by Previously Identified Context-Dependent Effects. Psychological Science, 0956797615591770.

Verweij, K. J., Burri, A. V., & Zietsch, B. P. (2012). Evidence for genetic variation in human mate preferences for sexually dimorphic physical traits.

En respuesta a: Sin embargo, con todos mis respetos, afirmar que estoy excusando las atrocidades que el ser humano comete porque mantengo que nuestro comportamiento está en parte biológicamente determinado demuestra un importante grado de ceguera biológica e histórica

Hombre, sugerir que el bullying, el manspreading y el techo de cristal “está en parte biológicamente determinado” no sé cómo podría ayudar a cambiar las cosas, si luego expones el clásico caso de David Reimer, como dando a entender que sin medidas empíricas puede ser catastrófico exigir un comportamiento consciente de uso de espacio en el metro/autobús. ¿O quizás es la respuesta clásica de que las gónadas masculinas necesitan estar refrigeradas? Creo que el comportamiento humano es un objeto muy interesante de estudio, pero no creo que el feminismo gane con un análisis sesgado desde esa perspectiva. Porque me resisto a creer posible un análisis del feminismo sin ningún tipo de sesgo objetivo/subjetivo.

Por supuesto esto es solo opinión, pero no estoy en absoluto de acuerdo contigo y creo que el feminismo ganaría mucho con estos análisis que, por supuesto, puedes considerar sesgados si lo deseas. La perspectiva es exactamente la misma que se aplica para estudiar y comprender el comportamiento de cualquier otra especie y, en sentido amplio, la que se usa para entender cualquier cosa: aportar pruebas que los demás puedan refutar, explicando exactamente cómo se ha medido y de dónde salen los resultados obtenidos. Ese es el único modo que conozco de obtener una evaluación razonablemente objetiva del mundo sobre la que propiciar el cambio. Creo que es más objetiva que no evaluar los principios sobre los que queremos propulsar un mundo más justo de ningún modo.

Por otro lado, afortunadamente, son muchas las mujeres que trabajan en evolución y en estudios de género que ven un gran potencial en aunar ambos campos. Por si fuese de tu interés, te dejo una serie de referencias al respecto, por si te animas a interesarte:

Liesen, L. T. (2007). Women, behavior, and evolution: Understanding the debate between feminist evolutionists and evolutionary psychologists. Politics and the Life Sciences, 26(1), 51–70.

Campbell, A. (2013). A mind of her own: The evolutionary psychology of women. OUP Oxford.

Fisher, M., Garcia, J. R., & Chang, R. S. (Eds.). (2013). Evolution’s Empress: Darwinian Perspectives on the Nature of Women. Oxford University Press.

Buss, D. M., & Schmitt, D. P. (2011). Evolutionary psychology and feminism. Sex Roles, 64(9–10), 768–787.

Gowaty, P. (2012). Feminism and evolutionary biology: boundaries, intersections and frontiers. Springer Science & Business Media.

Vandermassen, G. (2005). Who’s afraid of Charles Darwin?: debating feminism and evolutionary theory. Rowman & Littlefield Publishers.

Hannagan, R. J. (2008). Gendered political behavior: A Darwinian feminist approach. Sex Roles, 59(7–8), 465–475.

En respuesta a: Porque nuestros mecanismos dirigidos a elegir pareja y reproducirse son consecuencia de nuestra biología (o, al menos, seguro que la biología tiene bastante que decir al respecto, o …

La homosexualidad existe en decenas de especies animales, además de en la nuestra (Bailey & Zuk 2009). En todas estas especies la razón para desarrollar comportamientos homosexuales ha de ser esencialmente biológica (en muchas de ellas no hay siquiera relaciones entre padres e hijos como para postular una cultura que explique el fenómeno). Y en ellas las explicaciones van en dos sentidos: o bien es un error de apreciación al elegir pareja, o bien el comportamiento homosexual confiere, de algún modo, una ventaja reproductiva al individuo que lo posee o sus parientes (al final, como digo en el texto, lo que hace que un rasgo con base genética se mantenga o desaparezca en una estirpe es que confiera más éxito reproductivo, por la vía que sea). En la especie humana se ha descrito un cierto efecto de la biología sobre la homosexualidad, tanto desde un punto de vista hormonal (Berenbaum & Beltz 2011) como por la existencia de ciertos factores genéticos (Langstrom et al 2010; Kendler et al 2000; Kirk et al 2000). Hay, lógicamente, mucha controversia acerca de estos aspectos y, sobre todo, del sentido biológico de que existan factores genéticos ligados a la homosexualidad. Sin embargo diversos trabajos muestran que los factores biológicos vinculados a la homosexualidad se relacionan con mayor éxito reproductivo tanto en mujeres (Campeiro-Ciani et al 2012) como en hombres no homosexuales (Zietsch et al 2008) que comparten estos genes.

Sea como sea, si hay una propensión genética a desarrollar comportamientos homosexuales y esos confieren algún beneficio a dejar descendencia, se mantendrán en la estirpe (o incluso aumentarán). Es importante considerar que los beneficios pueden o no estar relacionados con la homosexualidad; por ejemplo supongamos que los factores genéticos relacionados con la homosexualidad en hombres en mujeres se relacionan con un mayor periodo de lactancia. Los genes serían más frecuentes en la población, por relacionarse con incrementar las capacidades de alimentar bebés y, colateralmente, provocarían cierta tendencia a la homosexualidad en hombres (esto, claro, es solamente un ejemplo, completamente inventado)

K.S. Kendler, L.M. Thornton, S.E. Gilman, R.C. Kessler 2000 Sexual orientation in a US national sample of twin and nontwin sibling pairs. American Journal of Psychiatry, 157 (2000), pp. 1843–1846

K.M. Kirk, J.M. Bailey, M.P. Dunne, N.G. Martin. Measurement models for sexual orientation in a community twin sample. Behavior Genetics, 30 (2000), pp. 345–356.

Långström, N., Rahman, Q., Carlström, E., & Lichtenstein, P. (2010). Genetic and environmental effects on same-sex sexual behavior: A population study of twins in Sweden. Archives of sexual behavior, 39(1), 75–80.

Berenbaum, S. A., & Beltz, A. M. (2011). Sexual differentiation of human behavior: effects of prenatal and pubertal organizational hormones. Frontiers in neuroendocrinology, 32(2), 183–200.

Bailey, N. W., & Zuk, M. (2009). Same-sex sexual behavior and evolution. Trends in Ecology & Evolution, 24(8), 439–446.

Camperio Ciani, A. S., Fontanesi, L., Iemmola, F., Giannella, E., Ferron, C., & Lombardi, L. (2012). Factors associated with higher fecundity in female maternal relatives of homosexual men. The journal of sexual medicine, 9(11), 2878–2887.

Zietsch, B. P., Morley, K. I., Shekar, S. N., Verweij, K. J., Keller, M. C., Macgregor, S., … & Martin, N. G. (2008). Genetic factors predisposing to homosexuality may increase mating success in heterosexuals. Evolution and Human Behavior, 29(6), 424–433..

En respuesta a: … y, a mi parecer, dañina

Los mecanismos de competencia entre mujeres normalmente involucran dos cuestiones (Stockley & Campbell 2013; Fisher and Cox 2010) la autopromoción (que no es muy dañina), la derogación de las competidoras (que ya sí parece dañina) y esta, en ocasiones, se acompaña del aislamiento social de la víctima de la agresión por parte de las aliadas (Beneson JF, 2013; Arnocky et al. 2012) además de la propagación de rumores (De Backer et al 2007). Estas son las herramientas descritas de competencia intrasexual en mujeres y, sinceramente, son, a mi parecer, muy dañinas (por supuesto a mi parecer indica una opinión).

Fisher, M., & Cox, A. (2010). Four strategies used during intrasexual competition for mates. Personal Relationships, 18(1), 20–38.

Arnocky, S., Sunderani, S., Miller, J. L., & Vaillancourt, T. (2012). Jealousy mediates the relationship between attractiveness comparison and females’ indirect aggression. Personal Relationships, 19(2), 290–303.

De Backer, C. J., Nelissen, M., & Fisher, M. L. (2007). Let’s talk about sex: A study on the recall of gossip about potential mates and sexual rivals. Sex roles, 56(11–12), 781–791.

Beneson JF The development of human female competition: allies and adversaries. Phil Trans R Soc B 28 October 2013: 20130079.

Stockley P. and Campbell A. Female competition and aggression: interdisciplinary perspectives. Phil Trans R Soc B 28 October 2013: 20130073.


Me explico bastante mal

Conversaciones que nunca tuve

Marta Iglesias

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