“Me quiero ir de Capital Federal..” — Capítulo 1: La decisión.

La vida es una constante toma de decisiones.

Trillada como suena, esa frase tiene muchísimo de verdad. Continuamente y hasta en los mas pequeños detalles de nuestra rutina nos encontramos tomando decisiones.

Algunas parecen mínimas y terminan teniendo una repercusión gigante, imposible de imaginar. Otras las enfrentamos con miedo para terminar dándonos cuenta de que casi nada es tan terrible como parece.

Hace poco estaba hablando con mi mamá y me dijo algo que me quedo sonando en la cabeza: “Mirá que has hecho cambios eh…”. Sí. Es verdad. Y si hay un par de cosas (de las pocas) de las que estoy orgulloso de mi forma de ser son mi decisión y mi falta de miedo al cambio. Creo que son dos herramientas fundamentales para el ritmo de vida en el que estamos inmersos hoy en día.

Tomar la decisión de irme (y hablo en primera persona porque en ese momento todavía no tenia a mi wing-woman estelar) no fue algo que pasó de un instante al otro. Casi todos los que vivimos (vivíamos) y “odiamos” la capital nos enfrentamos con pequeñas gotitas de agua que van llenando el vaso hasta rebalsarlo. Pero a pesar de tener un vaso lleno, sin la convicción o sin la voluntad necesaria para tomar la decisión, la mayoría de los vasos, pueden estar derramando agua por muchos años…

El tráfico, la inseguridad, la gente y su falta de preocupación por el prójimo, la locura constante, los ruidos, la falta de espacio, el costo de vida, el aire mismo… Las distintas razones pueden variar de persona a persona, pero casi siempre se encuadran en ese listado. Existe muy poca gente con la que haya hablado y no se haya quejado al menos de una de todas ellas.

Pero de la misma forma en que a algunos les molestan unas cosas y a otros no, el nivel de tolerancia y de “resistencia” de cada persona es distinto. A pesar de que en algunos casos se confunda eso con la pasividad y la asimilación adquirida con el paso del tiempo.

Algunos naturalizan como “normales” situaciones que les molestan sólo por comodidad, miedo o falta de determinación para intentar cambiarlas.

Es normal también caer en la tentación de analizar todo lo malo de lo que queremos dejar y todo lo bueno de lo que queremos alcanzar. Pero es en ese mismo instante que no debemos olvidarnos del costo de oportunidad (todo aquello que descartamos al momento de tomar una decisión).

A pesar de mi “odio” hacia Capital, siempre dije y mantengo: “Es una ciudad espectacular para vivir de los 14 a los veintilargos…”. Porque nunca duerme, porque se puede disfrutar de infinitas propuestas de entretenimiento fundamentales en ese rango de edad, porque siempre hay algo para hacer, si uno así lo quisiera.

El momento en el cual tomé la decisión de irme, contemplé todo eso. Y es fundamental hacerlo y no dejarse llevar por un impulso momentáneo o un mal día de trabajo.

Ser una persona decidida dista mucho de ser una persona espontánea. Es necesario ser decidido para ser espontáneo, pero no toda decisión debe ser espontánea.

Este juego de palabras que parece un trabalenguas es la clave para entender como debemos actuar ante la toma de decisiones. Por supuesto que se puede ser espontáneo y tomar decisiones impulsivas que lleguen a buen puerto, pero posiblemente sea en la menor cantidad de ocasiones.

Lo que no debe pasar es encontrarnos ante una situación en la que descubrimos algo que nos molesta, que nos hace mal, que nos incomoda o que nos lastima de alguna forma y no actuar de ninguna forma. En criollo, no nos tenemos que quedar en el molde si ese molde no se acomoda para nosotros.

Así de simple como parece, debería ser el inicio de la decisión. Lejos de ser espontánea, hay muchas cosas para contemplar y para analizar (por algo este es el capítulo 1). Pero si vos estas dentro del grupo de gente que esta cansada de seguir soportando Capital, no tengas miedo. Se puede salir. Hay un montón de espacio en este hermoso país que tenemos. Ni te cuento en el resto del mundo.

2 semanas después de esta nueva decisión y este nuevo cambio, ya les puedo confirmar que no se van a arrepentir.

Espero seguir ayudándolos, en el próximo capítulo.