El sentido de las palabras

¿Nunca se han preguntado de dónde provienen los sentidos que le asignamos a las palabras? ¿Nunca se han preguntado porqué la palabra ‘libro’ significa, según la RAE «conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante, que encuadernadas, forman un volumen»? Si lo piensan bien, en la palabra ‘libro’ no hay nada que nos indique que es un conjunto de hojas encuadernadas. Entonces, ¿cómo es que todos los hispanohablantes relacionamos esas sucesión de letras con ese objeto?

De esto es de lo que nos habla Stuart Hall en Representation: Cultural Representations and signifying Practices de 1977. En este trabajo nos explica que «la relación en estos sistemas de rpresentaciòn entre el signo, el concepto y el objeto al que se pueden referir es enteramente arbitraria» (Hall, 1977, p.7) y, por lo tanto, histórica. Stuart Hall nos explica que «el sentido es construido por el sistema de representación» (Hall, 1977, p.7). En concreto, nos dice que lo realizamos a través de dos sistemas de representación, las representaciones mentales, «mediante las que organizamos, agrupamos y clasificamos conceptos» (Hall, 1997, p. 4) y el lenguaje, que nos permite relacionar ciertas palabras con determinados conceptos. Ahora bien, no debemos olvidar que el mapa conceptual no solo cambia de un individuo a otro, sino que también cambia en función de la cultura. Por ejemplo, en este vídeo en el que vemos como dos chicos muestran mediante una canción las diferencias que existen en un mismo idioma en función de la cultura, demostrando así la arbitrariedad de los significantes además de las diferencias que marca la cultura en los mapas conceptuales. Podría decirse que esto ocurre porque los significantes que conforman un idioma se adaptan a las necesidades de las personas que forman parte de esa cultura. Por ejemplo, los españoles no somos capaces de diferenciar muchos tonos de blanco y además, un tono de blanco u otro no tienen un sentido especial para nosotros a parte de diferenciar los colores. Mientras que los inuits (pueblos que habitan las regiones Árticas) pueden llegar a diferenciar aproximadamente 30 tonos de blanco diferentes. Esto ocurre porque en el lugar donde viven y en su cultura es necesaria esta distinción para la supervivencia, por ejemplo, para saber dónde es seguro pisar y dónde no.

Como vemos, estos procesos se realizan de forma muy automática y natural ya que se interiorizan desde que somos pequeños. Por esta razón no solemos preguntarnos porqué a una manzana se le asigna el significante ‘manzana’ y no cualquier otro. Sin embargo, no debemos olvidarnos de estos procesos que se realizan de forma tan interna porque gracias a ellos nos podemos comunicar con el mundo.

Bibliografía

Hall, S. (1997). El trabajo de la representación. Recuperado de: http://metamentaldoc.com/14_El_trabajo_de_la_representacion_Stuart_Hall.pdf

«¿Sabías que los esquimales pueden distinguir hasta 30 tonos de blanco?» (2017) El blog del pintor. Recuperado de: https://www.elblogdelpintor.com/es/curiosidades/curiosidades/sabias-que-los-esquimales-pueden-distinguir-hasta-30-tonos-de-blanco/

Mediaciones culturales en las artes

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    Alba Garrido Sánchez
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