Plan B

Alguna vez me abandonare al plan B.

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Si te fijas, mi bio aquí en Medium dice: Soy programador, pero si me lo preguntas, sería carpintero.

Esa frase, fruto del inconsciente que a veces escupe cosas divertidas, resume y explica muchas cosas de mi vida; mucho más si pones una lupa sobre mi vida en los últimos 3 o 4 años.

Desde que me acuerdo, el sueño del pibe era armar un taller para aprender y hacer cosas. Tener tiempo, espacio y todas las herramientas necesarias para pasar horas y horas haciendo cosas con las manos. A los 14 años un profesor de la secundaria me inicio en la programación y eso lo cambió todo de manera más o menos radical. Finalmente tenía a mi alcance un divertido taller lleno de herramientas para pasar horas y horas aprendiendo y haciendo cosas. Y en eso se convirtió mi vida de ahí en adelante.

Lentamente fui dejando de soldar plaquetas, pelar cables, construir cosas en la #VidaReal y arreglando lo que haya que arreglar; para ir atrofiando mi capacidad de crear a fuerza de bits y cosas que se consumen desde internet.


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De esos jóvenes 14 años a hoy pasaron 21 años de agua bajo el puente, de innumerables proyectos legales e ilegales, empresas, emprendimientos, empleadores, sociedades, relaciones, impuestos pagados y evadidos y, sobre todo, una gran gran cantidad de líneas de código, en no menos de 10 lenguajes diferentes, surfeando ya ni se cuantas state-of-the-art aburridas olas.

Pero mi cuerpo pide a gritos movimiento, mi estructura muscular ya no resiste 8 horas de silla y solo movimientos cortos de teclado. Mi cerebro ya no soporta un día más de este sopor. De este aburrimiento de mover dedos para construir cosas que tienden a no importarle a nadie. Y en ese nadie, me incluyo, claro.

Mi cerebro no detecta (o no asume) lo que mi cuerpo intenta gritar. Algo así lo que hoy puedo describir con síntomas de algún tipo de depresión.


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Mi remordimiento por erogar demasiado dinero mensual comprando tranquilidad mental teniendo una medicina pre-paga me lleva, a veces, a hacer recorridas por centros médicos a las que yo bauticé hace varios años como #LasGiras. Tuve varias en estos últimos 10 años; logré mi sueño de tener más del 50% del cuerpo escaneado por RMI, un lujo.

Pero, por diversos motivos, la mas angustiante fue justamente esta última.

¿El síntoma? Duermo mas de 8 horas y no descanso. No. Descanso. 
Siento que cada mañana es una nueva oportunidad para llegar a la conclusión de que algo malo me pasa. Salir de la cama es imposible. Siento un cansancio desmedido, haga o no actividad física. Siento que corrí una maratón de 42.1 kilómetros, cuando mi FitBit me indica que en las previas 24hs tan solo camine 2.700 pasos de los 10.000 que recomiendan. 
Mis músculos agarrotados hacen lo que pueden. 
Mi voluntad no todos los día puede. 
Mal humor, celular debajo de las sábanas. Intoxicación de timelines por horas.

Algo no anda bien.

#LaGira2017/2018 incluyó a un médico clínico, análisis de sangre, un cardiólogo, más análisis de sangre, electrocardiograma, ergometría bajo esfuerzo, un gastroenterólogo, análisis de sangre para descartar celiaquía, nutricionista, análisis de sangre para analizar vitaminas y minerales, un neurólogo, un neurólogo especialista en sueño, una polisomnografía, una cardióloga, una endocrinóloga, análisis de sangre, más análisis de sangre, otro más, un hematólogo.

Nada, todo normal. Un poco bajos los glóbulos blancos.

Típico, lo que mas cuesta arreglar: tu cabeza.

Basta.


4

Fast forward, corre el año 2018 y un desenlace poco feliz entre relaciones humanas y laborales pone sobre la mesa la pregunta que venía esquivando: ¿Qué carajo querés hacer de tu vida?

Todas las decisiones que tomaste en tu vida te llevaron a llegar hasta acá. Todas. Felicitaciones, llegaste lejos, viviste bien. Ahora tomate un tiempo, dedicate a pensar que queres hacer con lo mucho o poco que te queda de vida. 
Mientras tanto, arreglá el cuerpo. Y sobre todo, arreglate la cabeza.


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¿Cómo funciona lanzarse a lo desconocido desde lo conocido que resulta insoportable? Salir de la tristemente célebre #ZonaDeConfort (que nunca es tan confortable si estás en esa zona) y probar tu Plan B.

¿Cuándo si no ahora?

¿Cuándo si no no ahora que tenes el lugar, el tiempo, la plata y tus cuatro extremidades coordinadas?

Probá. Inténtalo. Fracasá. Tu nuevo Plan B, ese que hiciste toda tu vida, ese que se supone que sabes hacer mas o menos bien (o lograste engañar a unos cuantos) va a estar ahí siempre.

Tu plan A ahora es otra cosa, 100% en la vereda de enfrente.


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El Plan B es así.

Si te quejabas de estar 8 horas sentado, ahora vas a estar 8 horas parado. Aunque te duela.

Si estabas todo el día en tu casa, ahora vas a estar afuera.

Si te quejabas de mover solo los dedos y las pupilas; ahora moverás todo el cuerpo, todo el día. Aunque te duela.

Si te costaba socializar y generar empatía con otros seres humanos porque solo te comunicabas con gente que vivía a más de 10.000km de tu casa, en un idioma que casi ni dominaban y que, finalmente, no dejaban de ser avatares en el sistema de comunicación de turno. Ok, ahora vas a tener que hablar por teléfono, generar relaciones humanas con proveedores, pedir favores, ir y volver. Moverte hacia lugares. A veces lejos. A veces lejos y no conseguir lo que fuiste a buscar. Comprar, vender. Vender. Vender tus cosas.

Vendiste toda tu vida espejitos de colores virtuales?. Ok, ahora vas a vender cosas pesadas. Esa va a ser tu vida. Las vas a tener que cargar con tu espalda. En un flete. En un flete que vas a tener que contratar vos, hablando por teléfono, coordinando sin que la otra persona te envíe un Google Calendar. Y las vas a tener que cargar aunque pesen, porque ya no son tantos Kilobytes, son un conjunto de piezas que vas a armar vos. Una por una, tornillo a tornillo. En tu taller.

¿Querías esto? ¿Querías esto toda tu vida? ¿Desde que te acordas, tu sueño del pibe era armar un taller para aprender y hacer cosas?

Ok, armate uno.

Ahora tenes tiempo. Ahora tenes espacio. Ahora tenes todas las herramientas necesarias para pasar horas y horas haciendo cosas con las manos. Hacelo. Ahora.


– Pero mi cuerpo? Vivo cansado! No voy a durar ni dos días.

¿Tu cuerpo? Tu cuerpo esta bien.

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