Crónicas del viajero…

Vivencias entre vuelos y aeropuertos.

Viajar en nuestros tiempos se ha vuelto de lo más común. Ya no nos cuesta casi nada el tomar un avión, subirnos a un autobús o tren para trasladarnos de un sitio a otro en la menor brevedad.

Cuando viajas constantemente -y en muchas ocasiones solo-, tanto que casi se vuelve parte de tu rutina, te acostumbras a pasar por controles de seguridad, a guardar tus cosas en cierto sitio y cada vez se reducen los artículos que llevas en tu maleta de viaje.

En los últimos años me ha tocado viajar varias veces al año, hacer de tres transbordos para llegar a mi destino y bueno, el volar sola me ha hecho coincidir con personas que por una razón u otra, terminan siendo mis compañeros del trayecto.

Incluso, cuando los de seguridad te hacen abrir tu equipaje de mano para cerciorarse de que no llevas líquidos de más de 100mL o cosas similares, le cuentas tu vida entera en 5 minutos, mientras sonríes y te preguntan respecto a los regalos que han visto entre tus cosas. Alguna vez una chica me llegó a preguntar en broma si “traficaba con dulces”, y se interesó de saber que en España no venden dulces enchilados. Otra vez fue un “señorita, se trajo hasta los platos” y entró la típica historia del regalo para la madre, el gusto por los postres, etc…

En el último viaje que tuve -hace una semana- me encontré con personas interesantes que no dudaron ni un segundo en compartir más de un par de horas de su vida conmigo. Está el ingeniero que por trabajo viaja constantemente a supervisar las obras, y la señora que vuela con su hija a la ciudad donde viven, mexicanas de corazón pero francesas por documento.

Cuando te encuentras todo tipo de personajes que hacen tu espera más amena, no queda más que recordarlos con cariño y desearles un buen viaje en su próximo trayecto o despedirse con un ‘buena suerte’ acompañado de una sonrisa.

Son tantas personas con las que se coincide al viajar, que es interesante el compartir parte de tu vida con ellas y casi siempre el nombre sale sobrando. Es interesante ver cómo las circunstancias crean lazos en común con personas que quizás en otro momento o en otra vida jamás hubieras pensado en hablar.

Pasar tanto tiempo sentado al lado de un desconocido, puede permitir que deje de serlo y pasar un rato más ameno mientras compartes un poco de ti con ese otro viajero. Es sin duda, una experiencia enriquecedora y reconfortante, hasta llegar a casa.

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