Mi voto por la paz

Estaba mi sobrina de 4 años jugando con otras niñas, cuando de repente llegó donde estábamos los grandes conversando para decir, entre sollozos, que otra le había arrebatado el juguete que estaban compartiendo.

Guerra…

Al momento de haberse calmado y aburrido de oír conversaciones de adulto, se devolvió a su cuarto y siguieron jugando como si nada.

Paz… en menos de cinco minutos.

Interesante algo que tan naturalmente logran los chicos, no lo podemos hacer entre adultos y mucho menos entre naciones. Pareciera que aprendemos cosas de camino a la adultez, que nos impide simplemente volver y seguir como si nada.

Uno podría pensar que el caso del juguete arrebatado no tiene nada que ver en magnitud con un conflicto como el de Israel y Palestina, pero si se ponen a pensar, ese juguete a ojos de una niña de 4 años pudiera tener el mismo valor que el territorio que se disputan desde hace siglos allá en el Medio Oriente. Yo no creo que sea uno mayor que el otro, tomando en cuenta la perspectiva de cada caso.

El punto es que mi sobrina puede hacer algo que ni Hamás ni Israel han podido, y es olvidar. Seguir adelante. Me parece que la diferencia radica en que los niños no tienen noción precisa del tiempo, es decir, para ellos “ayer” y “mañana” se confunden con el presente. En resolución de conflictos eso es una ventaja porque, así de un plumazo, erradican el historial de pleitos y se centran en lo que pasó “hoy”. Otra ventaja es que al no haber pasado, el futuro se llena de promesas que no están condicionadas a lo que pasó antes. Esto es una idea poderosa si se detienen a pensar, sino recuerden la última vez que tuvieron una discusión de pareja donde sacaron trapos sucios viejos. El pasado nos jode la vida y es un arma para jodérsela a los demás también.

El otro aspecto, es que mi sobrina sabe que seguirá viendo a esos otros niños. Hermanos, primos, amigos, etc. seguirán ahí después y otro día van a venir a jugar con ella. Y ella quiere que eso pase, porque aún con peleas incluidas jugar con otros es lo que naturalmente ocurre. Naturaleza humana. Queremos ser parte de un grupo y compartir, nadie quiere vivir solo apartado del resto. En el caso de las guerras, creo que a la gente se le olvida que todos somos ciudadanos del mundo, esto de inventarse límites imaginarios entre países obedece a una –muy cuestionable- razón práctica y política. La raza humana es la única que se divide en territorios y horror de horrores, nos pasamos peleando porque unos se cruzan de un lado al otro de una línea que no existe.

El tema de los paradigmas. A mi sobrina no le interesa si los otros niños son de otro color, de hecho pienso que si hubiera gente celeste y anaranjada sería lo mejor que le puede pasar. Igual con las religiones, a esa edad el adoctrinamiento es escaso y el daño no ha sido hecho todavía. Tampoco le interesa si los otros son feos o bonitos, ese concepto aplica para la comida pero no para la gente. En resumen, son mucho mejores que nosotros porque tienen menos prejuicios y filtros que nosotros los grandes.

¿Por qué entonces cambiamos tanto cuando crecemos? ¿Cómo es que el odio se transmite de generación en generación y parece no acabar nunca? Desgraciadamente no lo sé, pero es claro que sucede. Aún más, ni siquiera importa el por qué, lo que debería importar es cómo cambiar el sistema de violencia generando violencia por algo que sea positivo. No podría imaginar a dos enanos de cuatro años odiándose a muerte por el resto de sus vidas. Eso simplemente no sucede. Odiar no es una emoción que traemos implícita, es aprendida del entorno por lo tanto es manipulable.

Así entonces, sin tomar en cuenta el pasado, sin prejuicios de ninguna clase y sabiendo que mañana seguiremos juntos en este planeta, podría mejorar nuestros chances para un futuro promisorio. Me imagino un mundo sin fronteras donde las diferencias nos hagan mejores en vez de ocasionar conflictos. Todos tripulantes de una misma nave.

Me tocó la dicha de nacer en un país de paz y por eso repudio la guerra sin haber vivido una. Ambos bandos estarán equivocados para mí si tiran una sola bomba o disparan un solo tiro. Creo que es en lugares como mi país, que la semilla del cambio puede germinar, llevando ese mensaje a los demás países. Dando el ejemplo de cómo se pueden cambiar las balas por bytes, la ignorancia por información.

También creo que para que haya paz, tienen que morirse primero todos esos líderes recalcitrantes que dirigen los misiles a las escuelas y hospitales. Ya a esos no les tengo fe. Así pues, tomará su tiempo, pero con el tiempo hay esperanza. De mi lado pienso hacer mi parte pasando ese legado a mis hijas, discutiendo con ellas lo que pasa en el mundo y por qué pienso que está mal. Por qué creo firmemente que hay una mejor manera aunque estoy convencido que no va a ser en mi generación en la que podamos ver ese sueño realizado, sino –ojalá- en la de ellas. Ahí está mi fe.

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