La “maldad” humana

Hoy me encuentro inspirada, extasiadamente inspirada, porque acabo de ver un video que realmente refleja y cierra con un moño dorado muchas de mis reflexiones sociales de los últimos años. Muchos sabrán que como terapeuta alternativa he seguido los pasos de la terapeuta Teal Swan ya que usualmente me encuentro muy identificada con sus observaciones de los aspectos psíquicos y espirituales de este mundo, pero el video que publicó hoy aborda el entendimiento social de una forma que pocas personas actualmente en la humanidad tienen la capacidad de entender y muchos menos el coraje de asumir. El mismo van a poder encontrarlo al final de esta nota pero les advierto que está en inglés (si alguna vez lo encuentro con subtítulos editaré este artículo para que sea accesible para todos los lectores).
No voy a hacer una descripción minuciosa de lo que el video explica ya que mi intención al escribir estas palabras no tienen tanto que ver con repetir como loro un mensaje sino en compartir con ustedes mis reflexiones y sentires sobre los puntos que encuentro valiosos para así abrir el juego a que ustedes hagan lo mismo. Tampoco voy a escribir un artículo fácil de leer porque esta vez me voy a permitir expresar mis ideas sin el temor de ser mal interpretada ya que es probable que lo hagan de todos modos dado que voy a tocar un tema sensible.
Una de las grandes razones por las cuales encuentro a la ciencia en general muy perdida en esta época es por su evidente dificultad para integrar los distintos objetos de estudio en las que se especializa y pensar la realidad como un todo. Especialmente veo esta dificultad en tres áreas especificas que para mí se encuentran íntimamente relacionadas: la psicología, la sociología y la física.
Olvidémonos un momento de la concepción de los hombres como una burbujas aisladas de cuerpo, mente y alma (les recuerdo que yo llamo mente al aspecto racional del ser humano y alma al aspecto sensible, y ambos componen lo que hoy llamamos psiquis); en lugar de pensarnos como burbujas los invito a que nos pensemos como partículas de agua de un océano, donde si bien las partículas se encuentran entrelazadas, necesitan de una composición atómica específica para que el agua se manifieste como tal y no sólo como gases inconexos. Visualicen ese océano y traten de entender simultáneamente las propiedades de este sin perder de vista el hecho de que se compone de partículas:
- El océano tiene una superficie y una profundidad.
- Si arrojásemos una gota de colorante soluble tal vez no notaríamos una diferencia en su color (o falta de este), pero si arrojásemos más del 50% de su volumen en colorante indudablemente se notaría.
Somos partículas como individuos, pero somos un océano social y en donde esta fluidez se vuelve más evidente es en nuestra psiquis; ¿por qué? Porque si bien somos cúmulos de energía e información que se manifiesta en materia y eso no nos diferencia ni siquiera de una mesa o un perro, esa manifestación material posee ciertas características diversas que nos permite englobarnos en distintos conjuntos, siendo la principal la capacidad de expresión: no se expresa de la misma manera un objeto, una planta, un animal y un ser humano; la composición material de un cuerpo posee una información que trae aparejada una forma de expresión, esa forma de expresión en los seres humanos tiene sus bases fundamentales en la psiquis. La información y la psiquis son sinónimos a nivel humano, y esta psiquis posee un aspecto colectivo, de ahí la posibilidad de compartir el lenguaje. Por todo esto es en la psiquis en donde es más fácil reconocer el océano más allá de la manifiesta separación de nuestros cuerpos. Reconocemos los sentires del otro a partir de la propia experiencia de los mismos, reconocemos la lógica a partir de nuestro entendimiento de la misma, nos reconocemos porque somos potencialmente todo lo que la humanidad es y nótese que dije TODO ya que como individuos somos fractales de la humanidad misma.
Ahora es cuando el tema se pone complicado. Continuando con la metáfora imaginen que existen ciertos conceptos falsos (ideas erroneas) que van entintando nuestras aguas hasta llegar a cantidades críticas, lo cual produce que parte de esa creencia condense en un objetos que es expulsado a la superficie mostrándonos esta tinta acuosa ya no sólo como una extensión inconsciente de lo que somos sino como un agente que intentamos considerar externo; esa condensaciones son todas aquellas personas que amenazan nuestra norma social y son descubiertos. Mientras que los conceptos y creencias acertadas sobre quienes somos no generan tintura ya que reflejan nuestra esencia tal cual es.
Ahora voy a tener que hacer un paréntesis a la metáfora para introducir una aclaración que muchos podrán acusar de pecar de ingenua. El concepto de maldad es la principal tinta con la que se tiñe esta humanidad, no existe nada que nos haga lavarnos más las manos de nuestra responsabilidad en la construcción individual y social que el concepto de maldad, tanto en asumir maldad en el otro como en creer que no somos merecedores de ser amados por quienes somos, (que es creer que hay algo “mal” en la esencia de quienes somos).
Dado que no hemos llegado a ser conscientes del carácter colectivo de nuestra psiquis, en nuestra ignorancia hemos dejado un espacio abierto que funciona perfecto para meter tinta a nuestro océano, y lo hacemos todos… todos contribuimos a esta creencia que fundamenta aún más la percepción de separación tanto psiquica como material que poseemos los seres humanos.
Nos separamos usando el concepto de maldad porque nos resulta cómodo, porque no queremos reconocer que somos iguales al mejor y el peor de nosotros que haya existido y que pueda existir en la historia de la humanidad. Usamos el concepto de maldad para separarnos de los que consideramos peores y la idolatría para separarnos de los que creemos mejores para no tener que asumir la responsabilidad y madurez que conlleva apropiarnos de las elecciones de nuestra vida más allá de las circunstancias que nos tocaron o las limitantes expectativas que la ignorancia colectiva pone sobre nuestras vidas. Y si bien es cierto que la maldad es la principal creencia que nos separa, no es la única, todos los sentimientos destructivos o autodestructivos que poseemos tienen origen en una creencia falsa sobre nosotros y sobre el mundo, pero una advertencia, pretender estar bien todo el tiempo no significa tener menos creencias falsas encima, porque sentir y aparentar son dos cosas distintas.
Ahora podrán venir algunos escépticos a plantearme si no es un poco ingenuo asumir que en esencia el ser humano es bondadoso y extraordinario y que esta teoría no explica por qué existen los crímenes, los psicópatas y las desigualdades sociales. La respuesta a esa pregunta es que un hechicero lo hizo (perdón, no me pude contener, quien vea Los Simpsons va a entender el chiste), la respuesta a esa pregunta es la humillación. La humillación es uno de los sentimientos más opuestos al sentimiento de ser amados, si bien existen personas que pueden sentirse excitadas con la humillación eso no significa que se sientan amadas. Paralelamente es uno de los sentimientos más desempoderantes que existe en los seres humanos, a veces las personas humillan para intentar llevar al otro a un estado de vulnerabilidad porque están desesperados por una conexión real pero esto no funciona porque no es una vulnerabilidad voluntaria, otras veces usan la humillación para perpetuar en los demás la sensación de vergüenza respecto a aquellas cosas que otras personas antes de ellos les enseñaron que ameritaba dicho sentimiento. La humillación es un sistema de control más efectivo que los medios de comunicación y mucho mas directo, es por eso que la mayoría de los crímenes que los seres humanos realizan es para evitar humillación.
Cuando una persona se abre vulnerablemente a otra y la respuesta que tiene del otro lado es de ridiculización, rechazo o incomprensión, inevitablemente el sentimiento de humillación aparece traumatizándonos y consecuentemente intentando disociarnos de cualquier posibilidad de vulnerabilidad en el futuro; entonces dar solidaridad, paciencia, respeto, empatía etc. se convierte en el enemigo ya que nos pone en un lugar de vulnerabilidad que nos hace vaticinar una posible humillación; esto es especialmente cierto en personas que intentan hacer una construcción constante de poder y estatus social.
Los seres humanos vivimos en la búsqueda de ser incluidos, aceptados, respetados, validados, comprendidos y toda esa suma de acciones no es ni más ni menos que lo que es el amor, no tener todas esas cosas significa sentirnos expulsados junto al cúmulo de tinta que se condensa en la superficie, es por eso que incluso las actividades más criminales tienen de base evitar ser expulsados, evitar la humillación. Por ejemplo, aunque para quien lo mire de afuera ser un criminal puede ser la forma más fácil de quedar expulsado de la sociedad, si en el entorno inmediato de la persona no salir a robar es ser débil, la persona va a intentar evitar la humillación; si para una persona tener sensibilidad social más allá de sus intereses económicos individuales es ser estúpido, va a intentar evitar esa humillación; y si uno ha tenido experiencias de humillación en sus vivencias primarias tan importantes que lo han llevado a disociarse y desconocer por completo su aspecto vulnerable, es probable que esa persona sea una psicópata, pero no porque su naturaleza es distinta a la de cualquier ser humano sino porque sus procesos fueron distintos. No existe la maldad, existe el otro igual a mí, que puedo o no puedo entender en la medida en que me puedo o no me puedo entender en todos mis aspectos.
Respecto a si mi teoría es ingenua solo puedo decir que vivimos protegiéndonos de un mundo hostil en el que fallamos constante y consistentemente en dar soluciones a problemáticas básicas, sin mencionar que siempre en alguna parte del mundo hay alguna guerra, pero en definitiva no sabemos con comprobaciones fehacientes si la maldad es real o no y debido a esa carencia podemos deducir que tanto quien elije creer o no creer en la maldad está haciendo sólo eso: creer; entonces sólo queda preguntarnos ¿qué creencia puede ayudar más a construir un mundo mejor? ¿la que nos desempodera, otorgando a la naturaleza humana una propiedad que excede su voluntad y lo hace temerse a sí mismo? ¿o una naturaleza donde existe la posibilidad de entendernos y llevarnos más allá de nuestro área de confort?
Finalmente les quiero compartir que esta “teoría” es una de las cosas en las que más creo en mi vida, pero yo no soy un gurú ni pretendo serlo, simplemente soy una persona fascinada y obsesionada con entender la naturaleza humana, por lo tanto creer en esto no me deja exenta de tener las mismas dificultades para entenderme con los demás que cualquier otra persona en este mundo o sentirme amenazada por los otros; de hecho no hubiese podido escribir esto si no me hubiese reconocido en esos aspectos que describí arriba. Soy un trabajo en progreso como todos pero sueño con un mundo en el que realmente nos podamos pensar colectivamente y dejemos de barrer bajo la alfombra de nuestra sociedad a aquellos sobre los que nadie quiere hacerse cargo, a aquellos que escondemos en cárceles o psiquiátricos, a aquellos que consideramos casos perdidos; porque mientras lo sigamos haciendo, los perdidos seguiremos siendo todos.

