Las víctimas no quieren seguir siendo víctimas

Me sorprende mucho que hasta el día de hoy, cuando se habla de violación la mayoría de los hombres (y algunas mujeres, pero son las menos) se ponen sumamente incómodos, es posible que algunos se sientan así porque les indigna demasiado el tema o les da mucha rabia y no quieren que se note su impotencia al respecto; puede ser también porque la violación es uno de esos pocos tópicos que (sin importar lo respetuoso o liberal que sean) les recuerda el maldito estigma que indefectiblemente todo hombre debe cargar por el simple hecho de ser hombre; o tal vez es posible que se pongan incómodos porque ante ver a una mujer contando una historia de vulnerabilidad les provoque la necesidad de contener a alguien que tal vez no les está dando cabida y ese mismo hecho los contraríe mucho. Y todas estas posibilidades sólo aplican si ese hombre es una buena persona, también puede ser que se deba a que el relato lejos de dolerles les caliente o porque no validen a la víctima en su derecho de contar su historia sintiéndola innecesariamente sensacionalista.

De cualquier manera ese rechazo (que puede surgir de un buen o un mal lugar) genera un aislamiento horrible en quien está haciendo un esfuerzo gigante en expresar lo que le pasó. No es fácil sobrevivir a una violación y lleva mucho tiempo poder aceptarlo, porque las víctimas no quieren ser víctimas, no quieren tener un aspecto de ellas mismas que las mantenga el resto de sus vidas en un perpetuo estado de desempoderamiento y lastima, pero para poder superar el luto que esa experiencia les genera es necesario poder hablarlo hasta que la carga emocional de dolor o rabia se diluya y así poder sentirse simplemente como una mujer que tuvo una situación adversa pero que ha podido salir adelante, en lugar de una mujer que pasó un hecho atroz tan inmenso que la condiciona en todos los otros aspectos de su vida. Pero para llegar a sanar es necesario poder aceptarlo y eso se logra hablándolo porque expresar un hecho afuera y con otros es una extraordinaria forma de poder auto-observarnos sin excusas y poder ver realmente como nos sentimos al respecto.

Es normal que al principio hablar del tema sea difícil (y más difícil aún cuando la respuesta de rechazo de los otros nos deja en un lugar tan aislado) pero es un paso necesario para lograr desprenderse de toda la supuesta vergüenza que esta sociedad ha cargado al título de «víctima de violación». Víctimas de violación es algo que les pasó, no algo que son, y cuanto más pasa el tiempo reprimiendo el hecho y las emociones que han traído aparejadas, estas se vuelven como un globo que se va inflando más y más hasta invadir otros aspectos de nuestra vida y hacerse parte de nuestra identidad.

Como les dije anteriormente, las víctimas no quieren ser víctimas el resto de sus vidas, y es necesario empezar a aprender a seguir tratándolas como humanos cuando se atreven a contar su historia porque esa incomodidad de los demás que hace que se cierren, huyan o quieran cambiar rápidamente de tema nos hace sentir que éramos dignas de aceptación y de una voz hasta ese momento y que desde ese momento en adelante somos la vergüenza que nadie quiere ver.

Está bien sentirse triste por una persona violada, está bien sentirse enojado con la situación, está bien pregúntele si quiere un abrazo, está bien tratar de ayudarla para que salga adelante, incluso está bien decirle «che, estoy un poco incómodo y te lo explico porque puede que se note y no quiero que creas que es por vos, en realidad es por… (que no sé cómo contenerte y necesito que me digas que puedo hacer por vos, o por el motivo que fuere), gracias por ser valiente y contarme esto, gracias por confiar en mí»; lo que no está bien es cubrirla con un manto de indiferencia para evitar nuestra propia incomodidad, lo que no está bien es dejarla sola.

Como dije anteriormente LAS VÍCTIMAS NO QUIEREN SER VÍCTIMAS EL RESTO DE SUS VIDAS, pero para eso necesitan la ayuda de todos.

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