¿Por qué no nos creemos nuestro trabajo?

Es suerte y te lo dije, avisado quedas.

A lo largo de estos años he aprendido que preguntando a la gente que admiras, leyendo, haciendo mucho y pidiendo feedback aprendes de forma más rica.

El pasado 13 de mayo estuve en el UXSPAIN hablando sobre cómo la teoría llevada a la práctica me había hecho aprender cosas y, esas cosas, me han hecho la vida mucho más fácil a día de hoy.

A pesar de que el feedback fue muy positivo, sé que mi discurso no ha cuajado en aquellos que manejan ‘el mundo de las ideas’. Es curioso por qué genera rechazo contar las cosas que nos han salido bien. Nos interesamos más por el método, pero no nos gusta hablar de los resultados.

¿Cuántos proyectos se han ido al cajón? ¿Cuál es el índice de fracaso? ¿Por qué ha salido mal?

Es una cuestión de responsabilidad. Cuando pertenecemos a una gran estructura, si sale un pufo claramente nunca va a ser nuestra responsabilidad directa, por lo tanto ¿por qué no centrarnos en el trayecto y no en los hechos?

Como ejercicio os animo a que penséis cuánto costáis a vuestra empresa, qué impuestos pagan por vosotros, cuantifiquéis el valor que aportáis y qué uso hacéis del tiempo en vuestra jornada laboral.

El que paga sus impuestos como autónomo tiene una dimensión del dinero, de su tiempo y de valor distinta pero el que tiene su empresa y sabe identificar qué tiene que facturar para mantener la estructura en marcha, pagar impuestos, gastos, recursos y sacar beneficios tiene una dimensión muy distinta del dinero y del tiempo.

A día de hoy, después de pasar por los procesos de contratado, freelance y, ahora, empresario me doy cuenta que es una cuestión de responsabilidad. No te puedes permitir el lujo de irte a la cama tranquilo si no has aportado valor.

¿Cómo podemos aportar valor y qué significa aportar valor?
Muchas veces me pregunto si mucho de nuestro discurso carece de una reflexión enfocada a los resultados. En producto hacemos algo recurrentemente: una valoración postmortem.

Esto no es otra cosa que pararnos a preguntar si ha salido bien o no, algo que uno debería hacer constantemente cuando estás lanzando hipótesis para validar y obtener información para decidir. Es algo natural, no se juzga a una persona, se juzga el resultado.

¿Por qué no nos creemos nuestro trabajo?
Conozco a mucha gente brillante que se avergüenza de contar lo bien que le ha ido, pero conozco mucha más gente que hace correctamente las cosas y está orgullosa de evangelizar métodos, prácticas y palabros que al final del día no están pensados en resultados.

¿Por qué los americanos son unos cracks?
Es algo cultural. Lo de fuera mola más, es más rápido, más efectivo, ¡más guay! Pues no, aquí también hacemos las cosas muy bien y debemos ponerle nombre y cara. Nos da vergüenza reconocer que se hacen las cosas bien y es porque en realidad muchos de nosotros no nos queremos preguntar si ha salido bien o no, pero en cambio no nos cuesta darnos una palmada en la espalda una vez aplicado bien el método que es vanguardia.

Puede que sea el síndrome del impostor o que simplemente muchos se suben al barco porque ahora mismo el diseño está siendo abrazado por un mercado que demanda de forma loca. La realidad es que sí que hay profesionales que le brillan los ojos haciendo y viviendo en el mundo de las ideas y que además se preocupa en cómo se ejecutan las cosas y qué resultados hay detrás.

Son años trabajando con gente brillante, correcta y mediocre. Y con todo esto os propongo pensar qué valor estamos aportando. Ahora que nos sonríe la industria busquemos dónde más estamos aportado valor y neguémonos a trabajar en proyectos que sabemos van a ir al cajón. ¡Que el sesgo por coste no nos paralice!

Lo más bonito de esto, es que no es el trabajo de una persona si no de un equipo. Una empresa son personas y me sale una sonrisa cuando sé que hay empresas alineadas haciendo crema y, lo mejor, en España.

El lean, el agile, el scrum, un post-it no nos va a hacer facturar más, lo hará un equipo engrasado y alineado.

La charla de Nacho Gil pone de manifiesto que ahora la industria demanda otro tipo de profesional.

Siempre que compartimentemos el trabajo, la responsabilidad será del otro, y el otro dirá que es de otro y, al final, quien implemente esto será el culpable del pufo. ¡Los ingenieros son unos cabrones!

¡Ja! ¡No! No, la responsabilidad se diluye.

Vamos a preocuparnos desde el principio, seamos responsables y seamos el pegamento de las compañías de una vez por todas.

¡Gracias!

P.D. Tiburones de los negocios, quien sea capaz de sacar una factoría de squads se va a comer el mercado. Pocos, muy buenos y bien alineados. ¡Suerte!