La primera piedra

Por Axel W. Caballero — El disparo fue alarmante. Desperté de un largo sueño. Volví a la pesadilla en vida, rodeado de los rugidos del cañón. Afuera hay miedo en las calles, el bélico acento proveniente de tropas en cada esquina. El miedo regresa. ¿Me detendrán hoy? ¿Traeré mis documentos en forma? ¿Descubrirán lo que escribí ayer en secreto? ¿Sabrán con quién me reuní y porqué? La tierra retiembla de nuevo. De seguro un pobre idiota encontró el fuego cruzado de algún soldado embriagado de poder. Otro más, hoy parecen ser más que ayer pero menos que mañana.

Es mi turno. Tengo que presentarme a la audiencia general de la nación. Hoy le tocó a mi distrito. No se si esté listo. No se si tengo todo en forma. Es muy difícil demostrar que no he cometido ningún ilícito, pues si no lo he cometido no sé como demostrarlo. Tengo que revisar si hay un nuevo listado de crímenes aprobados. Ayer bebí cuatro copas de vino. Una más de la permitida. Creo no se darán cuenta. ¿Sabrán que en la reunión había gente de La Organización? Voy a fingir demencia e ignorancia. ¿Qué organización? ¿Qué ilegalidad? ¿Traficantes? ¿Terroristas? ¿Cuál revolución? ¿Cuál plan por la libertad? ¿Cuál lucha por derechos humanos y civiles? ¿Feminismo? ¿Igualdad de género? ¿Luchadores sociales? ¿Quiénes son? No se nada al respecto — se que todo eso es ilegal. Si a la cárcel a todos. No, no se donde están. No se ni quienes son. No, no era una fiesta. Se que las celebraciones necesitan permiso. Sólo era una reunión de creyentes. Sí comandante, primero la nación.

El miedo me corroe, me invade las venas como una lombriz que se desliza lentamente bajo mi piel. El primer retén es el peor. Es el que busca a los traficantes de libros prohibidos. Yo ya los quemé. Contaminan la mente con ideas de libertades e igualdades. ¿Quién quiere regresar a la era del desorden? Hoy vivimos con protección. Gracias al ejército. Gracias a las reglas. Gracias a la elección democrática de nuestros comandantes. No hay desorden. Hay paz. Hay calma. Hay valores. Eso es lo que dicen. Eso es lo que nos hacen pensar. Es una pesadilla. El primer retén es el peor. Es donde hay que desvestirse por completo y las tropas en turno revisan todo tu cuerpo, de pies a cabeza, por fuera y por dentro.

Los demás retenes son los fáciles. El retén biométrico. El retén de documentos y papeles. El retén de historial y enlaces sociales. El retén de ideologías y preferencias. He sido muy cuidadoso. He registrado todas mis visitas y he hecho mis rezos. He votado por los comandantes siempre. He comprado de las compañías militares. Eso es lo que voy a decir. Si supieran de La Organización. Si supieran de lo que ahí se habla. Si supieran que traficamos con alimentos y medicamentos prohibidos. Si supieran de lo que ahí escribe. Ideologías peligrosas, le llaman. Que ahí escondemos a los que catalogan como deshechos sociales, los diferentes, los moralmente corruptos. Los que encarcelan a diario para luego ser quemados en la hoguera de los supuestos traficantes, terroristas y corruptos. Si lo supieran, de seguro me llevarían al tribunal militar de la nación. Y terminaría igualmente en la hoguera, sin rastro alguno como la historia. La que borraron.

Y nunca sabrán cómo llegamos aquí. Nunca sabrán de aquella elección hace muchas décadas, donde la misma figura que abogaba por nuestros derechos, libertades e igualdades creaba a la vez el engendro que hoy vivimos. Nunca sabrán que los cambios a la constitución que hicieron, que nos iban a proteger, terminaron comiéndonos. Nunca sabrán de las campañas de odio y de la polarización. Nunca sabrán del golpe militar que llegó después del gobierno de aquella figura. Nunca sabrán de la alianza corporativa, moral y militar que le siguió. Nunca sabrán de cómo la república amorosa cambió sin dificultad alguna a ser la república de la seguridad, prosperidad y el orden. Y luego a ser la de los comandantes. Nunca sabrán de cómo lo perdimos todo. Nuestras libertades, nuestros derechos, nuestras familias, nuestros hogares, amigos y cualquier posibilidad de decir o hacer algo al respecto. Nunca lo sabrán. Pues ellos entonces vivían el sueño de un cambio. Y hoy vivimos la pesadilla de la realidad.

Si solo pudiera regresar a ese momento cuando ponían la primera piedra, les gritaría con lo más fuerte de mi esófago y con el puño aguerrido de mi pluma y la fuerza máxima de mis letras: ¡NO A LA GUARDIA NACIONAL MILITAR!