La montaña rusa

Por: Cristina Caballero — De pronto visualizamos la magnitud de la montaña rusa que nos espera con este nuevo régimen en México.

Nota de autor: Comienzo por vez primera con esta oportunidad de compartir diálogos independientes con el auditorio de Metáfora Política con la intención de mantener una visión objetiva y neutral de diferentes temas coyunturales. Agradezco al equipo y editorial de MP por esta oportunidad.


A poco más de un mes de tomar posesión la nueva administración surgen más interrogantes a medida que se van dando respuestas. ¿En qué lado de la historia nos encontramos? ¿Qué es ser demócrata y cuál es su necesidad? ¿Se puede limpiar el lastre de la corrupción, la violencia y la impunidad y ofrecer a un pueblo marginado espacios para aspirar a una vida más digna?

Al enfrentar tales cuestionamientos de pronto visualizamos la magnitud de la montaña rusa que nos espera con este nuevo régimen. Cambios radicales, sacudidas fuertes, movimientos bruscos, curvas peligrosas y atajos inesperados. Y a poco más de un mes el cuerpo resiente pero sobrevive. Y si a ese vaivén de movimientos le añadimos las emociones amplificadas de una población que busca credibilidad ante los compromisos y el cumplimiento de esas promesas. La montaña crece con crestas más grandes y caídas más abruptas.

Y así crece la impaciencia por acabar con la impunidad hacia los corruptos. Crece la expectativa por crear alianzas conciliatorias que permitan acuerdos estructurales, proyectos viables, y de una mejor democracia más sólida. Crece la demanda por una participación ciudadana incluyente y proactiva con espíritu libre progresista, social y demócrata que tenga marcada influencia en las decisiones públicas. Y como eje principal en lo más alto de la montaña crece la expectativa de una respuesta rápida y efectiva que cubra al más desprotegido y ofrecer oportunidades para la vida digna.

Y ahí en esas alturas cegados por las nubes volteamos hacia abajo y vemos lo tan estrepitoso que puede ser la caída. Y en el vértigo vemos conscientemente que éste gobierno no es la panacea para todos los males que nos aquejan. Males acumulados e incrementados exponencialmente durante muchos años, muchos sexenios. Vemos que cuando se cometen errores, estos errores se magnifican con lo creciente de la montaña rusa. Y la caída se ve más cerca y más violenta. Y las voces del momento informan, desinforman, debaten, discuten, alertan que el caos viene a la vuelta. Y justo en ese momento más cercano al precipicio, de repente vuelve la calma, la cordura, la paciencia y la razón.

Retorna la participación ética, responsable, inteligente y necesaria que desarrolla una crítica centrada con dominio de pensamiento y una apertura a escuchar, investigar, analizar y evaluar toda la información y comentarios que se diseminan a través de redes sociales. Vuelve la habilidad ciudadana de diferenciar lo que es real y verdadero para identificar los caminos torcidos que se encuentran en el trayecto y los sesgos manipuladores que crean una grave, y peligrosa confusión que entorpece el panorama. Y nos damos cuenta que todo es parte de ésta montaña rusa que es la democracia. Y la montaña rusa que será este gobierno. Y que esperamos que el trayecto suntuoso nos lleve a una calma prolongada.

El riesgo de que esta montaña rusa se descarrile no es menor. Pues el gobierno de López Obrador tiene una enorme e invaluable deuda con los ciudadanos que motivados por un hartazgo social no solo le dieron la presidencia sino que basado en las últimas encuestas también le entregan el beneficio de la duda y un poco de paciencia. Pero ésta no durará mucho y los resultados tendrán que darse.

Reinold Niebuhr reflexiona que “la capacidad del hombre para la justicia hace la democracia posible, pero la inclinación del hombre hacia la injusticia, hace la democracia necesaria.” Ahí encontraremos el punto clave de esta transición.