En uno de los miradores del Parque Metropolitano de la ciudad de Santiago de Chile

Mi vida sobre dos ruedas

Llevo ya un par de años andando en bici; en ocasiones, pienso en el hecho de no haber empezado antes con ello, siendo algo que me gusta mucho. Aunque creo que a estas alturas, poco aporta ese cuestionamiento. Lo cierto es que andar sobre dos ruedas es una experiencia única que todos deberían experimentar alguna vez.

Pero ninguna de mis experiencias habrían sido posibles sin mis fieles compañeras así que en este artículo me gustaría hablar un poco sobre las bicicletas que me han venido acompañando hasta el momento.

Mi primera bicicleta una Monark Black Jack R26

Mi primera bicicleta (hasta la fecha llevo tres) fue una Monark Black Jack R26, una “pesadita” que logré comprar de segunda mano a un amigo que la había estropeado tras un accidente. Esta bici la pude llevar a reparar, cambiar algunas partes y me eché a andar con ella.

A partir de ese momento, era complicado desplazarme sin ella. Sin duda alguna una vez que le agarras el gusto, la vida deja de ser la misma sin una.

Y sucede que además del ejercicio físico que supone el andar con una bicicleta, significa “libertad” en el sentido real de la palabra pues ya no estás encajonado como cuando vas en el transporte público, no tienes que lidiar con la congestión en las horas “peak”, puedes armar tus propias rutas, hacer un alto casi donde quieras y apreciar tu entorno.

Mi segunda bicicleta una Benotto Progression R26

Mi segunda bicicleta fue una Benotto Progression R26. Por razones de trabajo me tuve que desplazar a Ciudad de México y hasta ese momento, no había considerado la idea de llevarme la bicicleta de viaje. Pero con el pasar de las semanas me sentía como sin libertad, así que no lo pensé mucho y decidí comprarme esta bicicleta. Con ella tengo varios recuerdos sobre todo el hecho de que me permitió conocer a un grupo de ciclistas denominado La División del Sur o “La Divina”, como algunos le suelen llamar. Este grupo organiza rodadas todos los lunes y salen desde el Parque de la Pera en Alvaro Obregón. Conocer este grupo fue genial, nunca imaginé los organizados y buena onda que pueden ser estos grupos de ciclistas. Pasé muy buenos momentos con ellos. El otro recuerdo que tengo con esta bicicleta fue cuando se produjo el terremoto en México del 19 de setiembre del 2017. Después de estar a salvo de las réplicas, pude salir a ayudar junto con otros ciclistas a llevar herramientas y medicinas a los amigos de Xochimilco, una zona que fue duramente afectada por este terremoto.

Con esta bicicleta también aprendí que llevarla de viaje en una bolsa no es muy buena idea; la bolsa era práctica cuando la debía llevar en la calle, pero para el vuelo de retorno a Perú fue demasiado para ella. Aunque la bicicleta llegó completa, la bolsa se llevó la peor parte.

Mi tercera bicicleta una Trek 820 R26 18"

Ya para terminar, mi tercera bicicleta, una Trek 820 R26 18". Si lo notaron, esta vez le agregué el 18" al final del nombre; esto debido a que acá en Santiago de Chile, aprendí que los marcos también vienen marcados con su respectiva medida (un detalle que no me había fijado en México). Esta bicicleta me viene acompañando en mis viajes diarios al trabajo y también para poder subir al Parque Metropolitano de Santiago, un lugar frecuentado por ciclistas de la ciudad y cuya característica principal es su circuito de pistas para ciclistas que te lleva hacia las zonas más altas de este parque.

Sin duda alguna contar con una bicicleta es la mejor inversión que puedes hacer por cuestiones de salud, de dinero ahorrado y por el bien que le hace la disminución de gases al medio ambiente. Así que no lo pienses dos veces, ahorra y cómprate una; usada o nueva, lo importante es que salgas con ella.

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