Dejando Cavas Sueltos


En momentos en los que el espumante argentino escribe su propia historia en mercados internacionales, en la escena local se mezclan en góndolas y vinotecas algunas de las etiquetas del productor de burbujas más grande del mundo.


Valle de Uco y Gualtallary son en estos días moneda frecuente en cualquier charla enológica. Y es que esta región, al pie de la Cordillera de los Andes, está dando que hablar al mostrar en botella el potencial que tiene la fruta que allí se produce. Años atrás, esto no era aún tan difundido y sólo algunos visionarios apostaban por esta región.

Entre ellos se cuenta al grupo español Freixenet (@freixenet), quien en abril del 2010 puso un pie en pleno valle e inauguró allí su bodega número 19 en el mundo. Con una capacidad inicial de procesamiento de 300.000 kg de uva, una sala con 17 tanques de acero inoxidable y una cava con más de 50 barricas destinadas al añejamiento de vinos tranquilos, en el año 2013 la bodega haduplicado su capacidad de produccióny continúan con un plan de inversiones a corto plazo.

Este hito, que le permite al grupo consolidarse en Sudamérica, es parte de la historia que comenzó con la adquisición de 317 has. en la zona de Tupungato. Ubicadas a una altura 1.310 msnm, las mismas pasarían a transformarse en la “Finca Ferrer”, piedra fundacional del Proyecto Cono Sur.

Finca Ferrer en la zona de Tupungato

Pero la trayectoria del Grupo Freixenet en Argentina se remonta aproximadamente 20 años atrás, cuando comenzaron a importar sus famosos Cavas, introduciendo en el mercado nacional algunas de sus etiquetas más reconocidas en el mundo.

Para ese entonces, a nivel mundial, el Grupo Freixenet ya estaba consolidado. Su génesis radica en la unión de dos familias de tradición vitivinícola: los Ferrer y los Sala. Origen que se remonta a los primeros años del siglo XX, cuando sentaron las bases de Freixenet en Barcelona (España), y que en estos días está cumpliendo 100 años de vida.

En este siglo de historia, y de la mano de una política dinámica e innovadora, el Grupo ha logrado alcanzar el primer lugar entre todas las empresas dedicadas a la elaboración de vinos espumosos según el método tradicional (segunda fermentación en botella), exportando a más de 150 países. Este mérito es gracias a las diferentes bodegas que posee alrededor del mundo, todas ellas en reconocidas regiones vitivinícolas, así como también se lo debe a los proyectos de expansión que apuntan al desarrollo del vino en el Nuevo Mundo: Argentina, Australia, México, entre otros países.

Uno de los responsables de esta expansión en Argentina es el enólogo de la Finca FerrerJosé Antonio Montilla, Responsable de Producción y de la bodega antes mencionada. Con una larga formación académica en temas tales como Enología, Viticultura, Medio Ambientes y Seguridad Laboral, ha desarrollado tareas para el Grupo Freixenet en distintas partes del mundo.

José Antonio, ¿cuántos años llevas trabajando para el Grupo Freixenet? ¿En qué países y mercados has cubierto posiciones durante ese tiempo?

Para el Grupo Freixenet llevo trabajando 10 años, en España (SantSadurni y Rioja) y en Sudamérica (Argentina, Chile y Brasil), además de apoyo comercial en Suiza y en Perú, entre otros.

Antes de trabajar en el Grupo Freixenet trabajé varios años en EEUU, así como también, estuve trabajando en Nueva Zelanda, Austria y diversas zonas de España (Cariñena, La Mancha, Toro)

Podríamos decir que tu visión del mercado del vino espumante cubre gran parte del Viejo y Nuevo Mundo. A tu entender, y partiendo de ese conocimiento de primera mano, ¿qué diferencias encuentras entre ambos?

Mi visión sobre el mercado del vino y, dentro de éste, del espumante en particular, comenzó a formarse en el año 1995, tras cursar el MSCi de la OIV en Marketing, Gestión y Comercio Internacional, con varios compañeros de nacionalidad argentina, y después de viajar durante 18 meses por todo el mundo, incluyendo tanto países productores-consumidores como sólo consumidores (a veces pareciera que los productores no consumen), viendo, escuchando, probando y aprendiendo.

Desde entonces y con el paso de los años, creo que las diferencias entre ambos “mundos” vienen más del lado productor (denominaciones, controles, variedades, climas), pero no tanto desde el lado del consumo. En todas partes, ya sean países productores o no, hay un porcentaje de la población (mayor o menor dependiendo del país y de la aproximación al mundo del vino y en particular de los espumantes), con un alto conocimiento, lo cual repito, existe en todos los países, del “Viejo” o “Nuevo Mundo”; pero, lamentablemente o afortunadamente, según como se mire -y para mí, afortunadamente- para poder seguir desarrollando aquella labor que más me gusta y entusiasma como es elaborar vino y trabajar cerca del consumidor transmitiendo el mundo y la cultura del vino, hay un largo recorrido por hacer, ya que en ambos mundos todavía se ve al espumante como un producto estacional, de fiesta, de postre, a pesar del excelente trabajo que se ha estado haciendo y se sigue haciendo respecto de su comunicación.

Si bien se trata de vinos espumantes elaborados según método tradicional, por su composición varietal, los Cavas se diferencian en nariz y en boca de los Champagnes más clásicos. En el caso de Argentina, uno de los principales representantes del Nuevo Mundo del vino, siempre hemos mirado a Francia a la hora de educar nuestro paladar en cuanto a espumantes. En ese contexto, ¿cómo respondió el mercado nacional años atrás cuando Freixenet introdujo los primeros Cavas?

Si bien es cierto que el acercamiento por parte del público argentino al espumante fue más próximo a Francia, creo que es un hecho más a nivel productivo, con la llegada de un gran productor hace casi 60 años implantando de inicio las variedades francesas(Chardonnay y PinotNoir) y, afortunadamente como podemos ver nosotros todos los días en nuestra Finca Ferrer en Gualtallary, la expresión de las mismas con un desarrollo excepcional. No obstante, el perfil de dichas variedadesen Argentina no es, en la mayoría de los casos, tan afrancesado y, en particular en Gualtallary y el Valle de Uco, con notas, por ejemplo, más frutadas y florales.

Frente a dicha situación, el mercado nacional, siempre ha estado abierto a productos con distintos perfiles y como ha ocurrido en muchos otros países, la respuesta del consumidor frente a los cavas de Freixenet, tanto del consumidor más experimentado como el que menos, del prescriptor al sommelier, siempre es de sorpresa por su complejidad a la vez que sencillez, por su intensidad, por su frescura, además de tener una amplia gama de productos que pueden cubrir un gran abanico de consumidores y sobretodo por su relación calidad-precio frente a otros excelentes productos nacionales e importados.

La experiencia con los Cavas Freixenet y el conocimiento del mercado a partir de los espumantes que producen localmente (Freixenet X, Dubois y Vivace), les brinda datos suficientes como para poder elaborar un perfil del consumidor argentino, ¿qué características particulares encuentran en el mismo?

Yo no creo que se pueda, ni se deba, hablar de un perfil único de un consumidor de un país u otro. Creo que, afortunadamente, hay muchos perfiles distintos y de la mano, siempre de los prescriptores y sommeliers, podemos entre todos nunca cambiar, pero sí ampliar su conocimiento, sus expectativas, su interés.

Creo que el consumidor argentino ha estado durante muchos años sólo enfocado en el vino, ahora descubre los espumantes, de ahí el aumento de consumo en los últimos años y de entrada, por esos modismos que indicaba de la estacionalidad o el momento de consumo, todavía está por desarrollarse. Todavía me sorprendo cuando pienso que en Brasil o Perú (países que aunque producen todavía no se consideran “productores” o grandes consumidores) la primera pregunta que me hace el consumidor es si el producto que se presenta es Método Tradicional, mientras que en Argentina o Chile, la primera pregunta es si se trata deBrut o Demi.

Por eso creo que el perfil, hablando en términos generales, ya que hay grandes expertos y no se puede meter a todo el mundo en un mismo saco, es todavía de inicial, de probar, de productos frescos, con cierta carga de azúcar, aromáticos, que ha permitido también el desarrollo de espumantes con otras variedades (Moscatel, Torrontés, SauvignonBlanc, entre otras), pero con muchas ganas de aprender y que nos deja a las bodegas, prescriptores y sommeliers en una excelente posición y oportunidad educativa para que la gente pruebe cosas diferentes. Si en el vino el Malbec tiene la batalla ganada desde hace años, en el espumante todavía hay mucho por recorrer juntos los consumidores y las bodegas.

Como responsable de una de las primeras bodegas instaladas en Valle de Uco, has visto crecer la zona que hoy está en primera plana al momento de referirse al vino argentino. ¿Qué expectativas tienen respecto de la misma? ¿Están considerando planes de expansión en la zona?

Las expectativas que tenemos, junto a otros productores de reconocido prestigio con parcelas en la misma zona es demostrar que Gualtallary es una IG (Indicación Geográfica) con unas particularidades de suelo, clima, con unas condiciones que la hacen única y excepcional frente a otras zonas de Argentina y a la altura de los 4 o 5 “paraísos enológicos” únicos y exclusivos que existen en el mundo. Además, muchas bodegas hoy utilizan uvas de Gualtallary en el corte de sus vinos, pero somos muy pocas las que hacemos todo el proceso de la uva a la botella en la misma zona, con desplazamiento mínimo y así pudiendo preservar el 100% de sus características.

Si bien es cierto que tenemos planes de expansión, con nuevas plantaciones, nuevas variedades, capacidad de elaboración, a día de hoy, lamentablemente, estamos en una situación que no depende de nosotros, sino de las condiciones climáticas que se están dado por el llamado “cambio climático” (menos nevadas, aumento de la temperatura) que junto a la distribución y uso del agua que se ha hecho en la zona en los últimos años, hace que todos debamos realizar un mejor manejo de un bien único y escaso que nos permita mantener lo conseguido hasta ahora y poder ampliarlo y desarrollarlo.

Muchas gracias José Antonio por tu tiempo y respuestas, pero no queremos dejarte ir sin antes un buen consejo de maridaje: ¿con qué plato de la cocina local descorcharías alguno de los Cavas que ofrece Freixenet en nuestro país?

Si sólo me dejan elegir uno diría Cordón Negro con unas empanadas de entrante, un matambre de cerdo con verduras asadas y un flan con dulce de leche.

Si me dejan elegir varios invitaría al consumidor a experimentar un Cordón Rosado con las empanadas, un Cordón Negro con el matambre y un Carta Nevada Demi con el flan y sobretodo el dulce de leche. No obstante, yendo un poco más allá, invitaría a cruzar los 3 con cada plato y que cada consumidor encuentre su maridaje.

La oferta local de espumantes ha crecido notablemente y hay una enorme variedad para elegir: según informes del Observatorio Vitivinícola Argentino (@observatorioVA), entre 2005 y 2013 hubo un aumento en el consumo del 93%, pasando en el mismo lapso de tiempo, de 61 a 127 bodegas productoras y fraccionadoras. Y por lo visto, no sólo nacionales. Entonces, no esperemos a las fiestas de fin de año para darnos el gusto, y disfrutemos de las burbujas en cualquier momento del año, porque cualquier momento puede ser mejor si lo acompañamos con un espumante.

Por: Diego Migliaro — @dmigliaro

Originally published at elenologoargentino.com on December 22, 2014.